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"Falló el Estado"

La confesión del vicegobernador Mario Abed interpela a todo el sistema de seguridad

La conmoción social por el asesinato de Florencia Romano sacude las estructuras sobre las que se asienta el funcionamiento del Estado, que debería dar respuestas más eficaces ante situaciones de emergencia.

El repudio de la multitud que se expresó en las calles por un nuevo femicidio, que quizás se podría haber evitado si el sistema hubiera funcionado adecuadamente, apunta a respondabilidades políticas.

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Cuando en la entrevista con radio Nihuil este sábado el vicegobernador Mario Abed admite que "falló el Estado" en el tratamiento del caso, está mostrando que la falencia no remite solamente a la mala praxis de una operadora en particular que desechó la llamada de emergencia realizada por un vecino ante una situación de violencia de género.

Cabe entonces preguntarse si el protocolo de actuación es el correcto, si la capacitación del personal supuestamente calificado es suficiente, si el capital humano está formado en perspectiva de género, si hay conciencia de la responsabilidad y empatía que debe profesar cada actor de un sistema complejo y sensible.

Que la vida de una persona dependa de la predisposición y pericia que tenga en un momento determinado un agente que sea capaz de cortar la comunicación telefónica porque sí, da cuenta de la necesidad de poner todo en revisión.

Tampoco deberían desestimarse las quejas desde un primer momento de los padres de Florencia que advertían sobre una presunta inacción policial, y sobre las dilaciones en la atención de la Unidad Fiscal cuando era urgente la denuncia por la desaparición.

Desde la oposición y desde sectores sociales se está pidiendo la cabeza del ministro de Seguridad y del Jefe de la Policía que, por lo observado, cuentan con el apoyo del Gobernador. No faltarán por estos días oportunismos políticos, lo que no quita que los funcionarios del área den todas las explicaciones que se requieran y se determinen los niveles de responsabilidad que corresponda. Pero, más allá de los nombres, es imperioso poner foco en todas las falencias del Estado a las que apunta Mario Abed.

También ha quedado bajo la lupa el Jefe Policial Roberto Munives, por las expresiones que tuvo sobre el terrible desenlace de Florencia, que fueron interpretadas como que pone la responsabilidad de lo sucedido en la conducta de la víctima y la desprotección de sus padres ante una modalidad delictiva que va en aumento.

Respecto de los hechos de acoso utilizando el contacto a través de las redes y los videojuegos, el fiscal de delitos económicos e informáticos, Santiago Garay, dijo a Nihuil que han crecido un 200 por ciento durante la pandemia. El fiscal especializado en casos de grooming especificó que el dato surge de las denuncias receptadas hasta ahora.

Las cifras que alarman son una muestra de que el Estado también debe ocuparse específicamente de este fenómeno a través de políticas públicas y campañas idóneas

Rompan todo

Los violentos que provocaron incendios buscando sembrar el caos y desvirtuar una marcha pacífica, claramente no responden a una manifestación espontánea de dolor y de bronca. Se habían preparado para provocar desmanes. Por eso el repudio generalizado y en particular desde el colectivo "Ni una menos", no se hizo esperar. Desde el Gobierno aseguran que son "extremistas" que ya están identificados gracias a la tecnología.

La ausencia de fuerzas de seguridad durante la marcha masiva merece otro capítulo. Es inédito que no hubiera presencia visible de custodia de objetivos específicos, como los edificios de los poderes republicanos, y de protección para las miles de personas que se manifestaron.

La decisión gubernamental se basó en evitar la presencia de uniformados ante los ánimos enardecidos de los manifestantes para evitar cualquier tipo de provocación. Se trata de una estrategia de ausencia del Estado que es quien ostenta el monopolio legítimo de la fuerza. Evidentemente, el Gobierno se encontró entre la espada y la pared, y se decidió por este camino porque existen demasiados antecedentes de acción y represión que terminan con heridos de las filas de los violentos, de manifestantes pacíficos y de efectivos policiales. En eso también se deberá trabajar para que la policía sepa actuar con profesionalismo, sea disuasiva y no caiga en la violencia sin control cuando se ve desbordada.

Ahora vienen los días de acusaciones cruzadas, aunque lo de fondo es que la política sea capaz de revisar todo el sistema de prevención y de actuación ante la emergencia. Se hace imperativo reaccionar por la memoria de Florencia. Si no el Estado seguirá fallando indefinidamente y continuaremos llorando por muertes evitables.