Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar
Terrateniente y comerciante, Emiliano Guiñazú supo valorar el talento de ese joven pintor francés que se autodefinía mendocino y que terminó casándose con una de sus hijas
Suegro de Fernando Fader hizo de su casa un museo
Era un hombre que se codeaba con la alta alcurnia mendocina de finales del siglo XIX, pero el terrateniente y comerciante pasó a la historia por su criterio artístico y colaboración con la cultura local. Además de reconocer en el artista Fernando Fader un talento indiscutible, José Dolores Emiliano Guiñazú le dejó a Mendoza un lugar especial para montar el Museo Provincial de Bellas Artes que, al no contar con un edificio propio, debía mudarse constantemente. Esa lógica nómada le impedía a la institución brindar las condiciones necesarias para el cuidado y conservación de las obras que allí se exponían.
Emiliano –así se hacía llamar, obviando sus primeros dos nombres– nació en Mendoza el 20 de diciembre de 1856. Sus antepasados eran ingleses que se habían instalado en Argentina a principios del siglo XVIII. Una rama de los Guiñazú llegó también a San Luis.
Cuentan algunas versiones que conoció a Narcisa Araujo, quien luego sería su esposa, durante un viaje a Tigre, Buenos Aires. Ella también era mendocina. Se casaron el 28 de agosto de 1886 en la parroquia de Maipú.
Emiliano tenía ya dos hijas con su pareja anterior, Aurora Suárez, con quien nunca contrajo matrimonio y a quien no se suele mencionar en las historias oficiales, probablemente porque no contaba con la simpatía de la alta sociedad. Blanca Adela Guiñazú, nacida el 8 de abril de 1880, y Rosa Delia Guiñazú, nacida el 26 de diciembre de 1882, fueron criadas por Narcisa. Años después, en 1887, ella dio a luz a su primera hija biológica con Emiliano, Ilda Guiñazú, quien falleció a los 6 años.
La casona de Mayor Drummond Como hábil comerciante, Emiliano tenía un buen pasar económico. Hacia finales del siglo XIX decidió buscar una propiedad para descansar el fin de semana con su familia. La encontró en la calle San Martín de Mayor Drummond, en Luján. Estaba a medio construir y adquirieron el terreno de más de 120 hectáreas en 1889. Lo convirtieron en una casa de fin de semana que utilizaron para organizar numerosos eventos sociales. En 1904 Guiñazú se contactó con el artista Fernando Fader para pedirle que la decorara. El francés –argentino por adopción– plasmó su talento en varios murales que aún hoy se conservan en el hall central (como las obras Escena campestre y Paseo a caballo). Emiliano quedó maravillado con el trabajo de Fader y le dio su apoyo para difundir su obra, incluso lo impulsó para abrir una academia de pintura siendo su hija mayor, Adela, una de sus alumnas. Fader se casó con Adela el 29 de agosto de 1906 y festejaron su unión en el salón principal de la casona de verano. Años después contrajo matrimonio la hija menor de Guiñazú, Rosa. Su tío político –hermano de su madrastra Narcisa–, Francisco Diógenes Araujo, fue el flamante esposo.
Con sus dos hijas ya casadas, Emiliano y Narcisa emprendieron un viaje de placer a Europa. Una vez desembarcados en España, en la medianoche del 24 de diciembre de 1907, Guiñazú sufrió un paro cardíaco y murió en Sevilla.
El legadoNarcisa cumplió con la última voluntad de Emiliano: donar la casa de verano para difundir arte. Lo hizo en 1945, meses antes de morir, y la donó al gobierno local para que fuera sede del Museo Provincial de Bellas Artes, hoy Museo Emiliano Guiñazú – Casa de Fader. La propiedad fue declarada Patrimonio de la Provincia en 1998.