Opinión

Los intendentes que se obnubilan cuando son reelegidos: hoy, el caso Orozco

Tras un doblete de gestiones municipales, los más osados quieren ir directamente al Sillón de San Martín, tengan pinet o no

A algunos intendentes les sienta fatal el segundo período consecutivo de gestión. Son gentes con supuestos rasgos de sentido común, pero que suelen tirar la chancleta tras ser electos para ese nuevo mandato. Uno se pregunta: ¿los embrutece el poder o ya venían fallados y lograron engañarnos?. Por suerte, y para hacerles contrapeso, hay también un buen lote de los otros, los que aún "tienen cara".

Los intendentes que se obnubilan cuando son reelegidos sienten que son los grandes toros del rodeo. Creen haber entendido que en ningún otro lugar van a tener tanto poder como el que poseen en sus comunas. De allí que nunca falta el visionario que intenta transformar eso en una empresa familiar postulando a su hermano, a su esposa o al pariente supuestamente más avispado.

Quienes les han tomado el gusto al poder municipal y deciden ir por la reelección, saben que ahí, al alcance de la mano, estarán los recursos públicos para la campaña. Han aprendido que si un intendente hace una buena primera gestión, tiene casi asegurada la segunda, quizás por aquello de que "mejor, bueno conocido". A estos políticos les fascina la palabra "territorio". Sospechan que de esa entelequia deviene el poder que han logrado. Dan por descontado que "el territorio" estará de su lado. A varios de estos audaces jefes comunales no les interesa mucho dejar la teta de la intendencia para ser diputado o senador porque en esas gestiones legislativas quedan perdidos, no mandan, no llaman a licitaciones, son uno más. Después de un doblete de gestiones municipales, los más osados quieren ir directamente al Sillón de San Martín, tengan pinet o no para eso. El sueño es saltar de la intendencia a la Gobernación. "Sí, claro, campeón", piensa, irónica, la tribuna.

Daniel Orozco, junto a su esposa, Janina Ortiz en el banquillo de los acusados, justo en el momento en el que están por escuchar un adelanto de la sentencia.

Daniel Orozco, junto a su esposa, Janina Ortiz en el banquillo de los acusados, justo en el momento en el que están por escuchar un adelanto de la sentencia.

Condenados

La reciente condena por corrupción al ex intendente radical de Las Heras, Daniel Orozco, que abarcó también a su esposa y ex funcionaria de esa comuna, Janina Ortiz, es el ejemplo que tenemos más a la mano. Janina había sido secretaria en el consultorio de este doctor y jamás había tenido actuación partidaria. Pero portaba hambre de poder. Noviando con "el doc" tuvieron una hija y en agosto de 2023 se casaron para llegar preparados al proyecto gobernador.

En yunta, Orozco y Ortiz se alzaron contra el recato republicano, se saltearon la necesaria continuidad de la práctica ética, desviaron fondos de la comuna en provecho propio a través de una cooperativa trucha y, en el caso de ella, y ya como secretaria de Gobierno, fue acusada de asuntos abyectos, como obligar a una empleada municipal a acostarse con un funcionario para sacarle información y dejarla grabada.

Cuando en 2015, Alfredo Cornejo bendijo a Daniel Orozco como candidato a intendente de Las Heras (previamente ya le habían echado el ojo Víctor Fayad y Julio Cobos) la idea era tener un candidato que la gente identificara como uno de ellos, que no tuviera historia política. Orozco era "el médico que atendía a media Las Heras". Su consultorio, en el centro lasherino, siempre rebosaba de pacientes.

¡Correte, Ciurca!

Médico de familia especializado en gerontología, el hoy condenado tenía mucha onda con los pacientes, en particular con los jubilados. Ese tipo fresco, campechano, créase o no, logró quebrar la hegemonía del PJ lasherino que se jactaba de ser la "capital provincial del peronismo" con figuras como el operador eterno Carlos Ciurca o el intendente Rubén Miranda. Les pasó el trapo, pero en 2023, terminó rifando ese legado.

Podría haber pasado a la historia política local como "el radical ignoto que hizo hocicar a Ciurca".

Sus ocho años como intendente exhibieron una transformación mostrenca. De ser "un médico de los antes", un hombre templado que aceptó participar en política para llevar un poco de sentido común a esa actividad, pasó a convertirse en un dirigente ambicioso y desencajado.

Reelecto, la segunda intendencia de Orozco (2019-2023), fue la contracara de la primera. Sus acciones y su personalismo empezaron a desmentir aquella gestión "normal", con visos de transparencia que muchos habían destacado. El médico respetado empezó a ser sospechado de manejos poco claros.

Un ambiente denso, opaco, tenía a la pareja Orozco-Ortiz como alegres fogoneros de un gran proyecto: llegar a la Gobernación en 2023. Juntos, iban a ser dinamita. Y, en efecto, explotaron.

Orozco se peleó con los radicales de Cambia Mendoza porque no pudo ser candidato a gobernador, se empacó, se cambió de partido yéndose a uno que recién se iniciaba (La Unión Mendocina, de Omar De Marchi) donde le ofrecieron la candidatura de vicegobernador y una postulación a diputada provincial a su mujer.

Perdió en todos los frentes. Y aún les queda a ambos enfrentar la instancia judicial en la que se definirá cuánta plata le deben devolver, a valores actuales, al Estado. La cifra ha sido estimada en 580 millones de pesos.

Luis Lobos cumple condena en la cárcel por fraude (en dos casos) y enriquecimiento ilícito.

Luis Lobos cumple condena en la cárcel por fraude (en dos casos) y enriquecimiento ilícito.

La gema

Cientistas políticos se han ocupado de analizar (en varios países) el accionar de los intendentes o alcaldes que, tras ser reelectos, se dejan embriagar por los vapores del poder. Es común, por ejemplo, que en el segundo mandato consecutivo, y para no menguar poderío, busquen endurecer su autoridad, concentrando en muy pocas manos todas las decisiones.

Además suelen caer en una distorsión de sus personalidades que los lleva a mezclar los bienes públicos con sus intereses personales. Pero, sobre todo, ya no tienen tantos pruritos éticos. Empiezan a sentir como enemigos a los organismos de control. Asuntos como la austeridad y la transparencia en los actos de Gobierno, claves del republicanismo, dejan de ser prioridad.

El caso Orozco nos debería refrescar la memoria sobre esa preciada gema que todavía tenemos los mendocinos en nuestra Constitución provincial: la imposibilidad de reelección consecutiva del gobernador. Somos la única provincia que la mantiene.

Esa norma ha sido y es basamento de nuestra forma de ser y pensar. La que nos diferencia en el país. Y que nos ha dado una singularidad institucional bien marcada. Con ese mandato constitucional hemos evitado la concentración de poder, la figura del líder autoritario y las hegemonías familiares en la cosa pública. Por algo tenemos ya cuatro ex intendentes condenados judicialmente por actos de corrupción: los peronistas Luis Lobos y Sergio Salgado; y los radicales Jorge Ruiz y Daniel Orozco.

En pocas palabras

  • Intendentes obnubilados: el segundo período consecutivo de gestión puede llevar a algunos jefes comunales a perder el sentido común y el rumbo.
  • Caso Orozco y Ortiz: la reciente condena por corrupción de la pareja ejemplifica el abuso de poder y desvío de fondos públicos.
  • Austeridad y transparencia: el caso resalta la importancia de la normativa provincial que impide la reelección consecutiva del gobernador para evitar concentración de poder.
Resumen generado por Thinkindot AI