Por Gustavo De Marinisdemarinis.gustavo@diariouno.net.ar
Secuestrado, torturado, preso y, encima, pateado como una pelota

El hombre tiene 64 años, es de estatura baja y cuenta con un notable sentido del humor, aun para contar hechos desdichados y sonreír al recordar: “En el D2 los carceleros jugaban al fútbol y mi cuerpo hacía de pelota”. Es Carlos Eduardo Cangemi, el primer testigo –de casi 200– que declaró en la megacausa, como se titula al cuarto juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en Mendoza.
El Pichi, como le decían sus amigos, hizo su declaración en una audiencia especial, que no estaba prevista. No lo pudo hacer en la sala de sesiones porque estaba ocupada, de modo que testimonió en un recinto más chico, en el que no hubo la presencia habitual de público como se ve en cada jornada del juicio. Sí estuvieron ahí ex compañeros de cautiverio y amigos que, solidariamente, siempre están para prestar apoyo y aliento a los testigos, y también el equipo de profesionales que posibilitan que el trance de recordar hechos dolorosos sea menos doloroso.
Cangemi vive en Italia desde 1981. Vino a Mendoza a pasar unos días y el Tribunal Oral Federal aprovechó y armó esa audiencia especial para tomarle testimonio.
Su caso, como muchos otros, como todos, revela cómo actuó el terrorismo de Estado antes y durante la dictadura cívico-militar. Este simpático personaje contó que cuando lo subieron al famoso avión Hércules que en setiembre de 1976 trasladó a más de 100 presos políticos mendocinos a La Plata les dijo a sus compañeros de infortunio, entre golpes y golpes de los verdugos: “Muchachos, no nos peleemos por la ventanilla”. En ese vuelo, en el que iba el doctor Ángel Bustelo, estaban todos tirados en el piso y esposados, y recibieron castigos de los más variados desde piñas y patadas hasta palazos.
Con su testimonio, el Pichi Cangemi ratificó que el plan de exterminio no tenía límites. Cayeron en las garras del aparato de represión desde jubilados y profesionales hasta estudiantes y trabajadores. Este hombre fue apresado en Las Heras el 11 de noviembre de 1975, cinco meses antes del golpe de Estado, cuando la represión ilegal ya se había instalado. Estaba repartiendo panfletos del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) con la inscripción “las fuerzas armadas son la Triple A”.
Ese “delito” de panfletear una verdad le valió que lo llevaran al temible D2 del Palacio Policial, donde durante 6 días –4 de ellos vendado– lo patearon y picanearon constantemente. Tuvo la suerte de que pocos días después lo “blanquearon” y lo pasaron a la penitenciaría condenado a 5 años por los tristemente famosos Consejos de Guerra en el que los propios verdugos oficiaban de defensores. Cuando recuperó la libertad se fue a vivir a Italia.Carlos Eduardo Cangemi tenía 26 años cuando lo capturó el terrorismo estatal. Además de militar en un partido de izquierda, fue actor de teatro en obras de Cristóbal Arnold. En su declaración, recordó la desatención que sufrió en la Justicia Federal y mencionó a Luis Miret, Guillermo Petra y también a dos policías, Armando Fernández y Celustiano Lucero. Su testimonio, como los que vendrán, reconstruye historias y repara memorias.
El lunes es la próxima cita en Tribunales Federales con nuevos testimonios ya en la 19ª audiencia del juicio.