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El fantasma de la economía acecha a todos por igual

El drama económico y, en particular, la suba de los precios siguen siendo dominantes para la sociedad

La mayor preocupación de la población, por encima de la angustia de la pandemia, de la inseguridad, de la educación, del desempleo, antes que todo, está en la inflación. Una vez más, aflora el mal endémico de la Argentina. Pasan los gobiernos, se ensayan modelos, con plan o sin plan, siempre la inflación martiriza.

Factores económicos y culturales, motivaciones políticas y juegos electorales, como sea, la inflación mina la confianza y corroe los bolsillos. La última encuesta de la consultora Reale Dalla Torre le pone número a esta prioridad de los mendocinos: ochenta y uno por ciento indica que es su principal preocupación.

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El dato del INDEC arrojó para el mes de mayo una inflación del 3,3% en la nacional y de 3,6 para Mendoza. Los primeros cinco meses del año muestran un calco para la jurisdicción provincial y la nacional: 21,5%. Se trata de un número que ridiculiza las proyecciones del Ministerio de Economía, que diseñó un presupuesto con una pauta inflacionaria del 29 por ciento para todo el año.

La propia presidenta del Senado, en acuerdo con el presidente de Diputados, decidió un incremento para sí mismos del 40 por ciento. La incongruencia de votar un presupuesto con la mano para borrarlo con el codo al quinto mes del año dio pie a la puja salarial que llevó el incremento de camioneros y de bancarios al 45 por ciento con cláusulas de revisión, lo que desencadenó los nuevos pedidos de los demás gremios que vieron relegados sus magros acuerdos.

El gobierno de Mendoza tendrá que maniobrar mucho para satisfacer mínimamente los lógicos pedidos de actualización salarial, después de la oferta del 20 por ciento que ahora debe ser revisada. Por lo visto, ningún gremio estatal está dispuesto a aceptar el 5 por ciento que inicialmente proponen las autoridades. El año electoral tampoco es proclive al sí fácil, indica la experiencia, máxime cuando el aumento constante de los precios devora cualquier mejora salarial y propicia los conflictos.

La plata no alcanza, las medidas nacionales son apenas paliativos para llegar sin zozobra a las elecciones, y se avizoran los conflictos gremiales.

La culpa es del otro

El país fue recalificado a la baja por la MSCI, una forma de irnos al descenso dos veces de una sola vez. Pasamos de la segunda categoría en la liga de los mercados a la cuarta y última. Más abajo no queda nada. Esto implica que salimos del radar de las inversiones del mundo y que será más difícil conseguir financiamiento para proyectos en el país. El efecto ya se sintió en el mercado cambiario, en la cotización de las empresas argentinas, en la caída de los bonos y en el riesgo país.

Dice Santiago Cafiero que todo es consecuencia de las políticas de Macri. Esos dichos del Jefe de Gabinete dan una pista de lo que viene, independientemente de que las continuas alusiones al gobierno anterior puedan o no darle un rédito electoral. Lo que no se vislumbra es un atisbo de reconocimiento acerca del desempeño errático de la macroeconomía en la gestión de Alberto Fernández. Tampoco los problemas se resuelven con relatos del pasado, del que hay consenso general sobre responsabilidades compartidas que alcanzan al gobierno actual, al anterior, y a los antecesores, al punto de que se hace difícil encontrar periodos apacibles y de estabilidad económica.

Es conocido en el ambiente político que en nada contribuyen las intromisiones de Axel Kicillof (y de Cristina) en las decisiones que debería adoptar el equipo de Martín Guzmán, bajo el liderazgo del Presidente de la Nación. Por si acaso, al actual gobernador de la provincia de Buenos Aires se lo relaciona con los descalabros del periodo que lo tuvo como ministro y las secuelas posteriores.

Insiste el Jefe de Gabinete: "Este año Argentina va a volver a crecer y ese crecimiento se tiene que redistribuir entre trabajadores y trabajadoras, y haberes jubilatorios. Eso va a redundar en que los salarios le ganen a la inflación".

