La imposibilidad de los divorciados o separados vueltos a casar de acceder a los sacramentos fue ratificada por la Iglesia católica a través de un extenso artículo del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Gerhard Ludwig Müller, publicado este miércoles en L’Osservatore Romano.
El artículo, titulado "La fuerza de la gracia", reitera la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el valor del matrimonio indisoluble.
El prelado recuerda que "el estudio de la problemática de los fieles que contrajeron una nueva relación civil después del divorcio no es nueva y fue siempre conducido con gran seriedad por la Iglesia".
"Los creyentes hoy se preguntan con seriedad si la Iglesia no podría consentir en determinadas circunstancias el acceso a los sacramentos para los fieles divorciados y vueltos a casar", o si "la Iglesia tiene las manos atadas para siempre".
En este sentido, señala que "la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real que toca la realidad personal, social e histórica del hombre, que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional y seguidamente recuerda de manera detallada los principales documentos de la Iglesia sobre el tema".
En el escrito, el autor enumera todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que hacen referencia a la unidad e indisolubilidad del matrimonio y al adulterio, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y concluye que "la Iglesia católica, en su enseñanza y en su praxis, se ha referido constantemente a las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio".
"El pacto que une íntima y recíprocamente a los dos cónyuges ha sido instituido por Dios mismo. Se trata por tanto de una realidad que viene dada por Dios y ya no queda a disposición de los hombres", sostiene.
El obispo alemán, según AICA, rechaza también "el argumento de la misericordia", precisamente porque "todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede revocarse apelando al principio que lo sostiene".
Así, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe escribe que "aunque por su propia naturaleza no sea posible admitir a los sacramentos a las personas divorciadas y vueltas a casar, tanto más son necesarios los esfuerzos pastorales hacia estos fieles".
"Pero se debe tener en cuenta que tales esfuerzos tienen que mantenerse dentro del marco de la Revelación y de los presupuestos de la doctrina de la Iglesia", añadió. Reconoció que "el camino señalado por la Iglesia para estas personas no es simple. Sin embargo, ellas deben saber y sentir que la Iglesia, como comunidad de salvación, les acompaña en su camino. Cuando los cónyuges se esfuerzan por comprender la praxis de la Iglesia y se abstienen de la comunión, ellos ofrecen a su modo un testimonio a favor de la indisolubilidad del matrimonio".
La solicitud por los divorciados en nueva unión "no se debe reducir a la cuestión sobre la posibilidad de recibir la comunión sacramental. Se trata de una pastoral global que procura estar a la altura de las diversas situaciones. Es importante al respecto señalar que además de la comunión sacramental existen otras formas de comunión con Dios".
Fuente: NA
