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El paso de los años no significa el cese de actividades. Muchos mendocinos lo demuestran a diario.

Los viejitos lindos y sus bonitas historias

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Por Gustavo De Marinis

gdemarinis@diariouno.net.ar

Bonitas y conmovedoras historias –algunas tristes, la mayoría felices– hemos visto, leído y escuchado los mendocinos últimamente relacionadas con gente grande. Algunos, fríamente, los llaman ancianos. Otros, cariñosamente, les dicen abuelos. Y también se los menciona, con más calidez, viejitos lindos o viejitas lindas.

Las historias a las que se hace referencia aquí no tienen nada que ver una con otra, pero cuentan con un punto en común y es que los protagonistas son viejitos lindos que demuestran que de ningún modo la denominada tercera edad es pasiva. Por el contrario, es mucho lo que tienen para darnos, sobre todo sabiduría y buenos ejemplos.

Y si no, vean al querido José Bermúdez, que a sus 90 años expone 90 Años, 90 Obras, con dibujos, grabados y pinturas de distintas épocas en el Museo de Arte Moderno, en el subsuelo de la plaza Independencia. Está bueno para ir a verla y si se encuentra con el maestro va a ver lo bien que está y lo mucho que tiene para dar.

Ya está dicho que no tiene nada que ver, pero a los efectos de esta opinión es válido también repasar lo sucedido con doña Ramona, quien en realidad se llama Francisca Clema Romero. Es una incógnita cuántos años tiene. Figura en su documento con 84, pero tiene muchos más porque la inscribieron bastante después de su nacimiento. Pero no importa: al margen de si son 84, 99 o 100 y pico, .

Se perdió tres días, la encontraron y volvió a su humilde casita. Los periodistas la entrevistan y ella no pide nada. Sin embargo, necesita una mano, oficial y extraoficial también, para no vivir en condiciones tan precarias. Lo llamativo, y que hay que subrayar, es el espíritu y la energía con la que se desenvuelve pese a sus carencias y sus años.

Otro ejemplo de vitalidad de viejos lindos es el de , que este viernes se casaban por el Registro Civil y el sábado festejaban con la familia y los amigos. En una nota con este diario, los novios estuvieron todo el tiempo tomados de la mano y sonriendo. Excelente postal es la que dejaron.

Podríamos extendernos y mencionar más ejemplos de esos cotidianos, que se ven por ahí, como el del fotógrafo Santiago Pizarro pedaleando 50 kilómetros los domingos mientras prepara, a los 80 años, la edición de su segundo libro sobre ciclismo cuyano.

Y ni hablar de Julio Le Parc, brillando con su prestigioso arte en París, a los 84 años.

Hay más, muchos más, como el Negro Ramón Ábalo, periodista y militante social, que a los 84 años continúa con su trabajo en medios independientes y su activa participación en organismos de defensa de los derechos humanos.

Y también los muchachos y muchachas que fueron homenajeados en la Legislatura, en el Salón de los Pasos Perdidos. Son los precursores de la primera emisión de televisión en Mendoza hace 50 años. Entre ellos está José María Vega (Jota Ve), quien ahora nos deleita con sus cuentos relacionados con el Mundial de fútbol de 1978 y la dictadura.

La conclusión es que tenemos muchos viejitos lindos que nos viven dando ejemplos. Viejitos lindos a los que hay que cuidar y mimar.

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Doña Ramona. Hay que ayudarla. Foto: Archivo.

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