Mendoza Domingo, 1 de julio de 2018

Venier: el ministro de Seguridad que fue periodista de Diario UNO

Hace 25 años, aún estudiaba Derecho, cuando realizó un curso y se sumó a la redacción de Primera Fila y de este medio. El oficio, dice, le renovó el amor por la palabra y hasta lo potenció para escribir un libro de cuentos de tintes borgeanos

Tiene 50 años, pero a quien se le ocurriese seguir los vaivenes de su ajetreada historia le quedará la sensación de que tiene 50 vidas y la capacidad de ir de una a otra sin escalas. Entre todas ellas, alguna vez peleó judicialmente para tener el nombre que tiene, en otra estudió piano, en una más cercana fue padre de Leopoldo (2) y la actual lo llevó a ser ministro de Seguridad. Pero justo en el medio de su existencia, Gianni Venier fue uno de los periodistas que trabajaron en las primeras ediciones de Diario UNO, que el miércoles 27 de junio cumplió 25 años desde su primera tirada en Mendoza. -Cuando se gestaba este diario estabas estudiando Derecho, ¿cómo llegaste al periodismo y a trabajar en el UNO?-Yo escribía, siempre he sido muy lector. Por la escritura me llaman de la Cámara Junior, que es una institución internacional de jóvenes de 18 a 40 años, en donde aprendés funciones de liderazgo y conocimiento, hay muchos empresarios y gente de la política que la conformaban, yo era secretario. Con ellos nos reunimos con gente de la Universidad de Congreso y ahí me cuentan que en el subsuelo se daban los cursos para el diario que se estaba gestando. Entré y me acuerdo que éramos 88, yo era el único de Derecho y me decían vos vas a quedar guardado, pero al mes y medio ya me habían contratado. Les llamó la atención una investigación que hice de los días previos a la caída del gobierno militar: busqué el boletín oficial y llamé a la familia Martínez Baca, y lo vio Andrés Gabrielli, que era uno de los que tomaban el curso, y me llamó. -Y de aquellas coberturas, ¿cuál recordás?-Trabajé primero en la revista Primera Fila y después en Diario UNO. Después me fui para recibirme de abogado y escribí artículos separados, con Marcela Furlano trabajé los "Crímenes más famosos de Mendoza", que fueron muy interesantes. Al poco tiempo de irme, me fui a Estados Unidos, y me entero que el hijo de Mario Vargas Llosa, que estuvo hace poco acá, Álvaro, era el director del New Herald de Miami, la versión latina. De caradura, yo me había llevado una credencial de acá, le pregunté si lo podía entrevistar y aceptó. Ahí me relató algo que se ve ahora: él decía el hervidero que es Miami, es el anticipo de Latinoamérica, porque hay tanta confluencia en este lugar que todo lo que vaya a ocurrir en Latinoamérica va a empezar primero acá. Y es verdad, se dio con las drogas peligrosas y bandas, que después llegaron acá. Eso salió en el UNO, justo antes de que Fujimori los acusara a él y al padre de traición a la Patria.

-Y ese trabajo ¿tuvo algún impacto en tu vida? -Me renovó el amor por la palabra. El uso de la letra me parece fascinante. Borges decía que es muy difícil ser revolucionario con un sistema que no es revolucionario y que uno no puede dominar, que es justamente el lenguaje, porque a las palabras no las podés cambiar, mesa es mesa lo digas como lo digas. Es muy difícil armar desde ahí cambios totales, siempre va a haber una sujeción al mundo y te lo da simplemente la lengua. Siempre la palabra me llamó la atención, de chico, aunque suene muy nerd, fui campeón de verbos y de ortografía. El diario me dejó también la agilidad de resumir, de priorizar lo importante y comencé a escribir, y así llegué a escribir una serie de cuentos y saqué mi primer libro.-Quienes opinaron sobre tu libro "Límite del hombre" aseguraron que se nota la influencia borgeana...-Para mí después de Borges hay un estado depresivo de la literatura. Yo desde muy chico leía muchísimo y cuando llegué a leer El Jardín de los senderos que se bifurcan, dije no puede haber algo mejor que esto en la literatura. Y nunca más encontré nada así, salvo la parte de la descripción de la guerra, en La Guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa. De hecho desde ahí empecé a cambiar, a leer por autores, por temas concretos para ver qué me iba gustando, por ejemplo las teorías del conocimiento, la epistemología, pero medio que la literatura me generó un pequeño desencanto. -¿Ese desencanto fue el causante de que dejaras ese camino de la escritura?-A mí me gusta escribir cuentos, pero los remates, viste que tienen un cierre gestáltico, me costaban o cuando los terminaba no me gustaban. Seguí escribiendo para llegar a otra forma de cierre, quizás alguna vez vuelva a publicar. Una vez me encontré a Luis Jait, que es uno de los pocos mendocinos que ha publicado en las grandes editoriales, y me dio aliento hablando de la fuerza narrativa que había visto en mi libro. Todos los días me levanto pensando en escribir, eso es algo que me dejó el periodismo, cuando te levantabas a leer lo que habías escrito en el diario y querías escribir más. Te tengo que decir que en Primera Fila tuve la suerte de trabajar con Andrés Gabrielli, un tipo excepcional, un jefe con poesía, así lo definí yo. Un tipo motivante, entretenido, un referente. De hecho él presentó mi libro.-Para los mendocinos, hoy sos Gianni Venier, el ministro de Seguridad, pero no te fue fácil ni siquiera tener ese particular nombre...-A mí me bautizan Gianni Patricio en el año '68. En ese momento los nombres eran por una inclusión o exclusión de una lista. En aquel año, en que estaba Onganía, a Gianni que era extranjero no lo permitieron, entonces me ponen en el registro civil Andrés Patricio, pero me llamaron siempre Gianni y siempre tenía que explicar esto. Así es que el día que me recibí pedí que no me dieran el título e hice un juicio por el nombre, llevé a mis amigos, las notas periodísticas. Lo gané y senté jurisprudencia. Desde los 25 me llamo Gianni Andrés Patricio Venier.

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