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Se encuentra en el Club Martín Pescador, donde se habían lamentado por la pérdida de ese espejo. Desde el 19 de mayo, el arroyo Claro empezó a llevar un hilito de agua, y ya está casi al nivel máximo.

Una laguna de Palmira volvió a llenarse tras dos años y medio

Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar

Parecía que nunca más ocurriría. Dos años y medio atrás el agua había desaparecido y ya había pocas esperanzas de verla llenar nuevamente la laguna. Pero el 19 de mayo el arroyo Claro, que se había transformado en un sendero profundo y polvoriento, comenzó a hacer lo que había hecho siempre: traer hasta ese espejo primero un hilito de agua, y después un torrente.

“Fue una emoción muy grande ese día y también ahora, cuando ya se está llegando al nivel máximo”, relata Salvi Baudí, la mujer que integra la comisión directiva del Club Martín Pescador, la institución palmirense que fundó su padre en 1968 y cuya alma y atractivo principal fue la bendita laguna. La falta de nevadas en la alta cordillera que generó la crisis hídrica de los últimos años, sumado a la acumulación de basura y el descuido del cauce del arroyo Claro, hizo que éste se secara hace casi tres años y la laguna del Martín Pescador pasara a ser un recuerdo. El arroyo nace en Tupungato y se alimenta de varias vertientes. “Limpiaron el cauce y, además, en los últimos tiempos hubo más precipitaciones, lo que hizo que el arroyo volviera a traer agua”, explica Salvi. Mientras tanto, el club había mejorado la boca de ingreso a la laguna y también habían limpiado parte de lo que había sido su fondo y que, sin agua, se había transformado en un bajo de pastos crecidos. Recuerdo intacto “Ese 19 de mayo fue una emoción inmensa”, dice Salvi. Es que ella conserva todavía una foto en blanco y negro sacada en el ’68, cuando era una niñita y miraba asombrada junto a su padre Antonio cómo el agua llenaba por primera vez la laguna, cuyas costas de terraplenes habían sido hechas con muchos esfuerzos por la comisión de aquellos tiempos “a la que todos apodaban los locos”, recuerda la mujer. El agua no se frena allí, apenas se detiene. Después sigue corriendo hasta llegar al río Mendoza. Pero ese remanso fue suficiente para que, durante más de 40 años ese sitio fuera el más agradable de Palmira. Hoy la institución tiene 800 socios y cada uno paga mensualmente poco más de $30 por mes. “Es una cuota baja que no ayuda mucho a hacer grandes obras, pero es suficiente para darles servicios aquí en Palmira y  también en nuestro camping de El Carrizal”, cuenta Salvi. Ayer el nivel de la laguna no había llegado a la cota máxima, pero le faltaba poco, “quizá llegue ahí este fin de semana”, afirman en el club. Ya la gente del Martín Pescador ha sembrado pejerreyes y pronto también agregarán  una especie que ayude a mantener limpio su cauce. Y el lugar, entonces, volverá a ser lo que era, contra todos los pronósticos pesimistas. Algunos podrán creer que la noticia sólo incumbe a los pobladores del lugar, pero no, es un ejemplo de que el cuidado puede mejorar y hasta recuperar las condiciones ambientales. Quien seguro debe estar feliz es el espíritu de Antonio Baudí, el fundador del Martín Pescador. Las cenizas del Tuno, como lo conocían todos, fueron arrojadas en esa laguna el 27 de diciembre de 2008, tal como él había deseado. Ahora descansa nuevamente. Y los palmirenses respiran otra vez. Más de cuatro décadas Salvi Baudí, la hija del fundador del camping Martín Pescador de Palmira, aún conserva una foto en blanco y negro de cuando comenzaron a llenar por primera vez la laguna, en 1968. Especies acuáticas Actualmente, la institución tiene 800 socios, quienes ahora podrán volver a disfrutar de este espejo de agua. Muchos ya han sembrado pejerreyes y sumarán otra especie que mantiene limpio el cauce. Pronóstico Se espera que este fin de semana alcance su cota máxima si continúa el mismo ritmo de llenado. En su lecho fueron arrojadas las cenizas de Antonio Baudí, el mentor del famoso camping del Este.

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