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La tercera fuerza le tira de sisa a muchos políticos en Mendoza

Mucho se ha hablado esta semana de la tercera fuerza. Los demócratas lo fueron durante décadas. Los que lo intentaron después, desde Giordano a Ramón, fracasaron

Hay mucho interesado en convertirse en la tercera fuerza política de la provincia. Varios ya lo han logrado en el pasado reciente y han creído tocar el cielo con las manos. Pero les ha ido para el traste. Es que mantener y expandir esa posición una vez conquistada no es moco de pavo. Varios se han probado ese traje y al poco tiempo les ha quedado grande o les ha tirado de sisa.

Igual, hay que admitir que es buena esa costumbre mendocina de mantener una tercera opción política, porque así no se les hace tan fácil a radicales y peronistas, los dos grupos principales, plantar algún tipo de hegemonía. Sirve también para tener un tercer ojo en la Legislatura. Quizás eso ayude a que en Mendoza la grieta no sea tan desatada.

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En muchas de las naciones más adelantadas predominan los gobiernos de coalición, por ejemplo en los países escandinavos que el presidente Fernández dice admirar. Eso sofrena los excesos de ideologismo. Y obliga a pactar, a consensuar, a airear los temas y las decisiones.

La era gansa

Otro detalle es que esas terceras fuerzas, que durante décadas las personificó el Partido Demócrata, aparecen de manera particular en las elecciones legislativas o de medio término, es decir cuando lo que está en juego no son los cargos ejecutivos.

Ocurre que la ciudadanía no es otaria. Sabe que en las legislativas se puede permitir abrir ventanas y ventilar los ámbitos políticos. En cambio, en los comicios para presidente y gobernador, los contribuyentes son más cuidadosos con el voto porque quienes sean electos van a manejar nuestros dineros.

Usted por ejemplo ¿le dejaría el manejo de la plata de los contribuyentes a la izquierda clásica marxista? Lo más probable es que no. En cambio esa misma izquierda suele "dar bien" como control desde la Legislatura.

Malos ejemplos sobran

Vayamos a los ejemplos. Aldo Giordano y su partido Fiscal lograron hacerse del 14% de los votos y parecía que ese nuevo liderazgo incipiente iba a ser imparable. La ilusión duró poco. El ex fiscal de Estado del gobernador Arturo Lafalla en lugar de rodearse de los mejores y, pese a que era un hombre inteligente y criterioso, terminó rifando tanto su prestigio como sus posibilidades al entreverarse con dirigentes mediocres y al dejarse ganar por un egocentrismo dañino.

La izquierda clásica mendocina tuvo también su tercer puesto en elecciones legislativas. Fue cuando catapultó a Nicolás del Caño al Congreso nacional. Mendoza, tantas veces denostada de conservadora por la progresía, puso a un marxista en el Congreso de la Nación. Del Caño tuvo entonces alta exposición, se hizo muy conocido, y ya no volvió ni por el vuelto a la Mendoza que lo votó. El exceso de ideología de este grupo, con una concepción del mundo y de la economía que ya había saltado por los aires en 1989, continúa con el mismo libreto apolillado.

También fue tercero en Mendoza el grupo Protectora, referenciado en ese personaje estrambótico que es José Luis Ramón, con el cual la defensa de los derechos del consumidor -así se suponía- iba a tener un aventón dentro de la agenda nacional de políticas públicas. Apenas asumido como diputado nacional y ávido de consideración, Ramón se olvidó de Mendoza y corrió a aliarse con el kirchnerismo, del que hoy ya es uno más. Aquí en Mendoza los que habían sido sus compañeros de ruta quieren comérselo vivo.

Terceros 2021

Ahora los que dicen que van a copar la parada del tercer puesto son los de ese nuevo frente mendocinista que integran el Partido Demócrata (o por lo menos su ala más tradicional, la que conserva el sello); más los debutantes del MendoExit con el inclasificable Hugo Laricchia a la cabeza; más la Coalición Cívica que Gustavo Gutiérrez rescató, a las puteadas, de Cambia Mendoza bajo el argumento de que los radicales no les daban ni la hora.

En ese pelotón menduco hay que sumar a los libertarios y republicanos que no arreglen con el oficialismo provincial; más otras agrupaciones menores como los Verdes de Fugazzotto y los desencantados de Ramón, entre ellos Mario Vadillo y Marcelo Romano, que posiblemente engrosarán la propuesta. Este gran paquete de dirigencia variopinta va en busca de los indecisos y desencantados.

En las elecciones legislativas suelen destacarse unos personajes singulares que salen a vender o alquilar el sello y membrete de partidos que les quedaron en liquidación de otras contiendas electorales en las que les fue decididamente mal.

Antes solía ser el Partido Federal el que alquilaba al mejor postor; también se usa el Partido Intransigente. Siempre hay un Carlos Iannizzotto a mano para que nos socorra con la marca de un partido cuando se están por cumplir los plazos para el cierre de listas ante la Justicia Electoral.

Resumamos

¿Por que fracasan las terceras fuerzas? Fracasan en algunos casos porque son proyectos personalistas, construidos alrededor de una figura excluyente y no de un proyecto político consensuado. Fracasan cuando no tienen letra, sustancia, cuando les falta estudio y debate, cuando hay exceso de vedetismo (el caso de Ramón) y cuando no terminan de conectar con la idiosincrasia de una provincia. Fracasan también cuando hay exceso de ideologismo y de dogmas (el mal de las izquierdas).

¿Por qué el Partido Demócrata pudo sostenerse como tercera fuerza? Primero, por su historia política centenaria. Segundo, porque las actuaciones de algunos de sus hombres en la Legislatura o en el Congreso estuvieron en varios casos por encima de la medianía; tercero, por haber entendido las particularidades del mendocino promedio, su mezcla de progresismo y conservadorismo, sus cualidades de emprendedor, de hombre que modifica el desierto respetando las esencias del páramo, de ciudadano que cree en el progreso basado en el tesón y el trabajo.

Dicho esto, nadie puede desconocer los piojos de esa fuerza política, por ejemplo sus colaboraciones con gobiernos militares sublevados contra la Constitución, un estigma que nunca pudieron sacarse del todo a pesar de los esfuerzos de las nuevas generaciones del PD tras volver a la democracia en 1983.

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