Jesús Lucero estuvo desaparecido durante 22 días hasta que su cadáver fue hallado en Los Corralitos, Guaymallén, el 29 de diciembre último. Sin embargo, casi todo lo que hizo durante sus últimas 3 horas y media de vida ya había sido registrado por cinco cámaras de videoseguridad.
Cuando hay cámaras por todos lados: del Gran Hermano de Orwell al crimen de la Galería Tonsa
Más aún: uno de esos dispositivos grabó dos momentos posteriores que resultaron relevantes para la investigación y esclarecimiento del crimen: el retiro del cuerpo del interior de la Galería Tonsa y las maniobras para cargarlo en el baúl de un automóvil estacionado en doble fila en plena avenida San Martín, pasadas las nueve y cuarto de la noche.
Semejante carga probatoria, a la que se sumaron la denuncia inicial de un pariente, pesquisas policiales y peritajes tecnológicos y científicos en un local de venta y reparación de celulares, acorralaron a Vladimir Cayo, que este viernes fue condenado a 20 años de prisión en juicio abreviado. Sin salida, Cayo se declaró culpable y ya fue llevado a prisión.
El éxito de esta investigación de la Fiscalía de Homicidios se asienta fundamentalmente en los cinco dispositivos de videoseguridad instalados en la Terminal de Ómnibus y en el centro y microcentro de la Ciudad, por donde a diario circulan varias miles de personas a pie o en algún medio de movilidad público o privado. La certeza de los operadores para saber leer y procesar la información -imágenes en video con día y horas- es otro eslabón que podría considerarse de oro.
Gran parte del presupuesto del Ministerio Público Fiscal, donde revistan los fiscales investigadores, y del Ministerio de Seguridad se destina a equipamiento científico y tecnológico para prevenir y combatir el crimen: lectores de ADN y de huellas, videocámaras y licencias informáticas son elementos que, si tomamos el caso de Jesús Lucero como referencia, resultan impagables al momento de esclarecer un hecho delictivo.
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De ahí la insistencia de magistrados y funcionarios políticos para que se invierta cada vez más en este tipo de herramientas.
Las cinco videocámaras revelaron la trama completa de las últimas horas del muchacho que ya había sido asesinado.
Mientras para todos estaba desaparecido, el banco de datos ya lo había registrado.
Gracias a un dispositivo instalado dentro de la Terminal, se lo vio bajando, el 7 de diciembre a las 15.16 horas, de un colectivo recién llegado de la zona Este. Había estado en Palmira desde la noche anterior, como denunció un pariente cuando advirtió de su desaparición.
Doce minutos después, Lucero fue captado ingresando al centro de la Ciudad gracias a otra videocámara instalada en Alem y Costanera.
La secuencia investigativa se apoya otras imágenes: Lucero caminando por San Martín y Alem a las 18.26 y a las 18.32. Además, otro informes, policial y tecnológico, dan cuenta de que operó en un cajero automático de la zona.
Con todo, el dato superlativo lo aportó una videocámara en San Martín y Peatonal, que lo muestra caminando por la avenida principal e ingresando, a las 18.39, a la Galería Tonsa: el último registro con vida, según la Fiscalía.
Al círculo sobre Cayo y sus cómplices lo cerró otra cámara: la de San Martín y Espejo, que entre las 21.13 y las 21.16 muestra a tres personas involucradas en el retiro del cuerpo en una bolsa y posterior carga en el baúl de un auto luego de haber cruzado la avenida San Martín, cargándolo, la noche del 7 de diciembre.
Rostros visibles e identificables, lugares precisos, días y horarios puntuales sirvieron para reconstruir y resolver el caso en poco tiempo.
Otro informe clave lo aportó el seguimiento del vehículo, a través de la chapa patente: ingresó al centro antes de las 21 y durante las horas posteriores circuló por el límite de Ciudad y Las Heras y calles interiores del Parque San Martín.
El Gran Hermano que todo lo ve
Nos corría el frío por la espalda cuando George Orwell nos anticipaba, con su novela 1984 -escrita a fines de los ´40- que todos estábamos bajo la mirada del Gran Hermano, ese ojo que todo lo ve.
Ya el reality Gran Hermano, en el 2000, nos señalaba que todo aquello era posible en la vida real.
Desde hace años sabemos que dejamos huellas a cada paso: cuando pasamos la SUBE al subir a un colectivo, cuando usamos una computadora y/o celular en un lugar determinado, cuando usamos un cajero automático y hasta cuando caminamos por la calle.
Y a veces, tomando como referencia el crimen de Jesús Lucero, toda esa exposición, más que espantarnos, debería darnos algo de tranquilidad.
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