COPIAPÓ, Chile– Tres de los mineros de Atacama obtuvieron el alta médica ayer en el hospital San
José del Carmen, del centro de Copiapó, adonde fueron trasladados el miércoles los 33 trabajadores
rescatados del cautiverio forzado por un derrumbe a casi 700 metros de profundidad en la mina San
José.
Jorge Montes, subdirector del nosocomio, confirmó las tres altas pero se negó a dar las
identidades de los destinatarios. Al mismo tiempo anticipó que, hoy, "el número de altas será muy
superior". Anoche se supo que Juan Illanes, el boliviano Carlos Mamaní y Edison Peña eran quienes
habían dejado el hospital.
Fuentes sanitarias señalaron que fueron los mineros quienes pidieron que se mantuviera el
anonimato de los dados de alta, así como en secreto los horarios de salida.
Otra voz del nosocomio explicó que se obvió la explicitación de los horarios de salida de los
rescatados porque "de lo contrario se entorpece la entrada y la salida de pacientes con
enfermedades complejas, que en muchos casos necesitan tratamientos urgentes".
Después del exitoso rescate conseguido a través del Plan B montado en la mina San José, el
grueso del operativo mediático global que rodeó al caso se trasladó unos 50 kilómetros, desde el
desierto hasta las inmediaciones del centro sanitario de Copiapó.
Los cuatro accesos al interior del hospital fueron desbordados por trabajadores de prensa que
no disimularon la desesperación por conseguir el testimonio de alguno de los mineros rescatados,
algo que fue imposible a pesar de registrarse varios amagues durante el día.
El centro de la escena mediática volvió a ser ocupado ayer por el jefe del gobierno chileno,
Sebastián Piñera, quien fue el primer funcionario en tomar la palabra desde el micrófono ubicado en
el atril especialmente colocado frente a las cámaras que se apostaron en una de las entradas del
hospital de Copiapó.
En primera persona
La televisión estatal de Chile tuvo ayer el privilegio de contar con el testimonio en vivo de
uno de los 33 mineros. Richard Villarroel reveló –en diálogo telefónico con la televisora– que el
peor momento del cautiverio fue "cuando cayó el segundo bloque y se cerró por completo la mina". El
rescatado se refirió al derrumbe de una piedra de miles de toneladas sobre la mina, que ocurrió el
11 de agosto, mientras desde la superficie se intentaba detectar a los 33 mineros, en ese momento
sin ubicación cierta. El derrumbe ocasionó que la acción de los rescatistas se interrumpiera por
unos días. "Ahí fue que nos asustamos de verdad, porque se cerró por completo (la mina)", subrayó
el técnico mecánico. Aunque dijo que nunca dudaron de la búsqueda desde la superficie, sostuvo: "
Igualmente buscamos por dónde escapar, cómo subir por las chimeneas de ventilación, pero éstas no
tenían escaleras, así que lo descartamos".
Señaló también que José Henríquez fue una figura "clave" para la unidad del grupo en
cautiverio. "Don José Henríquez fue el 'pastor' que tuvimos en la mina. Era el hombre clave en
unirnos todos los días". Además contó que, cuando llegó la sonda al taller, "varios la golpeamos
con llaves y culatines de perforadoras", herramientas que le obsequió a su madre cuando volvió a la
superficie. Villarroel, de 27 años, quien fue rescatado en el lugar número 28 en la noche del
miércoles, confesó que en la profundidad del refugio pensó "que no iba a poder volver a ver a mi
señora, que no iba a ver nacer a mi hijo". En noviembre será padre por primera vez.
Este testimonio fue uno de los ofrecidos por algunos de los mineros a la prensa, mientras que
los familiares de los rescatados que se arrimaron hasta el hospital siguieron siendo la atracción
de las cámaras y los micrófonos.
Julio Baldarrago Segovia, tío del minero Víctor Segovia, se destacó en la puerta del centro
asistencial por su pintoresca corbata y la emoción con la que contaba las sensaciones de la familia
durante los más de dos meses de espera para reencontrarse con el ser querido.
"Al principio fue un sufrimiento. Sentimos un dolor grande porque hasta la misma gente del
gobierno tenía dudas de que estuvieran vivos. Cuando dieron la señal de vida tuve la convicción de
que los rescatarían, porque soy de los que creen en Piñera; él hizo una promesa y yo sabía que la
iba a cumplir", dijo el tío, vestido de traje azul oscuro y portando una bandera de Chile con la
foto de "los 33".