“Penal bien pateado es gol”, solía decirles Cortenova a sus muchachos cuando los entrenaba en ese arte no tan difícil de rematar desde las 12 pasos. Era una forma simple, paternal y sabia que reflejaba con exactitud la personalidad de ese hombre que llegó

Formador de personas

"Penal bien pateado es gol", solía decirles Cortenova a sus muchachoscuando los entrenaba en ese arte no tan difícil de rematar desde las 12 pasos. Era una forma

simple, paternal y sabia que reflejaba con exactitud la personalidad de ese hombre que llegó desde
Buenos Aires en 1947 y se instaló para siempre en la calle Mitre de San José, justo enfrente de lacancha de Atlético Argentino, club del que fue jugador, campeón, entrenador y formador de personas,y que en realidad terminó siendo como una ampliación de su hogar. Simple, paternal y sabio fue don Aroldo. Sencillo para vivir, generoso y comprensivo como un padre paraaconsejar a los chicos que preparaba y sabio para detectar y pulir talentos fue este señor a quienpor ser tan narigón cariñosamente lo hicieron famoso como El Ñato. Fue un fanático de las divisiones inferiores y un enemigo de laincorporación de estrellas. Por eso, bajo su influjo surgieron futbolistas que además de lucirse enArgentino trascendieron en otros clubes. Aun a riesgo de cometer omisiones en una rápida lista de los hallazgosde Aroldo Darío Cortenova, encontraríamos nombres como los del Quique Lucero, el Coli Cornejo, Pascual Curia, el Flaco Suárez,el Negro Zolorza, Andrés Molina y Carlitos Ereros. Son muchos más, claro está. Por todo esto, ni el fútbol de Mendoza en general ni el Club AtléticoArgentino en particular deben llorar a Cortenova. No, no. A don Aroldo no hay que llorarlo. Hay quehonrarlo.

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