Una persistente y devastadora ola de lluvias torrenciales que golpea el sureste de Brasil, especialmente al estado de Minas Gerais, dejó al menos 36 muertos y mantiene a equipos de emergencia en plena búsqueda de decenas de personas desaparecidas, mientras miles de familias fueron desplazadas y barrios enteros quedaron inundados o destruidos.La situación se agravó en las últimas horas en ciudades como Juiz de Fora y Ubá, dos de los municipios más afectados por el temporal.
Lluvias récord, inundaciones y deslizamientos
El fenómeno se mantuvo con lluvias torrenciales generó precipitaciones históricas para la temporada en la región montañosa de Minas Gerais. En Juiz de Fora, con cerca de medio millón de habitantes, se registraron densas tormentas, inundaciones masivas y múltiples deslizamientos de tierra, que devastaron viviendas y carreteras y obligaron a evacuaciones masivas.
Según informó Infobae, las autoridades informaron que los bomberos encontraron en la última madrugada cuerpos de cinco personas en Juiz de Fora, donde se concentra la mayoría de los decesos y desaparecidos. En la cercana ciudad de Ubá también se reportaron varias víctimas fatales y daños materiales significativos.
Las fuertes lluvias inundaron barrios completos, causaron deslizamientos que sepultaron casas y destruyeron infraestructura básica y obligaron a miles de personas a abandonar sus hogares de manera urgente para buscar refugio en zonas más seguras.
Operativos de rescate y búsqueda
Equipos de bomberos, defensa civil y fuerzas de seguridad trabajan desde hace varios días en múltiples frentes de búsqueda para localizar a quienes siguen desaparecidos entre el lodo y los escombros. Las autoridades confirmaron que, además de los 36 fallecidos, aún hay al menos 33 personas sin contacto, lo que mantiene la urgencia de los operativos.
Las condiciones climáticas adversas con predicciones de más lluvias complican el avance del trabajo de rescate y elevan el riesgo de nuevos deslizamientos o inundaciones en zonas vulnerables.
El nivel de destrucción ha llevado a gobiernos locales y al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a declarar estado de calamidad en las zonas más devastadas, con el objetivo de agilizar la asistencia humanitaria y el envío de recursos. Los municipios afectados han solicitado ayuda nacional para apoyar a las familias desplazadas y coordinar la reconstrucción de infraestructuras esenciales.
Organizaciones comunitarias y vecinos afectados describieron escenas de desesperación, con calles cubiertas de barro, viviendas colapsadas y relatos de pérdidas personales y materiales que reflejan la magnitud del desastre.
Consecuencias del temporal y previsiones
Las lluvias, que superaron con creces los promedios históricos para febrero, provocaron que ríos se desbordaran, generaran erosión de terraplenes y colapsos de viviendas en zonas de ladera. El fenómeno fue comparado con otras tragedias climáticas recientes en Brasil, donde fuertes precipitaciones han generado inundaciones letales en años anteriores.
La acumulación de agua en un corto periodo tensionó los sistemas de drenaje y las laderas ya saturadas por lluvias previas, incrementando el riesgo de nuevos derrumbes e impidiendo una rápida normalización de la situación.
Apoyo y asistencia a las familias afectadas
Las autoridades regionales anunciaron ayudas económicas provisionales para las personas que perdieron sus hogares, así como la apertura de albergues temporales para alojar a los desplazados. También se envió personal médico y de asistencia social para atender a heridos y brindar apoyo psicológico a quienes sobrevivieron a la tragedia.
Mientras tanto, equipos de rescate continúan trabajando sin descanso para localizar a quienes aún no han sido encontrados bajo las capas de barro y restos arrastrados por el agua.





