Mendoza Domingo, 4 de noviembre de 2018

San Martín no sale de la conmoción por el asesinato de una querida vecina

La familia de la mujer asesinada a golpes por su pareja es parte esencial de la zona Este. Tiene una prestigiosa cochería fundada en 1935 y cuenta con sucursales en toda la región.

El jueves por la tarde Julio Mendoza (32) llegó a la penitenciaría. Desde la noche del lunes estaba alojado en la única celda que tiene la subcomisaría de La Colonia. Mientras ingresaba en Boulogne Sur Mer algunos internos que jugaban al fútbol en uno de los patios lo recibieron con gritos amenazantes: "¿Así que vos sos el boxeador, el que les pega a las mujeres?". Fue el contenido general de esas voces de bienvenida. En la mañana del viernes, el cuerpo del nuevo preso tenía huellas que indicaban que las amenazas se habían concretado. Incluso, el yeso que tenía colocado en su mano izquierda estaba roto.

"Hay varios hombres presos acusados de matar a mujeres, varios femicidas, pero aquellos e mataron a tiros o con armas blancas. Este la mató a golpes. Eso en el pabellón se lo van a cobrar", analizó un penitenciario.

El yeso que tenía Mendoza es por una fractura en el cuarto metatarsiano de la mano izquierda. El hombre, que es soldador y que practicaba boxeo y kick boxing en un gimnasio de San Martín, se produjo la lesión cuando mató a Ivana Milio (46) el el domingo al atardecer.

Estuvo prófugo 24 horas y cuando se entregó, tenía las dos manos muy hinchadas y los nudillos rojos. El médico policial había indicado: "No presenta lesiones", pero el jefe de fiscales Oscar Sívori no aceptó esto. Ordenó hacerle radiografías a Mendoza que permitieron detectar la fractura y el fiscal también correrá compulsa contra el médico policial, para que explique por qué no dejó constancia del estado de las manos del acusado, que era constatable a simple vista.

Julio Mendoza, con sus propias manos, mató a Ivana Milio. Todos los golpes fueron al rostro, salvo dos: uno fracturó la clavícula de uno de los hombros y el otro, en medio del pecho, produjo una fisura en el esternón. El resto fue a la cara, al rostro. Los psiquiatras forenses dicen que ese tipo de golpes los propina alguien que quiere borrar, dejar de ver el rostro de su víctima.

Más aún: antes de abandonar la escena del crimen en el auto de la víctima, Julio Mendoza tiró algunas ropas sobre la víctima. No quería verla. Después se fue. No se llevó nada. Allí quedaron los $20.000 y los 2.000 dólares que había en la casa. Allí quedó todo. El crimen no fue motivado por el dinero. Qué pasó en la mente enferma de Julio Mendoza todavía es un misterio. Algún perito psiquiatra cree: "La enorme brutalidad del ataque sólo se puede entender si hubo algún disparador químico que haya ingerido el sujeto", aunque algunos conocidos de Mendoza indican que cuando este hombre tomaba un poco de alcohol "se ponía violento".

Una persona fuerte

"Ivana Milio no cumple con el paradigma de la víctima de violencia de género. Era una mujer de carácter fuerte, que había resuelto con solvencia sus tres parejas anteriores, con las que había tenido hijos.

Manejaba desde siempre su vida y tenía plena independencia económica. Estos son siempre elementos que aprovecha el machista para extorsionar a la mujer y en el caso de Ivana ninguno de estos elementos existía", analizó Oscar Sívori, jefe de fiscales de la Tercera Circunscripción Judicial.

Es absolutamente así. Ivana siempre fue una mujer independiente. San Martín es todavía una ciudad chica y todos, especialmente aquellos que integran la misma franja etaria, se conocen. Desde el domingo a la noche, cuando la noticia del asesinato de Ivana comenzó a inundar las redes sociales, cada quien comenzó a rescatar algún recuerdo propio de ella.

Quizás los más antiguos son aquellos que aún la ven, todavía adolescente, manejando un sábado a la noche su Ford Escort impecable por el centro de la ciudad, con la música fuerte y riendo.

Los Milio son parte de la historia esencial la zona Este. El primer Milio que llegó a la Argentina se llamaba Salvador, el abuelo de Ivana. Era siciliano y arribó en el '27 al puerto de Buenos Aires. Su primer oficio, que improvisó para ganarse la vida, fue el de peluquero, pese a que no había agarrado jamás una tijera.

