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Silvia Susana Ontivero, una mujer merecedora de todos los aplausos

Por Gustavo De Marinisdemarinis.gustavo@diariouno.net.ar

@monodemarinis

Aplausos, muchos aplausos. Fue casi un minuto de aplausos ininterrumpidos para Silvia Susana Ontivero luego de su testimonio en el megajucio por delitos de lesa humanidad. Y no sólo aplausos. Tan contundentes y claras fueron sus palabras que ninguno de los abogados defensores de los imputados tuvo preguntas por hacer y dos de ellos debieron esforzarse para no llorar mientras otro se animó a decir, ya en las escaleras de Tribunales Federales: “La verdad, muy conmovedor”, para luego apurarse en aclarar que su defendido “no trabajó en el D2”.

Justamente al D2 se refirió esta mujer merecedora de tantos aplausos y reconocimientos. Con una valentía extraordinaria, primero aceptó que su declaración fuera a puertas abiertas, con público, a pesar de que los hechos que la involucran afectan su intimidad, y después afrontó, con entereza y fortaleza, el desafío de contar otra vez las atrocidades a las que fue sometida en aquel centro clandestino de detención que funcionó en el Palacio Policial.

Cuando Alejandro Piña, presidente del Tribunal Oral Federal, le hizo saber que podía testimoniar sólo con la presencia de los letrados, ella respondió: “No, señor juez, mientras más gente sepa lo que pasó menos posibilidades habrá de que hechos así se repitan”. Así Silvia, tras el juramento de rigor, comenzó a decirle a la Justicia, como ya lo había hecho en otras ocasiones, lo que le hicieron esas bestias a las que no les importó que sus víctimas estuviesen atadas, vendadas, lesionadas, debilitadas y sucias para descargar en ellas su hombría.

No es agradable repetir aquí los vejámenes que padeció pero si ella lo hizo con tanta hidalguía quizás resulte necesario contarlo, no sólo para que “más gente lo sepa”, sino para se tome definitivamente conciencia de lo que fue el terrorismo de Estado y para que se termine de reparar el nombre y la memoria de los que lo sufrieron, tanto los asesinados y desaparecidos como los que sobrevivieron.

A Silvia Ontivero la atacaron sexualmente todos los días (18) que estuvo en el D2, reiteradamente, perdió un embarazo y le hicieron un legrado sin anestesia, le introdujeron objetos (entre ellos un revólver) en su cuerpo, la dejaron estéril para siempre. ¿Por qué?, ¿porque era dirigente gremial? También debió soportar que le quitaran la tenencia de su hijo aplicándole la figura de “abandono de hogar” ¡cuando ella estaba detenida!

Mientras la mujer daba cuenta de ese horror, entre los imputados –hay quienes cumplieron funciones en el D2– algunos miraban al piso y otros parecían estar observando la nada, quizás tratando de no escuchar lo que escuchaban.

Silvia no fue la única. Muchas, todas, las mujeres que estuvieron cautivas en las mazmorras de Belgrano y Peltier padecieron, unas más otras menos, violaciones, ataques y abusos sexuales.

Silvia Ontivero celebró que hoy haya juicios legítimos y que los acusados se puedan defender como manda la ley. Terminó de declarar y de nuevo fue fuerte para saludar a cada uno de quien la fue abrazar, repartiendo sonrisas y mensajes de aliento entre esa gran familia que han sabido formar ex presos, madres, hijos, nietos, sobrinos, amigos, profesionales y militantes de la vida buscando todos el camino hacia la verdad.

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