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Los niños no pueden jugar fuera de las casas y resulta imposible realizar reuniones sociales o familiares. El problema es generado por la avícola Brugnoli, que fue emplazada por la Comuna para que se mude en agosto.

Una fuerte invasión de moscas desespera a los vecinos de Luzuriaga

Por Mariana Gilgil.mariana@diariouno.com.ar

Los vecinos de Luzuriaga están desesperados y cansados porque ya es insoportable la invasión de moscas que provoca una avícola a escasos metros del barrio Kobe. Según cuentan los habitantes de la zona, en el último año, la situación recrudeció y se tornó insostenible desde que el Municipio no puede ingresar a la firma a hacer inspecciones y desinfecciones. La Comuna decretó la emergencia sanitaria en febrero de este año y existe un emplazamiento para que la empresa mude sus instalaciones antes del mes de agosto, pero hasta ahora, no hay señales de que esto vaya a ocurrir a corto plazo.Los damnificados que luchan desde hace varios años con este problema han apelado a distintas instancias para pedir ayuda y aún no tienen solución. Varias denuncias, protestas con cortes de calles y hasta la creación de un grupo en Facebook bajo el nombre Moscas en Luzuriaga son algunas de las acciones que realizaron para hacer conocer su malestar.

Mientras tanto, la Municipalidad de Maipú, que tomó cartas en el asunto, ha tomado varias medidas para atender los reclamos vecinales, pero todo está frenado por un recurso de amparo judicial que presentó la avícola Brugnoli SA. Los intentos de Diario UNO para comunicarse vía telefónica y en forma personal con responsables de la firma, no fueron fructíferos. Sólo un empleado salió a dar la cara y se excusó detrás de un portón, aunque insinuó que no están desmantelando la fábrica, como se esperaba.Los relatos de los vecinos son más que elocuentes y la situación se extendió en el último tiempo a otros barrios de Maipú como el Antártida Argentina, El Torreón, Portal El Sauce y Don Octavio. La mayoría de los habitantes no puede colgar la ropa al aire libre, hacer reuniones familiares ni comer un asado en el patio. Y los niños no pueden jugar fuera de las casas. El uso de insecticidas es una práctica común y habitual que, sin exagerar, demanda de un envase por día y otros tantos artilugios que hacen las amas de casa para escapar de la presencia de los molestos insectos.Carmen Muñoz hace 25 años que vive en el Kobe y contó su padecimiento: “Es terrible. Mis nietos no pueden salir ni con un chupetín porque se le llena de moscas, no podemos comer un asado en verano. Nadie cree lo que vivimos, las moscas se comen las plantas, y tengo que tender la ropa y taparla con una sábana vieja para que no la manchen”. Agregó que hay casos de enfermos crónicos que padecen los efectos del veneno de la fumigación con insecticidas.En el barrio Antártida Argentina, Gladys Rivarola, quien tiene una despensa, graficó su malestar con textuales palabras: “Tengo que tener cerrada las puertas porque las moscas se posan en las tortitas y facturas. Tenemos que comprar veneno y gastamos todos los días $30 para rociar con aerosol hasta en las paredes”.Victoria Herrera, de la manzana C, que salió de su casa en penumbras porque no enciende las luces para no atraer los insectos, manifestó: “Gasto más de mil pesos por mes para poder comer sin moscas, tomar unos mates y tender la ropa en un toallón. A veces, se posan alrededor de 500 moscas”, ejemplificó la mujer.

Relación tensa entre la empresa y el Municipio

Entre la Municipalidad de Maipú y la empresa Brugnoli SA, dedicada a la producción de huevos y ubicada en la variante Hipólito Irigoyen 700, la relación está muy tensa. Es que las autoridades municipales ya no pueden ingresar al predio a hacer los controles sin la fuerza policial porque han sido víctimas de atropellos y agresiones.“No tenemos manera de controlarlos, hemos labrado tres multas y estamos trabajando para la clausura del predio debido al incumplimiento de las recomendaciones del Municipio. En este accionar intervienen distintos organismos, como el Ministerio de Ambiente, Agroindustria y Senasa, para que la actividad deje de realizarse en esa planta”, precisó Eduardo Mezzabota, secretario de Obras de esa Comuna.

“Tienen 120 mil gallinas y en cada gallinero que tiene 120 metros de largo, el guano llega a un metro de alto. Eso es un caldo cultivo para la proliferación de moscas. Hay gallinas muertas, humedad, falta de condiciones de higiene”, graficó el funcionario, quien a la misma vez explicó que hay una actitud negativa de la granja avícola de encuadrase en la normativa a la cual fue emplazada en varias oportunidades.

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Impresionante. En el techo de una casa del barrio Kobe están amontonadas las moscas. Los vecinos reclaman la partida de la firma Brugnoli SA.
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Grandes. Los insectos, además de la cantidad, también impactan por el tamaño.

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