Pero lo que finalmente le daría a él y a su descendencia una vida plena se concretó en 1935 cuando don Salvador se enteró que había una posibilidad de comprar una cochería fúnebre. El dueño estaba en San Luis y el tano partió hacia allá en un noble Ford T.

A partir de allí, con las tradicionales carrozas tiradas por caballos, comenzó lo que sería una tradición familiar.

Al fundador lo sucedió su hijo primogénito y homónimo, padre de Ivana, que nació el 4 de mayo de 1940 y que sería el que terminó de imponer definitivamente cochería Salvador Milio, que hoy tiene dependencias en San Martín, Palmira, Las Catitas y La Dormida, y un bien ganado prestigio en todo el país.

Salvador Milio se casó con Margarita Colavolpe y tuvieron siete hijos: Regina, Salvador, Alejandro, Juani, Ivana, Cristian y Ariel.

Don Salvador Milio, que puso como impronta de su empresa que todos los servicios fúnebres debían ser atendidos, más allá de si la familia del difunto tenía o no dinero, murió en agosto de 2013.

Los hijos de Salvador, especialmente Cristian e Ivana, se habían comenzado a hacer cargo del manejo de la empresa desde hacía ya un tiempo y el fallecimiento de su padre no afectó la continuidad de la compañía.

Entre los hermanos continuaron haciéndola crecer y aggiornándola.

La mayoría de los empleados lleva muchos años trabajando allí y la compañía tiene la particularidad de parecer una gran familia.

Ivana trabajaba intensamente allí, pero también sabía permitirse los viajes y el disfrute, algo que había aprendido de su padre, que hizo un culto de la amistad, de los viajes y el buen comer.

Ivana Milio tuvo tres parejas formales e hijos con cada una. Así nacieron Lucas Carrizo, Matías Santaella y Renata Cabrera.

Con cada uno de sus hijos estableció una relación distinta, pero todas tuvieron una cosa en común: Ivana era una madre joven y combinó su rol materno con el de amiga.

Con Julio Mendoza mantenía una relación amorosa desde hacía unos seis meses y convivían en casa de Ivana desde hacía dos. La diferencia de 14 años entre ambos, pero especialmente la diferencia de ambientes que frecuentaba cada uno, hizo que se generara alrededor de ellos más de una polémica entre amigos y familiares.

Pero Ivana, con su carácter firme y fuerte, jamás dudó en que podría resolver cualquier situación y, si fuera necesario, poner fin a la relación cuando ella lo decidiera.

La violencia de género

"Me parece importante que cada víctima tenga su nombre, su historia. La multitud invisibiliza y se pierde la identidad, la historia individual, y todo se confunde. Es importantísimo que veamos a cada víctima de violencia de género como alguien único, porque de otra forma corremos el riesgo de transformarlas sólo en números", dijo el fiscal de Cámara Oscar Sívori.

El funcionario, jefe de fiscales en la Tercera Circunscripción y que ha tomado el caso Milio personalmente, tiene un criterio bien formado sobre esto.

"Las mujeres han sido perseguidas durante siglos por la cultura patriarcal. Siempre fueron las culpables de lo malo, empezando con el relato bíblico de Eva y la manzana. Siempre fueron las que representaban la tentación, el mal, por eso las quemaron por brujas. Este tiempo tendría que haber llegado mucho antes", dijo.

Sívori nació en Lomas de Zamora en 1968 y sus padres se separaron cuando tenía cuatro años.

Entonces Porota, María Eufemia Álvarez, cargó con el Negrito y se vinieron ellos solos a vivir a Montecaseros. Y Porota crió sola a su hijo, trabajando en la viña.

Hoy aquel "mocoso mugriento" es jefe de fiscales. Por eso no es difícil entender por qué Sívori sostiene: "A pesar de todo, en la historia de la humanidad, en los hogares siempre mandaron las mujeres, siempre mandaron las madres. A los hombres sólo se les reservó ese lugar en donde se encuentran soluciones a través de la brutalidad. Ahora los machos están obligados a salirse del sillón de esa brutalidad".

Pero dice que "en los hogares bien constituidos la violencia contra la mujer siempre fue repudiada. Antes a los violentos que le pegaban a una mujer se los iba a buscar, en hordas, y se los hacía escarmentar".

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