Al fin, cuando ya se veía coqueteando con el descenso, el presidente tomó la decisión. Y tras el desplazamiento del jefe de Gabinete Manuel Adorni nombró a un hombre de la política tradicional, decisión que ha aliviado a libertarios y a sus aliados colaboradores.
Arranca el tiempo suplementario y el gobierno nacional puede recuperar la agenda
Manuel Adorni pasará a la historia como un ladronzuelo de poca monta que ocupó cargos estratégicos del Estado en un momento clave de los cambios declamados
Diego Santilli tiene muñeca, buen diálogo con todos los sectores y sería capaz de llevar a buen puerto una gestión política que no resulte disfuncional al proyecto económico. El nuevo ministro coordinador, quien además tendrá a su cargo la Secretaría de Interior, ya anunció que se propone avanzar en las reformas estructurales pendientes.
Manuel Adorni pasará a la historia como un ladronzuelo de poca monta que ocupó cargos estratégicos del Estado en un momento clave de los cambios declamados. Será recordado como un personaje arrogante que trataba con desdén a periodistas y a funcionarios.
Partiendo casi de la nada, meteóricamente se codeó con el poder. Sin comprender que ser funcionario es como un ave de paso, fue bajado de un hondazo. Se pensó intocable tras ganar las elecciones nada menos que en CABA, el bastión electoral del PRO; momento evanescente que no pudo sostener con sus declaraciones juradas dibujadas y contradictorias.
Mostró la hilacha y cayó, como suele pasar con tantos sospechados, por cuestiones colaterales. El viaje a Nueva York con su mujer en el avión presidencial fue la punta del ovillo. Por un tiempo se habría convencido de que podía formar parte de la corrupción sistémica sin que se notara. Sería de los que usan el discurso de la probidad y están prendidos a los pródigos negociados que permite un Estado de controles laxos. En este caso no fue la obra pública, la Aduana, el juego o ARSAT con lo que se habría enriquecido. Será la Justicia quien se encague de dilucidar la proveniencia de los fondos presuntamente malhabidos.
El presidente Javier Milei perdió la oportunidad política de haberlo sacado a "patadas en el traste" (frase que le pertenece) apenas quedó en evidencia que su patrimonio estaba flojo de papeles. El precepto de la transparencia gubernamental ha quedado opacado.
"La moral como política de Estado", es el título del nuevo libro de Milei de lanzamiento inminente. Mucho tendrá que remar para que el lema no se convierta en una paradoja. Mientras que lo que más pondera la población, su situación económica, tendrá que remontar de manera palpable, para que el gobierno logre afrontar con éxito el tiempo suplementario de cara al año electoral.


