CONCEPCIÓN, Chile– La presidenta chilena, Michelle Bachelet, reconoció con lágrimas en los ojos que
los muertos por el terremoto y los tsunamis superarán los más de 800 reportados, mientras fuertes
réplicas revivien el terror en las zonas devastadas. Anoche y esta mañana hubo remezones. El último
fue en la región de Bio Bio, a las 6.03, hora de Chile y Argentina. Tuvo una magnitud de 5,1 en la
escala de Richter.
Una réplica de 6,1 grados en la escala de Richter se produjo poco antes de la medianoche del
miércoles en la zona central de Chile. Fue la segunda más fuerte desde el terremoto que azotó al
país el pasado sábado. Se sintió en Mendoza. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el
epicentro del sismo se registró a 39 kilómetros al suroeste de Valparaíso, reportó la agencia
DPA.
El siguiente se registró a la 1.23, hora de Chile, y tuvo una magnitud de 4,9 grados en la
escala Richter.
En la ciudad de Concepción, una de las más devastadas por el terremoto, cientos de personas
corrieron a la desbandada ayer por la tarde cuando la tierra volvió a rugir con al menos cuatro
réplicas de magnitud superior a 5.
En tanto, la Armada admitió que falló en no comunicar claramente el peligro de tsunamis tras
el sismo de magnitud 8,8 que sacudió Chile en la madrugada del sábado, borrando pueblos costeros
del mapa.
El gobierno confirmó hasta ahora 802 muertos, pero la cifra podría dispararse cuando se
confirme el paradero de cientos de desaparecidos.
"Tengo la impresión de que van haber más muertos", dijo Bachelet con la voz entrecortada en
una entrevista radial.
La Armada dio un paso al frente y reconoció que no avisó a tiempo sobre los devastadores
tsunamis, cuyas olas de hasta 15 metros barrieron la costa del Centro y Sur del país.
"Hubo titubeo por parte nuestra", dijo el comandante en jefe de la Armada, almirante Edmundo
González, al canal TVN.
Según un documento obtenido por el diario El Mercurio, la Armada creyó que el epicentro era
en tierra, y por lo tanto no había riesgos de tsunami.
Luego, al constatarse que era en realidad un maremoto, la Armada dio un alerta que, sin
embargo, levantó apresuradamente cuando aún olas gigantes se dirigían hacia la costa.
El mea culpa de la Armada no sirvió de consuelo para las víctimas, que vieron como el mar se
tragaba sus casas y hasta sus familiares.
"La población murió por falta de información", dijo Valder Vera, poblador de la aldea de
pescadores de Dichato.
Bachelet, quien finaliza su mandato la próxima semana, dijo que no era hora una caza de
brujas, sino de que los chilenos se unan para sacar al país adelante.
Pese a que a autoridades dijeron que lo peor ya pasó, el miércoles todavía había cientos de
personas que se negaban a bajar de los cerros, adonde corrieron a buscar refugio por temor a nuevos
tsunamis.
En tanto, varias fuertes réplicas resucitaron ayer el pánico en Concepción, la segunda
ciudad de Chile, donde huyeron a las zonas altas, pese a que las autoridades no decretaron alerta
de tsunami.
Bachelet dijo que Chile vive una "suerte de angustia y psicosis colectiva".
El gobierno intentó calmar a la población y aseguró que no hay desabastecimiento de comida
ni combustible.
El costo de la catástrofe es aún incierto, aunque algunos especialistas han calculado los
daños en al menos unos 30.000 millones de dólares.
La Bolsa de Valores de Santiago cayó el miércoles 1,3%, arrastrada por empresas que operan
en las zonas afectadas por el sismo y los tsunamis.
Chile, una de las economías más estables de América Latina, fue golpeada por el sismo cuando
trataba de recuperarse de una recesión causada por la crisis financiera global.
Pero el caos ayer en el dañado aeropuerto de Santiago, donde cientos de turistas intentaban
abandonar el país, daba una idea de cuánto afectó el sismo el funcionamiento de Chile.
