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Análisis y opinión

Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero

Una oferta de alianzas variopintas quedó sellada con vistas a las PASO. El sábado cierra la fecha para presentar a los candidatos

Uno de los deseos de Cambia Mendoza es que la incorporación de José Ramón al Frente de Todos le reste votos al principal grupo opositor. Como contrapartida, desde el sector liderado por Fernández Sagasti confían que el acuerdo del oficialismo con De Marchi quede agarrado con alfileres.

Las otras alternativas que han quedado conformadas saldrán a pugnar por ubicarse en un tercer puesto promisorio que, aunque cambiante, siempre tiene un espacio en el electorado mendocino.

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El oficialismo conservó la coalición con los principales partidos y sumó a otros como el pastor Bonarrico. Pero perdió hace rato una parte de los demócratas. El Frente de Todos mantuvo la columna vertebral de las agrupaciones kirchneristas y el peronismo. Pero algunos dirigentes peronistas tradicionales jugarán con Cambia Mendoza y en otros espacios.

La izquierda seguirá adelante con los sectores de siempre, y logró sumar a una parte que se mantenía afuera. No así al PC, cuyo sello no tiene nada que ver con el trotskismo y continuará con los kirchneristas.

Los libertarios van con Vamos Mendocinos (mendoexitas, demócratas históricos, lilitos y otros). Pero los liberales productivistas van a competir en las PASO dentro de Cambia Mendoza. La Coalición Cívica se partió entre opositores y oficialistas. Igual que el PI, que estuvo con Protectora y Bonarrico pero que ahora va con la agrupación que encabeza Anabel. Pero el referente intransigente Eduardo Martínez Guerra se alió con los cambistas.

Algunos van a probarse por las suyas: el dirigente cooperativista con proyección nacional, Carlos Iannizzotto, contará con el apoyo de base de parte de la dirigencia peronista y otros que buscan una opción no kirchnerista.

Protectora, que supo ser la fuerza emergente hace cuatro años, se sumó al tren del oficialismo nacional, pero con el repudio de Vadillo y de Romano que buscarán otros caminos.

En cuanto al massismo, no está y a la vez está en todos lados. En el oficialismo y en la oposición.

A dos meses de la elección, cuando faltan días para el cierre de listas, ya se sabe que las principales figuras políticas de la provincia saldrán a ponerle el cuerpo a la contienda. El gobernador plebiscitará su gobierno, y habrá confrontación directa con la gestión de Alberto Fernández.

Las PASO del 12 de setiembre serán, otra vez, una encuesta general que le servirá a la sociedad para revisar sus opciones con vistas al 14 de noviembre. Dependiendo de lo que salga de las urnas, es probable que ya en la instancia definitiva los terceros en discordia pierdan votos, atrapados en una previsible polarización entre los grandes frentes.

Entre radicales y kirchneristas se repartirán los tres cargos del Senado Nacional. De arranque el oficialismo provincial corre con ventaja. Los cinco lugares de diputados nacionales que se renuevan podrían ser compartidos con una tercera fuerza, pero a priori se los acapararían los partidos mayoritarios. Las bancas de la Legislatura y de los Concejos Deliberantes, que sirven para descomprimir las negociaciones internas, tendrían una distribución más generosa entre las demás agrupaciones.

Lo que se vota

La forma en que encaró la pandemia el gobierno de Alberto Fernández y, en contraposición, cómo la gestionó Rodolfo Suarez será parte de la discusión. Dos modelos opuestos.

La campaña de vacunación, los vacunados truchos, las restricciones, el sistema sanitario, la inversión, el impacto en la economía, la asistencia financiera a personas, gobiernos y empresas, la cantidad de muertos, las comparaciones, el rol del Estado, el rol opositor y conjeturas varias serán parte de la polémica.

La situación económica, la herencia recibida, el aumento de pobres y desempleados, estarán presentes en la contienda, como todo lo que encarnan Macri y Cristina, quienes serán empujados al centro del ring, más por lo que ahuyentan que por lo que atraen. Pero lo preponderante, como pasó en las últimas PASO que sellaron el cambio de gobierno, es la inflación.

La percepción de que cada vez el dinero alcanza menos hasta para lo básico o, por el contrario, la sensación de que el Gobierno pueda estar logrando atenuar los aumentos para revertir la situación económica, jugará un papel clave.

Sin embargo no es lo único. Además se conjugará una idea del modelo que se proyecta hacia adelante, donde los temas conflictivos de la región han logrado penetrar nuestras fronteras para entrar en la consideración pública.

Así como desde las filas gubernamentales están logrando poner contra las cuerdas a Macri (también a Patricia Bullrich y a otros de sus exministros) con el asunto del envío de material bélico a Bolivia para presuntamente apoyar el golpe y la represión, la situación de Cuba es una complicación para Alberto Fernández.

Cuba siempre ha tenido una significación fuerte para el pueblo argentino, lo que no ocurre con Nicaragua, ni siquiera con Colombia, por citar los últimos casos de convulsión, ya sea con un gobierno de izquierda o de derecha.

Lo que pasa en la isla tiene una connotación profunda para el mundo y para nuestro país. Por eso quedó tan mal parado Alberto Fernández cuando declaró que no conocía lo que estaba pasando en el país caribeño. Fue tan absurdo como el planteo del poderoso burócrata del régimen bolivariano, Diosdado Cabello, quien declaró que las manifestaciones de los cubanos obedecían a festejos de la Eurocopa.

Ya no está el Che para encabezar una nueva revolución que remueva las estructuras conservadoras en las que se ha convertido el régimen cubano, hoy encabezado por Miguel Díaz-Canel. Pero sí hay una parte del pueblo harta por las carencias y la falta de libertades y de derechos civiles. En Cuba quieren cambiar el viejo lema de "Patria o muerte. Venceremos" por "Patria y Vida".

El bloqueo norteamericano, que merece el repudio histórico de siempre, vuelve a convertirse en el escudo de Fernández para no pronunciarse claramente por la libertad de los detenidos y el cese de la violación de los derechos humanos. El Presidente sigue cediendo a la presión de miembros de la coalición que lo llevó a ser presidente.

En estas elecciones, mientras Juntos Juntos por el Cambio se juega su futuro entre ideales, vanidades, y ambiciones personales, el Frente de Todos dependerá mucho de los aciertos del Gobierno nacional o de las expectativas positivas que logre reeditar.

En tanto, para la población, mayoritariamente castigada, además de un derecho constitucional, toda elección sigue siendo un acto de esperanza.