Gene Simmons en plan solista: rock sin maquillaje

Por UNO

El líder de Kiss, Gene Simmons, se presentó este martes por la noche en plan solista en Groove, ubicado en el barrio porteño de Palermo, en donde ofreció un show en el que evidenció el muy buen rock que es capaz de desplegar sin el habitual maquillaje y toda la parafernalia que suele desplegar con la legendaria banda.

Con un repertorio basado en su totalidad en clásicos de Kiss, y acompañado por una banda integrada por tres guitarras y una batería, Simmons dejó en claro que es un gran cantante de rock y un eficiente bajista, que va directo al grano, sin perderse en innecesarios floreos.

Pero además, la ausencia de maquillaje y el hecho de abstenerse de su famoso gesto de sacar la lengua, no le impidió a la estrella de la noche posicionarse como un gran showman, con un fluido contacto con sus fieles seguidores, en medio de elogios a las bondades argentinas, frases en español e invitaciones a la gente a cantar y bailar sobre el escenario.

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Al frente de la The Rock N Roll Residency, de Nashville, integrada por el baterista Jarred Pope y los guitarristas Phil Shouse, Jeremy Asbrock y Ryan Cook, el hombre que alcanzó fama mundial con su personaje de "El Demonio", repasó durante poco menos de una hora y media de show muchas de las canciones de los primeros discos de Kiss, aquellos más celebrados por sus fans.

Entre ellas, destacaron "Deuce", Nothing to loose", "Do you love me?", "Calling Dr. Love" y "Parasite", sin dejar de lado otros hits más radiales como "I love it loud", "Shout it out loud" y el infaltable final de fiesta con "Rock and Roll all nite".

Con apenas una demora de diez minutos, ante un público casi uniformado con remeras de la famosa banda enmascarada y hasta algún menor de edad que se animó a pintarse la cara, la recordada risa que cerraba el tema "Radioactive", de su álbum solista de 1978, marcó el inicio del show.

Cabe destacar que se trató de la primera vez que Simmons visitó el país sin la legendaria banda, a excepción de un breve set en un show compartido en 2012 con otras figuras del género, que llevó el nombre de "Rock and Roll Stars", en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

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Con apenas el logo que rezaba "Gene Simmons Band" como única gráfica, y sobrios ropajes, el bajista y cantante apeló a un rock simple pero vibrante, tocado con mucha potencia, para enloquecer a la audiencia que coreó y celebró todas las composiciones.

Esta postura acercó la propuesta de anoche al Kiss post-maquillaje de los '80 y buena parte de los '90, época en la que el confetí cedió ante el hard rock y un perfil mucho más bajo, alejado sobre todo de leyendas absurdas y redituables misterios.

"Muchas gracias. ¿Cómo están compadres? ¿Cómo están chicas?", dijo Simmons en un españolizado castellano, como respuesta al "soy kissero, no puedo parar" que surgía del público, además de tomarse tiempo para el obvio gesto de elogiar "el bife y las chicas" locales.

En tanto, de los parlantes salían gemas de la banda neoyorkina, con un inicio que con "Deuce", "Nothing to loose", "Parasite" y "Shout it out louder" ya bastaba para que los fans pudieran retirarse con la sensación de haber vivido una noche inolvidable.

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"Déjenme presentarles a la banda más peligrosa del mundo", dijo "El Demonio" como preludio a un intervalo musical en el que la banda de Nashville hizo una especie de presentación de lujo, con un dinámico rock cargado de precisión y potencia.

Acto seguido, fue el momento de invitar a chicas del público al escenario a bailar al ritmo de "Do you love me?" y "I love it loud", en un pasaje en el que por suerte se evitó caer en obviedades misóginas y quedó en un lapso simpático del show.

Piezas como "Wathchin' you", "War machine" y "Domino" pusieron crudeza y la cuota de rock genuino para los fans puristas, en tanto que "Charisma" y "Calling Dr. Love" volvieron a crear un clima más festivo.

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Hacia el final, Simmons volvió a invitar al público al escenario, aunque en este caso sin excepciones de género, para crear una verdadera celebración con "Rock and Roll all nite", el grito de guerra de Kiss, que suele ser un despliegue de color y pirotecnia.

En este caso, esos artificios fueron reemplazados por el improvisado coro de fans, que pudieron darse el gusto de cantar con el ídolo que en los '70 aterrorizó a toda a una generación.

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Precisamente, este cierre resultó la gran síntesis de una noche en donde quedó en claro que, detrás de los grandes escenarios, los rimbombantes despliegues técnicos y las caricaturescas posturas, existe un gran repertorio, plagado de clásicos del rock, ideados por un destacado músico, que sin dudas debe ser ubicado entre los grandes del género.

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