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No hay mal que dure cien años, y con uno es demasiado

La experiencia inédita que nos toca vivenciar deja enseñanzas y desafios

Lentamente la palabra pandemia va siendo desplazada por vacuna como predominante en cualquier conversación o artículo periodístico. Es el tránsito del 2020 -un número redondo que resistirá al olvido-, hacia el nuevo año que llega con la esperanza de revertir, aunque sea progresivamente, el mayor azote a la humanidad que nos ha tocado atravesar.

Todo ha sido signado por la pandemia que por lógica no dejó afuera a nuestra provincia, globalizada como todas, y que los últimos años ha sabido atraer al turismo internacional. La Mendoza más atractiva, por sus paisajes, sus bodegas, sus productos de exportación y sus servicios tuvo que hacer un paréntesis para los visitantes extranjeros pero, cuando se pudo, se abrió al turismo interno.

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La posibilidad de apreciar nuestra tierra, para muchos mendocinos antes inexplorada, deja una experiencia valorable entre tantos males. Con las limitaciones para poder viajar es esperable que se sostenga en el tiempo la tendencia de conocer o redescubrir los encantos de nuestro territorio privilegiado por la naturaleza que el esfuerzo humano ha logrado aprovechar.

Y, como en toda situación extrema por calamitosa que sea, quedan enseñanzas que se busca capitalizar con proyección, ya sea en el orden de los valores sociales, o en el terreno práctico como es el teletrabajo, la educación virtual y toda aquella actividad que puede resolverse a través del uso de internet.

Con todas la limitaciones del caso, la educación ya no será igual a partir del aislamiento y la falta de clases presenciales del año que termina. Los obstáculos, y la falta de dispositivos y conexión de sectores importantes de la población deberán ser superados en el corto plazo para que la escuela no sea la que acentúe la brecha tecnológica. El uso de las nuevas herramientas ya no podrá quedar a un costado, por lo cual es imperativa la inversión necesaria para el desarrollo tecnológico educativo.

En otros campos vitales, como es el caso de la salud, queda como saldo positivo la mayor dedicación tendiente a fortalecer el sistema, tanto en insumos como en equipamiento. Aún así, deja como desafío mejorar las condiciones laborales y sostener la inversión en infraestructura para que la red de servicios públicos y privados dé respuesta no sólo a las demandas por COVID, sino a las demás necesidades sanitarias de la población.

Luces y sombras

El foco puesto en el sistema de salud por el gobierno de Rodolfo Suarez ante la emergencia mundial le ha tributado un reconocimiento general de la sociedad. Existe acuerdo en que el funcionamiento del sistema, más allá de ciertas falencias puntuales, ha estado a la altura de las circunstancias, en parte por la gestión gubernamental y, ante todo, por el desempeño de los profesionales y agentes de la salud que han trabajado en condiciones críticas, como lo manifiestan los terapistas.

Ahora se suma el desafío de los operativos de vacunación, para lo cual se cuenta con la experiencia de los especialistas, del personal y de los voluntarios que se han estado preparando para la inminente campaña masiva.

El aumento de la pobreza y de la desocupación, el cierre de negocios y empresas se cuenta entre las consecuencias de la pandemia. La cuarentena prolongada dispuesta como estrategia del gobierno de Alberto Fernández deja fuertes secuelas en el campo económico que se suman a los problemas estructurales que arrastra el país por años.

Los esfuerzos del gobierno de Mendoza por sostener un equilibrio entre la prevención y las actividades económicas son parte del reconocimiento que, según las encuestas, le otorga la mayoría de la población a Rodolfo Suarez, lo que lo mantiene en el podio de los gobernadores con mejor imagen.

Suarez no pudo avanzar con su propósito de desarrolar la minería, tiene el proyecto de Portezuelo empantanado, aún no ha conseguido encarar las obras anheladas con financiamiento de organismos internacionales, no logró avances con la ley de Educación ni la reforma de la Constitución, recibió mínima asistencia de la Nación, no ha logrado abrir las fronteras al turismo internacional, y termina el año acosado por la oposición que pide renuncias de las autoridades de Seguridad. Pero, a pesar de los tropiezos de su gobierno, buena parte de los costos se le atribuye a sus rivales políticos. En tanto, impera un reconocimento a la buena predisposición que muestra el Gobernador que contrasta con el estilo de las autoridades nacionales.

Un paso positivo que se ha dado en Mendoza es la conformación del Consejo Económico Social y Ambiental, por ahora simbólico, pero que pronto deberá hacer sus aportes tendientes a una política de Estado. Sin banderías de política partidaria, el ámbito es propicio para generar un pensamiento proactivo en pos de la evolución de la provincia, algo que se ve muy distante del clima que impera en la esfera nacional.

Con buena voluntad, y la concurrencia de todos los sectores se podrá avanzar en una agenda superadora para Mendoza, aun en los tiempos difíciles que seguiremos transitando por la pandemia y ante la crisis del país, lejos de superarse.

Sin los principales actores y sectores comprometidos, tendremos que resignarnos a ver cómo el gobierno de Suarez sigue administrando la crisis hasta el fin de su mandato. Lo deseable es un cambio de actitud de la dirigencia para que de las palabras pandemia y vacuna, pasemos a hablar de crecimiento y progreso.