Diario Uno Opinión Selección argentina
Análisis y opinión

La alegría colectiva mandó nuestras miserias a dormir

Como en la Fiesta que canta Serrat, ya volverá el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza

Al diablo con el distanciamiento y a abrazarse desde Ushuaia a la Quiaca. El desahogo y la euforia de ver a Leo Messi levantando la copa con la camiseta argentina logró por un rato cerrar la grieta sin condiciones.

Más allá de la situación que a cada persona le toque vivir, en determinadas circunstancias el sentimiento es uno solo y compartido.

Seguir leyendo

Parece que sólo el fútbol es capaz de tocar la argentinidad hasta conmover a las multitudes, aun a quienes están lejanos al deporte más popular.

Como metáfora, el fútbol y todo lo que lo rodea ofrecen características que sirven de modelo analítico para ciertas cosas de la vida. El éxito o fracaso no son casuales sino consecuencia del proceso encarado, como pasa en tantas situaciones cotidianas.

Si bien el azar siempre juega su partido sin atenerse a las reglas, el logro de los objetivos invariablemente se liga a un plan preconcebido y al desempeño de los protagonistas.

El juego de roles, la armonía al interior del equipo, el respeto mutuo, el liderazgo necesario, las convicciones, la actitud y el amor por la camiseta se conjugan virtuosamente para consolidar un proyecto.

Scaloni y sus muchachos lograron sobreponerse al escepticismo generalizado después de tantas frustraciones. El mérito es de ellos.

Durante años, sin proyecto de largo plazo, las marchas y contramarchas desde la dirigencia para abajo fueron dejando a la Argentina cada vez más rezagada frente a los países desarrollados. Lo experimentamos en todos los planos.

Cuando una nación, pese a sus recursos y condiciones favorables, no es capaz de diseñar un proyecto consensuado pensando en el interés común, es difícil que avance y que genere la satisfacción que su gente anhela.

En verdad, nunca se pierde el orgullo de ser argentino, que implica mucho más que haber nacido en esta tierra porque remite a costumbres y valores identitarios. Pero lo que no aprendemos es a despojarnos del lastre que significa primariamente el no lograr dirimir las antinomias históricas ni mucho menos desplegar el potencial que tenemos.

Varias generaciones ven perdidas sus ilusiones, mientras muchos buscan un horizonte más allá de las fronteras por el desencanto de sentirse en manos de una dirigencia que está lejos de acordar ejes básicos para mejorar el estado de cosas. Así vamos perdiendo por goleada el campeonato del progreso hasta quedar en el fondo de la tabla en todos los indicadores.

Es claro que no hay destino sin un reglamento fuerte, con juego limpio y respeto al rival. La camiseta argentina por encima de las otras que solo representan una parte con su ideología y formas de ver el juego. La competencia es la esencia en el deporte y también en la democracia, pero en el sistema político cobra sentido cuando se promueve la participación a través de un debate público conducente. Por el contrario, hoy nos encontramos confrontando en el lodo en que se ha convertido la arena política.

Ni siquiera se trata de un Ríver-Boca, los clásicos rivales que se enfrentan despertando encendidas pasiones. La política, que debería ser la herramienta promotora de un proyecto de país sólido, desde hace años viene incentivando una consideración del otro como enemigo.

No será fácil revertir esa impronta, pero al menos no faltan los recursos como base para salir adelante, partiendo de una correcta selección de los jugadores adecuados.

Respetar las diferencias, tomar las mejores ideas, aceptar las reglas de juego, apoyar los proyectos superadores, acompañar los procesos, y salir a la cancha con convicción para saborear un éxito perdurable sería la fórmula.

Por ahora nos abrazamos gracias al triunfo de la Selección, aunque la alegría sea pasajera.