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Con el manotazo a los fondos que por decreto le dio Alberto Fernández al distrito base del PRO para transferirlos a Axel Kicillof se evidencia en qué consiste su gestión.

La política redistributiva se basa en quitarle a unos para darle más a otros: "Hay que quitar la abundancia de algunos lados, pero distribuirlas donde hay carencias", explicó Fernández por si alguien no entendió. Lo secundó Wado De Pedro: "No se le quitaron fondos a la Ciudad, se recuperaron fondos que Macri transfirió de manera ilegítima". Justicia por mano propia ante la vista de todos.

Respecto del criterio económico, hasta ahora no ha habido ningún plan que apunte al crecimiento del país en la etapa pospandemia. Parece ser que el crecimiento de la torta no es lo prioritario, sino lo que importa es cómo se distribuyen las cargas con lo que hay.

Ese peligroso juego del toma y daca, se convierte en el promotor de enconos y resentimientos que, lejos de cerrar la grieta en uno de los momentos de mayor crisis del país, solo sirve para acentuar el malestar con la oposición y la incertidumbre generalizada.

Al revés de una política superadora que apunte a una salida de la decadencia, las decisiones discrecionales son un caldo de cultivo para la conflictividad que atenta contra cualquier expectativa favorable. Y detrás de eso viene el recurso fácil de culpar a los dirigentes opositores. No es que éstos estén a la altura de lo que se necesita, pero siempre la apertura al diálogo se auspicia desde los gobiernos.

El bajar la coparticipación de CABA de la peor manera, sin previo aviso en un acto televisado, y con el fin de sofocar la rebelión de la policía bonaerense no podía ser más inoportuno. Una muestra de que a la coalición gobernante no le importan demasiado las formas para lograr sus propósitos, al punto de que subestiman la pérdida de credibilidad que provocan a la par de las medidas.

Se justifican en que la Ciudad es el distrito más "opulento" y que la transferencia de fondos que hizo Mauricio Macri es ilegítima, como si el reparto de los recursos no ameritaran un tratamiento institucional, o si el demonizar -lo merezca o no- al expresidente fuera compensatorio para la sociedad.

Como un preludio del sismo que estaba por venir, ya Cristina había avisado con un tuit cuando criticó al Jefe de Gobierno Porteño: "Parece que no solamente Rodríguez Larreta dice una cosa pero hace otra; lo acompaña otro entusiasta militante del haz lo que dijo pero no lo que yo hago", señaló en referencia a Alfredo Cornejo por el funcionamiento virtual de la Legislatura de Mendoza que pretende reformar la Constitución provincial.

El tema del manejo de los recursos contiene diversos aspectos, porque mientras se afecta a la gestión del más prominente opositor, Rodríguez Larreta, se favorece a un aliado de Cristina, como Kicillof, quien gobierna el distrito donde está la mayor base electoral de la vicepresidenta.

Pero además, queda establecido que están dispuestos a lo que consideren necesario, sin importar consecuencias colaterales a las que evidentemente no dan importancia. Elevar a categoría nacional el reclamo de la bonaerense, por delicado que sea, es dejar sentado que el poder central está para el arbitrio de las necesidades que requieran sus socios políticos.

Un viejo zorro de la política

El conflicto de la bonaerense era un tema meramente regional, opinó Eduardo Duhalde, en la entrevista que mantuvimos en radio Nihuil, al tiempo que desactivó toda relación de esta revuelta con la referencia que había hecho hace unos días acerca de un posible golpe de Estado .

El experimentado político bonaerense asegura que estamos atravesando una crisis peor que la del 2001 y que los problemas requieren un pacto de unidad de todo el arco político. Europa se consolidó cuando se dio cuenta de que era necesario establecer políticas de Estado con puntos básicos custodiados por la principales fuerzas, pero acá hacemos lo contrario, según su opinión.

"A Raúl Alfonsín le hicimos la vida imposible cuando gobernó", admitió Duhalde a modo de ejemplo contrario a la unión nacional que se necesita para el país.

Las cartas están echadas

Por lo observado hasta ahora, no hay proyecto de crecimiento ni desarrollo. El impuesto a los ricos no mueve la aguja, los subsidios a los pobres son paliativos, y la reestructuración de la deuda, que es muy positiva porque evita el drenaje inminente de divisas, no implica per se una reactivación, sin el diseño de un plan económico.

Urgente se necesita definir cómo se pondrá en marcha la economía, los complejos productivos, las exportaciones. Habrá que observar qué estiman cumplir del presupuesto que mandarán al Congreso, cuál es la estrategia para las pymes, para los clusters innovadores, y para las inversiones. Falta conocer si proyectan reformas estructurales, qué planes hay para combatir la inflación, para estabilizar el mercado cambiario, y cuál será la política energética.

Las líneas del Procrear son virtuosas y los programas Ahora 12 y Ahora 18 son un incentivo al consumo, aunque es leve el impacto.

Hasta el momento, lo más significativo a la vista, ya sea por el criterio de las ayudas a las provincias, la asignación de fondos sectoriales o, sin ir más lejos, el decreto que le quita recursos a la Ciudad, la política apunta a sostener con lo que hay a los partidos del conurbano y a los distritos según prioridades partidarias.

Hijos y entenados

Mendoza, claramente, no está entre los beneficiados, al menos financieramente. El gobierno de Suarez, pacientemente, viene negociando por las asistencias que sí han recibido las provincias amigas en medio de la pandemia y sigue esperando concreciones en la refinanciación de la deuda con el Banco Nación. Siempre hay un papel o una firma más y el poncho no aparece.

Para acercar el cronograma de aguinaldos de los empleados de la Salud y de Seguridad, el gobierno local tuvo que emitir una Letra de 500 millones de pesos, ya que no tiene el privilegio que detenta el gobernador de Buenos Aires.

Los esfuerzos y exigencias deberían ser más parejos para todos, y los dividendos también. Si la modificación de la coparticipación por ley parece una quimera, al menos las formas de compensación deberían lograrse por criterios objetivos consensuados.

Pero claro, una política guiada por el favoritismo para sostener votos que otorgan el poder como recurso para fines particulares no se puede consensuar. Y la oposición, de voces múltiples pero dispersas, sigue distante de una coherencia discursiva y de acción que sirva de contrapeso.

La discrecionalidad por encima de lo institucional es un signo del país, como viene ocurriendo a través de los sucesivos gobiernos, para seguir tropezando con la misma piedra. Todos llegan con la esperanza del cambio, y luego la sepultan sin siquiera intentarlo.

"El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones" (Winston Churchill).