Collin tenía tres años cuando vio la película Frozen por primera vez. Desde ese momento, el pequeño se enamoró de la princesa Elsa y quería ser como ella. Su padre, Stuart, entre muchas dudas, lo dejó ser. Permitió que se pusiera vestidos, que cantara como ella, que usara su disfraz. Lo único que importaba era la felicidad del pequeño pero un día todo cambió.
El pequeño volvió del colegio llorando. Un compañero de escuela le había dicho que solamente las nenas se disfrazaban de princesas y le contó todo a su padre.
Frente a esto, Stuart escuchó a su hijo y decidió que debía hacer que fuese feliz otra vez y enseñarle que eso es lo que más importa.
Unos días después, se estrenaba en su ciudad, Sidney, la obra musical de Frozen y el padre decidió que iban a ir a verlas y ambos iban a ir como Elsa.
La imagen de su llegada se viralizó y fueron muchos los que aplaudieron la actitud del padre.
No obstante, también estuvieron los que criticaron a Scott y este usó sus redes sociales para contestarles:
“Durante años, mi familia me hizo pensar que dejar que mi hijo se vistiera como Elsa, era un error. Algunas veces hicieron que cuestionara mi decisión, pero el solo ver su cara de felicidad me hace recordar que tomé la decisión correcta", adujo
“Si mi hijo quiere hacer algo fuera de una ‘norma’ de género, yo también lo haré para que vea que está totalmente bien ser un hombre y usar un vestido”, manifestó, cosechando los halagos de una gran parte de personas.


