Por Cecilia Osorioosorio.cecilia@diariouno.net.ar
Tras el deceso de un joven en Buenos Aires, en Mendoza quieren legislar que los usuarios presenten el certificado de aptitud cuatro veces al año, para salvar vidas.
Se reabre el debate por la salud y las exigencias físicas en los gimnasios

Declaraciones juradas mensuales, con las que el cliente del gimnasio garantice que está en condiciones de realizar una rutina de ejercicios; certificados de aptitud física renovables cada tres meses y no cada un año como ocurre actualmente; que los menores de 12 años no puedan realizar entrenamiento como el que allí se imparte, salvo que los acompañe alguno de los padres; que haya controles sobre los que tienen de 12 a 16 años, y que para acceder a la habilitación se les exija a estos locales una póliza de seguro de responsabilidad civil.
“En las jornadas de legislación deportiva se recabaron las inquietudes de todos aquellos profesionales o no profesionales que están relacionados con la actividad, muchas de las cuales se volcarán en este proyecto de ley”, explicó Lapiana, quien añadió que los cambios no sólo se refieren a los gimnasios convencionales, sino también a instituciones de yoga y artes marciales, a las que se exigirá, por ejemplo, que estén tituladas por las asociaciones que rigen esa actividad en la provincia.
“Sedentarismo, alcohol y tabaquismo matan a mucha más gente” “Matan a mucha más gente el sedentarismo, el alcohol y el tabaquismo. Creo que quienes lo cuestionan no saben bien de qué se trata”, dijo el titular de uno de los dos gimnasios que en Mendoza ofrecen el “entrenamiento de tipo militar”, conocido por su marca: crossfit. A esta franquicia se accede tras una capacitación que habilita al espacio para ofrecer servicios al público. Jerónimo Giraudi, a cargo del local ubicado en Godoy Cruz, explicó que se trata de una rutina de ejercicios funcionales, con trabajo de levantamiento de pesas y cardiovasculares, cuya práctica es frecuente desde hace muchos años. De hecho, en otros lugares lo ofrecen aunque no bajo el mismo nombre porque carecen de la certificación. La connotación miliciana tiene que ver con que en California se decidió adaptar a los civiles la rutina que se usaba para entrenar a marines: “Los militares, la policía e incluso los bomberos tenían que estar muy bien entrenados en todas sus capacidades físicas: fuerza, potencia y resistencia para responder ante cualquier contingencia. Si había un incendio, tenían que correr; si llegaban y había una escalera debían subirla con rapidez, como también ser capaces de transportar peso”. Un galpón, con varios boxes y elementos en los que se va rotando –se complementa con un espacio en el centro donde quienes se entrenan concretan ejercicios parados o acostados–, música intensa (como puede ser rock o heavy metal) y mucha transpiración son el contexto de las clases, donde se insta a los participantes a desarrollar en el lapso de una hora todas sus capacidades físicas. El coach o entrenador arenga con frases alentadoras a los concurrentes a no detenerse. La intensidad se gradúa según cada persona La demanda creció mucho y Mendoza no es ajena. Lo prueba que el local mencionado en poco más de un año pasó de tener 2 alumnos a 20 por clase. Hoy son más de 400 los inscriptos que acceden a sesiones dos, tres o todos los días, por lo que pagan de $250 a $690. “La clase es para todo el mundo (viene gente con lesiones u obesidad); son grupos reducidos de 20 personas y graduamos la intensidad según la posibilidad de cada uno, su 100% de rendimiento”, sumó Giraudi, quien explicó que la moda por esta actividad puede deberse a que propone salir de la rutina de los gimnasios: “Todas las clases son diferentes porque la gente se cansa de hacer siempre lo mismo. Trabajamos ejercicios transferibles a la vida cotidiana, con todos los grupos musculares implicados; los beneficios se ven rápidamente. Es completo, variado, divertido y corto”. Respecto del caso de Buenos Aires, opinó que “es raro el momento en que se produjo la muerte, porque la entrada en calor apunta sobre todo a la movilidad del cuerpo, sacarse la oficina y las preocupaciones de encima, y no hay mucha exigencia”. Algunos espacios se promocionan asegurando que en seis semanas se notan los resultados físicos, otros que se liberan 1.500 calorías con cada clase: “Tiene que ver con el marketing. Los beneficios estéticos se ven rápido, pero si el profesional es responsable te va a llevar de a poco, que ejercités tu rendimiento progresivamente”. Muchos recomiendan una dieta específica y tiene que ver con que el crossfit se toma como un método de vida: “Hay que comer sano y variado; lo mejor es ir a un nutricionista”.