Por Javier Cusimanocusimano.javier@diariouno.net.ar
El cura Daniel Forconesi (49) fue convocado para conducir el Colegio Sacerdotal Argentino. El miércoles próximo llegará a su nuevo destino. Estará cerca del papa Francisco entre tres y seis años.
Un cura mendocino fue elegido por Francisco para capacitar a los sacerdotes de todo el mundo

Un cura mendocino fue elegido para conducir el Colegio Sacerdotal Argentino en Roma. Se trata de Daniel Forconesi (49) actualmente al frente de la parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás en la Peatonal Sarmiento de Ciudad. El miércoles próximo arribará a Italia para formar parte del organismo católico que congrega a obispos nacionales.
“Me enteré a principios de diciembre del año pasado y no tenía elementos para no aceptar semejante propuesta. Es una alegría muy grande este ofrecimiento y ha sido apoyado por mi comunidad. Es un desafío importante y una oportunidad”, cuenta Daniel que podrá vivir algunos años cerca del papa Francisco ayudándole a imprimir a la vida de la Iglesia el nuevo estilo que profesa.
Oriundo de San Martín, no será la primera vez que este sacerdote pise suelo italiano. Años atrás completó su formación especializándose en la misma institución que hoy lo llama como líder. Durante ese tiempo Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires y pudo compartir con él reiterados momentos. Ese periodo le sirvió también para conocer en persona a Juan Pablo II.
Su mirada de la Iglesia“Rescato de Francisco dos o tres cosas que llaman mucho la atención”, dice consultado sobre los cambios surgidos en el vaticano desde la llegada de Jorge Bergoglio a la cima de la Iglesia Católica. “Una de ellas es su fuerte insistencia en volver a las raíces más profundas de la experiencia de la vida cristiana, por otra parte también esto de pensar una Iglesia de puertas abiertas”, comenta.
Y detalla que aprecia del Pontífice un concepto que utiliza y al que recurre permanente: el de una Iglesia plantada en la periferia de la existencia y de la vida. “El Papa ha propuesto dar prioridad a los más pobres, a los enfermos, a aquellos que están solos, en definitiva a los que son marginados y requieren de una atención especial. Este es un objetivo importante y un aliento”, explica. Para Forconesi, que vivió tres años compartiendo con la comunidad de Capital infinidad de experiencias, no es fácil partir lejos de su gente. “Me llevo el afecto de las relaciones construidas, de la amistad vivenciada a lo largo de años, el tesoro más grande que podemos tener como curas”, comenta y aclara que vive esta propuesta como una misión que le ha sido encomendada.
“Me siento plenamente mendocino, lo soy de pura cepa, porque a pesar de que mi familia fueron inmigrantes italianos que se radicaron no hace tantos años en Mendoza me siento profundamente identificado con esta tierra, con este suelo, con su cultura, con la gente, y sin lugar a dudas voy a sentir profundamente la lejanía”, confiesa sobre la difícil decisión de partir.
Sin embargo, relata con humor y simpatía que no puede quejarse ya que desde que se dio a conocer la noticia de su cambio de rumbo, recibe infinidad de expresiones de afecto e invitaciones a modo de despedida. “Tengo un calendario que avanza de asado en asado. Desde mis compañeros de la época secundaria hasta gente de la comunidad”, detalla riéndose y llevándose las manos a la cabeza.
Según pudo adelantarle Carlos María Franzini, el arzobispo de Mendoza, la Conferencia Episcopal Argentina le ha solicitado que se radique en Roma en principio por tres años, con la posibilidad de que su estadía se extienda a seis años. “En la Iglesia mendocina me han dado mucho apoyo y he recibido el aliento de muchos curas”, señala Forconesi.
Motivos que mueven su existencia Daniel Forconesi tiene una larga experiencia sacerdotal. Estuvo a cargo de la parroquia San Vicente Ferrer apenas salió del Seminario. Después, en la Virgen Niña de la Cuarta Sección. Pasó varios años capacitándose en el exterior y cuando volvió estuvo en la parroquia Nuestra Señora de Pompeya y en la Catedral de Loreto. Fue Vicario General acompañando a José María Arancibia durante su gestión.
Cuenta que su preocupación siempre ha estado vinculada a dos ejes fundamentales. Por un lado a ser coherente con la vida de Jesús y sus proyectos y por el otro en estar cerca de los más necesitados. “Tiene que ver con la vida comunitaria, con la oración, con la liturgia, elementos que podrían dirigirse hacia el interior de la vida de una persona, pero también la conciencia clara de que el Señor que se nos hace presentes en los demás”, describe.
Por este motivo paralelamente a los rituales de la Iglesia desde hace años trabaja con un equipo de personas para cooperar y buscar soluciones que ayuden concretamente a mujeres en situación de riesgo y vulnerabilidad ubicadas en la Cuarta Sección en la zona roja de Mendoza. “Si uno mira la realidad, se va a encontrar con muchas personas que tienen un compromiso muy fuerte y una tendencia muy marcada hacia la periferia existencial”, concluye.