Análisis y opinión

Argentina 2023, una película con desenlace incierto

La crisis económica y las pujas políticas aumentan la complejidad del año que viene, con un extenso calendario electoral que culmina en las elecciones presidenciales

"Argentina,1985", la película que bate récords de taquilla y genera ardorosos debates por el enfoque, omisiones y distorsiones sobre los acontecimientos en torno de los juicios a las Juntas militares, es a la vez, aunque parezca contradictorio, un buen antídoto contra el olvido.

Aun tratándose de una realidad ficcionada y no de un estricto documental, el filme de Santiago Mitre ha refrescado en algunos casos y ha anoticiado en muchos otros, el proceso más importante en la historia judicial argentina, con trascendencia mundial, que la incipiente democracia recuperada en 1983 supo generar. Y por la voluntad fundacional, el coraje cívico y la ética vital de Raúl Alfonsín, claro está.

Fuera de toda discusión, narrar sucesos- con los puntos de vista y matices del caso- que consagraron un antes y después en la vida institucional sirve para actualizar el pasado no muy lejano y no perder la perspectiva de los fundamentos del Estado de Derecho. Una suerte de "Nunca Más" a los golpes y atrocidades, que nos aglutina colectivamente con una fuerza capaz de saltar cualquier tipo de grieta.

En todo caso, los archivos se encargan de dar cuenta del rol que le cupo a cada protagonista en esa etapa crucial y, con poco esfuerzo, se pueden recuperar, pese a que todavía no existía internet para facilitarnos la búsqueda. De todos modos, los testimonios, los documentos de la época, las coberturas periodísticas, y todo el material disponible, ya sea en soporte gráfico o audiovisual, se encuentran al alcance de la mano.

Un país, mil historias

Otras películas, en este caso sobre la historia económica argentina, también podrían resultar reveladoras de un proceso que hoy encuentra a la mitad del país sumido en la miseria. Hay suficiente material bibliográfico, autores serios, testimonios, y documentación oficial que permitirían ilustrar los acontecimientos.

Es cierto, que en esta materia, intrincada de manera inescindible con la política, ya sería más complejo -sino una quimera- unificar las distintas visiones e interpretaciones de los procesos acontecidos.

Libre comercio o proteccionismo, intervención o desregulación, mercado o Estado son parte de los opuestos que se sintetizan en los sucesivos fracasos que vienen signando la situación del país por décadas, sin que nadie se haga cargo porque la culpa invariablemente se le endilga al otro.

La pelea que en la actualidad no ocultan los responsables del Frente de Todos cobija a ambas facciones: el gabinete de Alberto Fernández -con Sergio Massa a la cabeza-, que ha virado a relativa ortodoxia económica; y Cristina Fernández con su sector, que en el fondo siguen dejando hacer, pese a las críticas públicas, más que por convicción por necesidad.

Es populismo o república, replican desde Juntos por el Cambio, desunidos por la ambición de sus propios dirigentes, donde cada semana hay un nuevo anotado en el camino a la presidencia y a otros cargos.

Supuestos y presupuestos

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Sergio Massa llegó a un acuerdo con el Club de París.

Sergio Massa llegó a un acuerdo con el Club de París.

Axel Kicillof, del sector más puro y duro del kirchnerismo, que dejó sin resolver la disputa con los fondos buitres con sentencia condenatoria por los tribunales de Nueva York, la sede que acordó Nestror Kirchner, es el mismo que le puso la firma a un acuerdo leonino con el Club de París.

Paradójicamente, es el ministro alineado con el FMI quien viene a celebrar un arreglo más ventajoso para la economía argentina. Sergio Massa anunció, junto al grupo acreedor, una reestructuración en 13 cuotas semestrales con una quita en los intereses financieros y punitorios. Eso sí, como en el último acuerdo con el Fondo, el mayor peso recaerá en el próximo gobierno, que podría ser del mismo signo (o parecido) del que dejó la deuda por 44.500 millones de dólares.

Por los desbarajustes que provocaron el "plan platita" y la máquina alocada de fabricar billetes, desde que asumió la fórmula Fernández-Fernández, grandes despotricadores de la herencia de Macri, nos encontramos frente a una bola de deuda que ya ha sumado otro monto equivalente a 67.700 millones de dólares en el período que va de diciembre de 2019 a septiembre de 2022.

