Hace unos días me encontré intentando entender qué significaba una palabra: “basado”. En pocos minutos había entrado en la virtualidad de un universo paralelo con su propio diccionario: Chad, Sigma, Gigachad, NPC. No era solo jerga de internet. Era un sistema para ordenar a los varones.
La jungla de la machósfera de internet, donde los varones se miden y rankean es un camino de ida. Todavía estoy perdida sin entender demasiado -como estimo que ustedes tampoco lo harán después de leer esto- pero hice un intento por describir este paisaje insólito, a modo de mapa y para intentar volver a la realidad. Se los comparto.
El mito de Narciso ahogado entre los algoritmos de internet
El punto de partida, en realidad, podría ser un mito antiguo: Narciso mirándose en el agua hasta perderse en su propio reflejo. No solo porque estos varones de internet estén obsesionados por su imagen ante el mundo, sino porque hay algo más profundo en juego: la construcción de la identidad a través de la propia mirada y la de los demás varones.
Si uno mira hacia atrás, esa lógica no es nueva. Hubo -y existen actualmente algunas versiones- espacios históricamente masculinos donde esa autodefinición se construyó sin presencia femenina: los clubes de caballeros de la Europa británica, con sus salones de humo y conversación cerrada; los clubes de barrio en la Argentina donde se juega a las cartas, se mira fútbol y se arregla el mundo entre hombres; las logias donde se formaron élites políticas; los vestuarios deportivos donde se mide la fuerza, la competencia y la pertenencia (y otras mediciones más bien biológicas). También los burdeles como espacio de sociabilidad masculina, donde la masculinidad se exhibe y se valida entre pares. Lugares distintos, pero con algo en común: el mundo de los varones hablándose a sí mismos.
Durante mucho tiempo, esos espacios estuvieron relativamente separados del resto del mundo. Pero en las últimas décadas, parte de esa conversación migró a internet. Y en ese pasaje, lo que antes eran códigos cerrados de grupo se transformó en un lenguaje global, visible y replicable.
Florecer en el ecosistema de la machósfera
En ese nuevo escenario aparece la llamada “machósfera” digital: un ecosistema donde los varones ya no se definen tanto en relación a las mujeres, sino en relación a otros varones, pero ahora bajo otra lógica: la del ranking. Chad, Sigma, Virgin o NPC no son solo personajes: son posiciones dentro de una escala donde algunos ascienden y otros quedan degradados.
Lo que parece humor, entonces, es también una forma de ordenamiento. Una manera de decir quién vale más, quién menos, y bajo qué criterios.
Los nuevos personajes de la masculinidad virtual
Como toda comunidad, la machósfera tiene sus propios personajes. Son arquetipos que circulan en memes, videos y foros, y sirven para clasificar a los varones según un sistema de valores propio. Algunos representan el éxito; otros, el fracaso. Todos ocupan un lugar en una especie de tabla de posiciones de la masculinidad.
Chad
Es el protagonista indiscutido de este universo. El Chad representa al hombre que, según esta lógica, lo tiene todo: atractivo, seguridad, éxito con las mujeres, capacidad de liderazgo y una confianza que parece inquebrantable. No importa si existe o no en la vida real; en los memes funciona como el modelo al que muchos aspiran.
Gigachad
Si el Chad es el ideal, el Gigachad es la exageración del ideal. Alto, musculoso, imperturbable y prácticamente perfecto, deja de parecer una persona para convertirse en una caricatura de la masculinidad. Es el héroe imposible, llevado al extremo.
Sigma
El Sigma ocupa un lugar particular. No busca ser el más popular ni el líder del grupo. Es el "lobo solitario": un hombre que, supuestamente, no necesita la aprobación de nadie y hace su propio camino. La paradoja es que esa independencia absoluta terminó convirtiéndose en otro modelo a imitar.
Virgin
Es el reverso del Chad. En los memes no alude necesariamente a la experiencia sexual, sino a un conjunto de rasgos considerados poco deseables: inseguridad, ansiedad, necesidad de aprobación o torpeza social. Es el personaje al que la comunidad ridiculiza para marcar qué tipo de hombre no conviene ser.
NPC
La sigla proviene de los videojuegos y significa non-player character (personaje no jugable). En internet se usa para describir a quien, según estos códigos, no tiene pensamiento propio y simplemente repite ideas ajenas. Más que un insulto, es una forma de descalificar al otro negándole individualidad.
El ranking de varones por varones
En conjunto, estos personajes funcionan como una especie de tabla de posiciones de la masculinidad: un ranking informal donde los varones se ordenan entre sí según éxito, autonomía, deseo o visibilidad.
Y como todo ranking, el problema no es tanto quién queda primero o último, sino quién decidió que había que jugar.
Aunque, viendo el nivel de competencia, lo único verdaderamente “sigma” sería no entrar al ranking y seguir de largo. Pero ese personaje, curiosamente, todavía no tiene meme.





