Florence Widdicombe, una niña de Londres de 6 años, quería enviar a sus amigos tarjetas navideñas de la cadena británica Tesco, todas ellas de gatitos que llevaban un gorro de Papá Noel, pero para su desconcierto descubrió que una de ellas ya tenía un mensaje dentro.
Te puede interesar: ¡Tremendo! El furioso reclamo de Luisana Lopilato a Michael Buble: "¿Quién es esa zorra?"
"Somos prisioneros extranjeros en la prisión Qingpu de Shanghái, China. Forzados a trabajar contra nuestra voluntad. Por favor ayúdennos y notifiquen a la organización de derechos humanos", se leía en mayúsculas. The Sunday Times fue el primer medio en reportar sobre un potencial "gulag" chino con dudosas prácticas laborales, y después de su material Tesco detuvo la producción de sus mercancías en una fábrica china y lanzó una investigación.
Efectivamente, la cadena de supermercados británica Tesco anunció este domingo que ha dejado de vender tarjetas de Navidad fabricadas en China tras encontrarse en una de ellas un mensaje de los presos que las producían denunciando que los hacían trabajar en contra de su voluntad.
El autor del desesperado mensaje pidió que la persona que recibiera aquella tarjeta se pusiera en contacto con Peter Humphrey, ex periodista británico detenido en China mientras trabajaba de investigador corporativo, que también cumplió una condena en la cárcel Qingpu.
El padre de la niña buscó el nombre en Google y descubrió que se trataba del ex periodista e investigador privado que fue detenido en verano de 2013 y condenado en 2014 a dos años y medio de prisión por violación de las leyes chinas sobre la vida privada, mientras ejercía en el país contratado por el grupo británico GlaxoSmithKline (GSK).
Widdicombe, quien encontró la tarjeta, comentó a The Sunday Times que al principio en su familia pensaron que se trataba de una suerte de broma, pero luego se quedó horrorizado al darse cuenta de la potencial gravedad del asunto y se sintió responsable de pasar el mensaje al destinatario, como pidió el autor del mensaje navideño. También le explicó a su hija qué significaba aquel pedido de socorro que la dejó perpleja.
Por su parte, Peter Humphrey sostuvo que sabe quién dejó el mensaje en la tarjeta de Tesco, pero se niega a revelar el nombre por temores de posibles represalias contra esta persona. Entrevistado por la BBC, aseguró que fue un mensaje colectivo de algunos de sus ex compañeros de celda que todavía cumplen sus condenas.
Después de que la familia de los Widdicombe se pusiera en contacto con él, Humphrey se contactó con ex prisioneros de la misma cárcel que le confirmaron que allí estos días se practica el uso de mano de obra forzado, algo que sucede hace varios años, cuando el propio ex periodista estaba en el lugar, eran labores voluntarias que permitían ganar algo de dinero para comprar jabón o un dentífrico.
Tras el escándalo, Tesco declaró que cuenta con un "sistema de control exhaustivo". La fábrica, que según el grupo se llama Zheijiang Yunguang Printing, fue objeto de un "control independiente" en noviembre y "no se encontró ningún elemento que sugiriera que había infringido nuestra norma, que prohíbe el trabajo penitenciario", lo que habría conllevado una ruptura de contrato "inmediata y definitiva".