No hay ajuste más brutal sobre la población vulnerable y la masa de trabajadores que la inflación cercana al 100 por ciento. A eso se suma el ajuste fiscal que exigen las metas del FMI para achicar el déficit, lo que no implica que vaya a bajar la espiral inflacionaria de cuajo. Un sacrificio sobre el otro, como consecuencia lógica del alegre malgasto por las prioridades de la política, que no suelen ser las de la población.

Entre discusiones y chicanas, trazos gruesos y letra chica, la Cámara de Diputados acaba de votar un presupuesto para 2023 que, entre otras consideraciones, dista de ser creíble toda vez que prevé una inflación del 60 por ciento con cláusula de revisión.

Resulta entendible que la realidad imponga austeridad en las cuentas públicas y cuidado en el gasto cuando se proyecta un crecimiento del PBI sensiblemente menor al de este año y la brecha entre ingresos y egresos se hace insostenible. Sin embargo, lo ilógico es que le den un hachazo a las partidas en inversión educativa del orden del 15,5 por ciento (informe del Observatorio de Argentinos por la Educación). Todo quedará sujeto a la reasignación presupuestaria discrecional del Jefe de Gabinete. Eso sí, el dispendio de la política no se toca.

Ni un paso atrás

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El acto nacional del sábado de la UCR.

El acto nacional del sábado de la UCR.

La oposición ha logrado abroquelarse para defender las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Por principios elementales o por conveniencia, está decida a defender las reglas del juego establecidas, cuando se va entrando a la recta electoral.

Favorece su posición no sólo la razón, sino el hecho de que el oficialismo está dividido en sus intenciones, porque, en resumidas cuentas, lo que le viene bien al cristinismo complica al albertismo en su estrategia de supervivencia.

Motivos y excusas nunca faltan para intentar ocultar los cálculos políticos que, no obstante, no se pueden encubrir. "Tenemos que convencer a Alberto de suspender las PASO", reconoció públicamente el ministro Wado De Pedro, una forma patética de seguir socavando la autoridad presidencial.

Si Juntos por el Cambio se está atomizando por las ambicionadas candidaturas, un recurso para encolumnarlos es insistir con la eliminación de las PASO. Los principales referentes opositores se han abroquelado en su posición institucionalista.

A propósito de la preciada unidad, un nuevo aniversario del triunfo electoral de Raúl Alfonsín juntó a las principales cabezas del radicalismo con algunos acompañamientos notorios, como el de Rodríguez Larreta, quien a su vez está impulsando a su aliado radical, Martín Lousteau, para sucederlo en Ciudad.

En el acto hubo críticas al ala dura del Pro, y el gobernador jujeño Gerardo Morales, titular del partido que quiere competir para presidente en las PASO, apuntó directamente a Macri: "Liderar no es creer que tenemos el mejor equipo para los próximos 50 años y después fracasar", dijo filoso.

Con la vocación de pasar a ser la pata fuerte de la coalición y no segundones de sus socios del Pro, se escucharon dardos de todo tipo, con excepción de dirigentes como Alfredo Cornejo, quien parece comprender que el verdadero adversario es el Frente de Todos, hacia donde dirige sus críticas más fuertes.

Un clima denso y una relación cada vez más áspera al interior de Juntos por el Cambio muestra la lejanía de la dirigencia de los problemas acuciantes de la población. Queda poco tiempo para que los principales referentes del espacio opositor caigan en la cuenta de cuáles son las prioridades y que no deben dejar malheridos en el campo de batalla. Sin un ordenamiento interno y un programa convincente la principal coalición opositora corre el riesgo de no llegar bien a las PASO.

Como contrapartida, el Frente de Todos tiene la responsabilidad de gobernar, nada menos, y sin una relación mínimamente armónica entre sus principales figuras seguirán estropeando la estabilidad económica y la gobernabilidad.

Este 2022 está resultando complicado, pero el que viene, año electoral, se avisora como demasiado incierto para el país. Y si se rodara en el futuro una película sobre esta época, de seguir así, no habrá argumento que pueda dejar bien parados a los políticos de hoy.

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