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Análisis y opinión

La economía, expresión de los desaciertos y de nuestras penurias

Las sondeos de opinión marcan que por encima de la pandemia crece la angustia por la suba de los precios y la falta de trabajo.

El paso de Martín Guzmán por Mendoza ha servido para retemplar los ánimos en las filas del Frente de Todos. La economía está ocupando el centro de la escena política y encabeza la tabla de preocupaciones de la población, que debe votar el 12 de septiembre. La inflación, secundada por el desempleo, es el principal dolor de cabeza, lo que la convierte en el talón de Aquiles de la gestión de Alberto Fernández.

Mucho se podrá discurrir en los círculos técnicos y políticos sobre el tema de la deuda heredada en dólares y la nueva en pesos, pero las cuestiones más cotidianas y palpables son las que terminan por imponerse en la percepción ciudadana.

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La presencia de Guzmán para apoyar la campaña de Anabel Fernández Sagasti y Adolfo Bermejo, de todos modos, ayuda a reforzar los argumentos de los candidatos en el plano económico. El ministro llegó sacando pecho con el crecimiento del PBI este año, que proyecta al 8 por ciento. Esto ocurre, según su razonamiento, gracias a los programas de asistencia que evitaron la destrucción del tejido productivo por la pandemia y por las secuelas derivadas del fracaso del modelo que impulsó Mauricio Macri.

En los encuentros con empresarios y productores el ministro aseguró que a recuperación "se está dando con creación de empleo", aunque reconoce que todavía es hetorogénea. En lo que atañe a Mendoza de manera más específica, se refirió al turismo, un sector que hay que seguir protegiendo -dijo- y a la Ley de Hidrocarburos, que asegura que apuntalará a la industria del petróleo.

"No hay ningún tipo de discriminación hacia Mendoza", respondió Guzmán ante la pregunta de periodistas. Sin embargo, el gobierno local acusa que la asistencia por la pandemia ha sido de 15 mil 300 millones de pesos menos que el promedio de lo recibido por las demás provincias.

Otras críticas se lanzaron desde el oficialismo, por no contemplar reuniones con el gobierno provincial para tratar temas como el de los fondos para la Polilla de la Vid, retenciones a la exportaciones de vino, Ley de Hidrocarburos y otros. Desde la oposición respondieron que Rodolfo Suarez es candidato. (Al respecto esta semana se sabrá si el máximo tribunal convalida su postulación).

También se prendió a la discusión Alfredo Cornejo: "Reactivar la economía con las pocas herramientas que tiene Mendoza es una de las principales medidas que nos diferencia con la Nación. Nosotros no regalamos planes, capacitamos y conectamos a las personas con las empresas para generar empleo genuino...", escribió en Twitter.

Polémica aparte, lo cierto es que Mendoza necesita crecer, pero no puede ser ajena al contexto macroeconómico. Hay sectores que están demostrando signos destacados de crecimiento en el espectro nacional, mientras otros siguen aletargados. El problema es que la agenda económica general del país es compleja y no hay previsión cierta de cómo se los piensa encarar.

"Hay que tranquilizar la economía", dice Guzmán, lo que depende básicamente de la política y del respaldo de un Presidente, lamentablemente, cada vez más devaluado.

¿Qué le pasa a Alberto?

El caso de la docente que se enfureció con un alumno da cuenta de un método inadmisible y repudiable en el aula. La violencia autoritaria, que otra vez se pone de manifiesto por una cámara de celular, da cuenta de situaciones que no deben persistir en el ámbito educativo.

No sirve para abrir la cabeza, como dice Alberto Fernández, sino que se trata de todo un intento por imponer una idea desde el poder que se ostenta al estar al frente de un aula. De ninguna manera es un proceso de enseñanza aprendizaje virtuoso ni un debate entre adultos.

Así también lo entienden, entre muchos oficialistas y opositores, el gobierno de Kicillof y el ministro Nicolás Trotta, otra vez desautorizado por el Presidente.

La pregunta, a esta altura retórica, sería: ¿Qué necesidad tiene Alberto Fernández de meterse en ese asunto como si no tuviera problemas que atender?, o ¿Cómo se le ocurre bancar esas actitudes con argumentos tan endebles? El caso no es una excepción de docentes o personas "sacadas" que se experimentan en distintos ámbitos. Lo llamativo es la intervención del Presidente, que tiene preocupados hasta a los propios miembros del Frente de Todos, cuando su imagen está en el peor momento.

Escrachemos a los escraches

Desde hace años se viene fomentando la cultura de la violencia verbal. La política ofrece numerosos ejemplos deplorables con chicanas, insultos y actitudes que muestran los peores ejemplos. Es parte de la grieta que se traslada y se hace carne en todos los ámbitos.

En el caso particular de los escraches, que nacieron promovidos por la agrupación Hijos en contra de los genocidas sueltos impunemente antes de que se establecieran los procesos judiciales, vemos situaciones cercanas a la justicia por mano propia.

El ex ministro Ginés González García se ha convertido en una figura tristemente célebre por los vacunatorios VIP. También generaron repulsión los videos que se viralizaron de sus momentos de esparcimiento en España. Son muchas las acusaciones que se le hacen en tiempos de mucha sensibilidad, pero nada justifica que tenga que ser desalojado de un espacio público, prácticamente a la fuerza.

Nadie se puede arrogar atribuciones que solo corresponden al Estado, y si las instituciones no funcionan como sería deseable, habría que trabajar y militar en eso. Las cuestiones judiciales o de índole ética no pueden resolverse con agresiones que terminan promoviendo más actos violentos.

Hoy se escracha a uno y mañana a alguien de otro palo, en una escalada que presagia nada constructivo, si es que queremos vivir en una sociedad con una mejor convivencia.