Francisco estará en contacto con la pobreza extrema

Por UNO

Los cerdos escarban en la basura en busca de sobras. La gente vive en chozas de madera terciada y láminas de zinc. Las rutinas de la vida en esta enorme barriada de 15.000 personas se ven trastornadas cada vez que las lluvias torrenciales provocan desbordes del río Paraguay que transforman las calles de tierra en lodazales intransitables.Bañado Norte es una de las zonas de pobreza extrema que el papa Francisco visitará durante su gira por tres países sudamericanos a partir del domingo. En Ecuador como en Bolivia y Paraguay, el pontífice pasará por lugares que los turistas raras veces o nunca visitan y que la gente local trata de evitar.

La visita de Francisco, que ha colocado la opción por los pobres en el centro de la misión eclesial, ha generado esperanzas en muchos fieles de que su miseria será aunque sea por poco tiempo el centro de atención.

Magdalena Ramos espera llamar la atención de Francisco cuando visite la pequeña capilla de paredes desnudas en Bañado Norte para que ayude a su hijo, cuyos problemas neurológicos congénitos lo mantienen en la cama. Sin duda habrá muchas súplicas como éstas durante la gira papal, que pasará por Ecuador y Bolivia antes de llegar a Paraguay el 10 de julio.

En Ecuador, Francisco se reunirá con miembros de su orden jesuita en Guayaquil, una ciudad costera brumosa donde hay varias barriadas pobres. Celebrará la misa en el parque Samanes, a pocas cuadras de tres barrios de invasión cuyos habitantes viven en casuchas de bambú y madera con techos de zinc.

En Bolivia, Francisco visitará la cárcel de Palmasola, en las afueras de la ciudad central de Santa Cruz, controlada esencialmente por sus 3.500 presos. Cuatro de cada 5 presos aguardan juicio en un país de sistema judicial ineficiente y desbordado.

La opción por los pobres de Francisco tiene mucho en común con la teología de la liberación, una ideología de la que el Vaticano tomó distancia. “Los pobres son más visibles que nunca desde Vaticano II,” dijo en Roma el historiador de la iglesia Massimo Faggioli, en alusión al concilio de 1962-65 que impulsó a la Iglesia hacia la modernidad.

Fuente: AP