El fútbol haitiano, la familia y el sueño del Sapito

Daniel Quiroga, futbolista mendocino de 32 años, está llevando adelante su primera experiencia en el exterior y tras una dura adaptación está viviendo un gran presente en el fútbol de la primera división de Haití.

"Para ellos el fútbol es sagrado, se paraliza todo. En los entrenamientos hay dos mil personas. Cuando termina la práctica se meten todos a la cancha y no se mueven de tu lado", contó el Sapito, que milita en el
Football Inter Club Association (FICA).

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Sobre la Ligue Haïtienne (Liga haitiana) dijo: " Es una liga muy competitiva, el gobierno nacional pone plata en el equipo de la capital. Lo mismo pasa con el gobierno de la ciudad en la que estoy, apoya a los tres equipos que hay. Hace poco les dio un colectivo ploteado a cada uno".

"Casi todos los equipos que enfrenté buscan salir jugando, la mayoría se paran igual con extremos y los movimientos son casi los mismos. Se juega mucho pero son de tenerla y no jugar simple, siempre hacen una de más. Quedé muy sorprendido para bien con el nivel de los equipos. Por momentos te dejan espacios pero se corre muchísimo, físicamente son muy fuertes. A la hora del roce se dan con todo", contó del fútbol haitiano.

Y agregó: "El fútbol despeja a la gente de la realidad que están viviendo. Es muy marcada la diferencia de clase social, no hay clase media".

Quiroga está en Mendoza de vacaciones esperando a que le comuniquen cuándo se tiene que sumar a la pretemporada: "Tengo contrato hasta julio del 2020 y debo volver dentro de 15 días".

"Esto salió gracias a mi representante Gabriel Tiezzi", dijo el Sapito que se mostró muy agradecido a su agente. Al tiempo que, más allá de otras propuestas, contó que "económicamente me sigue sirviendo jugar afuera pese a las ofertas que hay en Argentina".

La difícil tarea de estar lejos de los afectos

Daniel Quiroga estuvo sólo en Haití y "la idea es que en algún momento pueda estar acompañado, creería que sí se va a dar".

"Estoy todo el día solo y cuando estoy con un compañero nos comunicamos a través del traductor", remarcó de lo difícil que se hace comunicarse.

"Con mi mujer (Yanina) nos hablamos todos los días por videollamada, ella ha sido un pilar en todo esto. Y con mis viejos también hablo seguido".

"Ella (su pareja) me contuvo todo el tiempo ya que era la única que sabía que no la estaba pasando bien porque no quería preocupar a mi vieja. Imaginate que hace como once años que estoy fuera de mi casa y no quería darle otra golpe".

Estar lejos de los afectos requiere de un esfuerzo mental para sostenerse en el objetivo de hacer una diferencia jugando en el exterior. Pero es ahí cuando aparecen los más cercanos para dar fuerzas.

"Cuando hablo con la familia, con mi novia y con mis amigos todos me dicen que tengo que seguir haciendo el esfuerzo, y es cierto porque tengo 32 años".

La familia: mamá, papá y los hermanos

Daniel Quirgoa es el mayor de once hermanos (Fernanda, Mayra, Franco Hernán, Yamila, Brenda, Camila, Yasmín, Milagros, Pablo y Benjamín). Su papá Miguel Alberto Quiroga y su mamá María del Carmen Palma hicieron el mayor esfuerzo de darles todo para que tanto al Sapito como a sus hermanos no les falte nada.

"Por suerte cuando debuté me pude dedicar al fútbol gracias a la ayuda de mis viejos", recordó al tiempo que agregó: "Mis viejos hicieron un gran sacrificio para que yo pudieron dedicarme al fútbol y eso lo tengo presente, por eso trato de retribuirles con poco o mucho lo que hicieron por mi".

El Sapito debutó con al camiseta de Luján en primera de la Liga Mendocina a los 16 años de la mano de Marcelo Vázquez, mientras que de la mano de Luis Blanco, dos años más tarde, debutó en el Argentino A.

"Trato de ayudarlos siempre, somos muchos hermanos de una familia muy unida", remarcó.

Cuando llegó de Haití, salvo su pareja, nadie sabía que venía de vacaciones y contó como le dio la sorpresa a su mamá: "Le caí de sorpresa a mis viejos. Entré en silencio por el portón de casa y cuando mi mamá me vio largó todo y salió corriendo a abrazarme y nos emocionamos mucho".

Pablo y Benjamín, los hermanos más chicos del Sapito, siguen sus pasos en el fútbol. Al respecto contó: "Se saben todo de todos los equipos, ven partidos desde la D hasta el fútbol internacional. Uno juega al futsal y el otro al fútbol once".

"Son mi debilidad hasta que tenga un hijo", dijo entre risas.

Su sueño

"Después de esta hermosa experiencia, solo quiero agradecerle a Dios por todo, por hacerme crecer como persona y pedirle que me siga permitiendo jugar un par de años más al fútbol".

"Ojalá tenga la posibilidad a través del deporte de ayudar ayudar a niños de escasos recursos y sacarlos de situaciones complicadas. Con Yanina (su mujer) soñamos con tener un comedor para niños. Pero estoy agradecido a Dios por todo".