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Los desanimaba ver todos los días esas paredes derruidas en el lugar de estudio. Y antes de quejarse pusieron manos a la obra: consiguieron pintura y trabajaron con fervor.

Se arremangaron y pintaron sus aulas descascaradas

Alejandro Gamerogamero.alejandro@diariouno.net.ar

No llevaban ni dos meses de clases cuando cayeron en la cuenta de que estaban hastiados de ver las paredes de sus aulas derruidas, totalmente despintadas, descascaradas y hasta con manchas de humedad. Ir todos los días a un lugar así los desanimaba. Entonces concluyeron “que mejor sería hacer un esfuerzo que ir a quejarse a algún lado” y así, un grupo de alumnos, en su mayoría de 13 años, juntaron dinero, compraron lo que hacía falta y en dos sábados pintaron con sus propias manos todas las aulas.

Fue cuestión de organizarse con la profe que los motivó a este desafío, reunir unos pesos, ligar la donación de materiales de una mamá, empuñar lijas, brocha y rodillo y ponerse manos a la obra sin más, concretando algo  que ni ellos se imaginaban podían lograr. Victoria Ballesi, Ariadna Van Strien y Luisina Canale, de 13 años; Camila García y Gastón Travaglia, de 14, y Lucas Puebla, de 18, contaron en nombre propio y el del resto de sus compañeros que participaron la aventura de  poner a nuevas sus aulas de la escuela secundaria Carlos Varas Gazari, ubicada en Chile y Barcala de Ciudad. Un antecedente fue la chispa que los motivó a intentarlo. El año pasado, Ana Battagión, quien da clases de Matemática en la escuela pero que además su currículum revela que es profesora de física, cosmografía y piano, decidió encarar por primera vez en el colegio el intento de pintar algunas aulas para integrar a los chicos y neutralizar ciertas divisiones y actitudes de agresión. El proyecto resultó exitoso. Los alumnos a su cargo se embarcaron en la renovación de las aulas con lo que tuvieran y lo lograron. Lo hecho el pasado año no quedó en el olvido. Al contrario, la nueva camada de primer año  que ya había oído de aquella pintada no quiso ser menos y en abril los imitaron. Los nuevos que llegaron a los cursos de primer año ya pintados el año pasado les dieron una nueva mano para que lucieran renovados. Los chicos de los otros primeros que estaban sin pintar se sumaron y los igualaron. Y  aquel grupo que había dado el puntapié inicial en 2013 y llegaba a los cursos de segundo año no soportaron verlos casi abandonados: se arremangaron nuevamente y los blanquearon.

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