En realidad, el crecimiento es en comparación con un punto de partida muy bajo, que es el del año pasado, paralizado por la pandemia. Si bien los primeros meses de 2021 están mostrando mejoras en algunos sectores e indicadores de empleo positivos, los niveles son todavía modestos como para que repercutan demasiado en la sociedad. Y para que los salarios le ganen a la inflación, tendrán que acelerar las recomposiciones tanto en el sector público como en el privado y debería ser exitosa la política de controles y cepos, lo que implica un sendero riesgoso para el día después.

El tema de la economía es urticante para el oficialismo, pero también para la oposición por el fracaso de Macri, todavía presente en la memoria colectiva. Sin embargo, siendo un problema dominante para la sociedad, inevitablemente será un eje de debate que pondrá a prueba la capacidad discursiva de los candidatos y de los referentes partidarios.

La estrategia diseñada por cada sector será clave en las campañas, donde el factor económico puede resultar decisivo, por encima de otras consideraciones, como ha ocurrido tantas veces en los procesos electorales.

La pregunta es si pesarán más las penurias actuales o el recuerdo de los malos tiempos macristas. ¿Incidirá más la herencia o la incapacidad de gestión del ahora? Otra cuestión relacionada es si la oposición será capaz de sembrar expectativas a favor, logrando equilibrar la balanza eleccionaria para dar el salto en 2023; o si por el contrario, los votantes consideran que ya derrochó su oportunidad cuando fue gobierno y deberá conformarse con seguir en el rol opositor.

La grieta intelectual

Mientras los líderes de Juntos por el Cambio alargan el sainete de las candidaturas, un grupo de notables intelectuales afines expresó su preocupación por el estado de cosas a través de una carta pública que titularon "La democracia argentina en la encrucijada: neogolpismo o progreso". Señalan los pensadores críticos del Gobierno que "si el kirchnerismo suma nuevas bancas vaciará hasta la última gota de esa democracia que trabajosamente construimos con el pacto del "Nunca Más" de 1983". Al tiempo que piden a la oposición "deponer las mezquindades y los personalismos estériles y trazar un horizonte de país deseable".

La respuesta de los intelectuales del colectivo "Agenda Argentina" era esperable: "Es un disparate total y un verdadero peligro", acusaron. "No se diferencian ni un milímetro de los más extremos discursos de odio de las nuevas derechas", indicaron. "Generan una cultura política intolerante a la pluralidad de pensamientos e incapaz de aceptar la voluntad popular expresada en las urnas", expresaron los intelectuales kirchneristas.

Por el tono de las misivas, no debería extrañar que haya nuevas réplicas entre estos bandos y, si no lo hacen por naturaleza los políticos impregnados de una locuacidad chicanera, es de esperar que el ámbito intelectual levante la puntería en la promoción de un debate que prescinda de lo panfletario para aportar mayor profundidad a un análisis orientador.

Campaña a la mendocina

Por tratarse de un tema de la macroeconomía nacional, el tema de la inflación y otros del plano económico quizás no sean excluyentes en las campañas que se desarrollarán en la Provincia, donde habrá otros asuntos que saldrán a ocupar la agenda.

El oficialismo, desde el vamos corre con la ventaja de la buena consideración popular que está acompañando al gobernador Rodolfo Suarez. Además de la encuesta de Reale Dalla Torre, que indica que un 67,3 por ciento de los encuestados aprueba su gestión -básicamente por el manejo de la pandemia y la administración del Estado-, la medición de CB Consultora lo ha colocado como el mandatario de mejor imagen del país, una posición que ya había alcanzado en mayo del año pasado.

Sacar una buena nota no es para desestimar, con una situación económica agobiante, en medio de la pandemia, de la pobreza, de la inseguridad, con tensiones en la relación con la Nación, y con todos los problemas que enfrenta el país, a los que Mendoza no es ajena.

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