Fuera de juego Domingo, 29 de julio de 2018

Centurión, sin cassette: "Me gustan las armas"

"Si me hubiese criado en yates, me gustarían los yates"; el futbolista dio detalles de su dura historia de vida.

Cada vez que habla, Ricardo Centurión genera atención por lo que dice y, claro está, por su historia de vida y las dificultades que debió atravesar. El futbolista estuvo en el rograma PH y habló de todo.

Frases más destacas:

-"Lo normal para mí era ver armas y drogas. Era lo que me pasaba por al lado".

-"Me gustan las armas. Si me hubiera criado en un yate, me gustarían los yates".

-"Nos crió prácticamente mi abuela. Hoy estoy muy feliz y orgulloso de mi familia".

-"Hoy ya no puedo volver al barrio, porque pasás a ser un signo de pesos para mucha gente. Me dolió y me sorprendió en su momento, pero ya está. Mucha envidia de gente que quizá no puede salir".

-"Cuando debuté en Primera, que me agarró todo junto, también agarré marihuana. Hoy en día te puede caer un antidóping sorpresa y si salta, para el futbolista es una mancha que no te sacás más".

-"Me quedé con ganas de ir al Mundial, pero sé que la situación se va a revertir. Soy joven todavía y si tengo nivel para estar, estaré".

- Sobre el mensaje en pleno partido ante Islandia: "Lo publiqué en ese momento y no medí las consecuencias".

-"A mi viejo lo perdí de muy chiquito, a los cinco años. Laburaba en una fábri-a ilegal de pirotecnia. No se sabe cómo explotó la fábrica. Eran siete chicos que trabajaban ahí y fallecieron todos".

-"Cuando empecé a jugar al fútbol, mi representante me alquiló un departamento. Saqué a mi familia de la villa, pero llevé a mis amigos al departamento. Así que era prácticamente lo mismo. Mi mamá trataba de separarme de las amistades, pero sin la voluntad de uno mismo es muy difícil. Hoy sólo me quedan dos o tres amigos, de 30 que tenía antes. Las cosas que me decían me entraban por un oído y me salían por el otro".

-"El policía me filmó con una cámara escondida en su chaleco antibala. Salí a bailar un domingo a la noche que tenía libre. Cuando volví, la Policía estaba parando, yo amagué a detenerme, pero seguí, crucé un semáforo en rojo y me siguieron como siete patrulleros. Reconozco que estuve mal, porque quise coimearlos. Lo que no me gusta es que, en este país, enseguida te señalan y todo toma mucha trascendencia. Me río de las barbaridades que dicen de mí, pero, ¿cómo le digo a mi abuela que no prenda la tele? Es imposible".

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