Por estos días y hasta fines de mes -según se calcula esta temporada- los vehículos repletos de bolsas de nueces copan las calles de la zona productiva del Valle de Uco, sobre todo de Tupungato, en plena cosecha de las principales fincas nogaleras del país. A esa postal que muestra el folclore de la época pareciera ya habérsele sumado otra imagen bastante desalentadora, la del robo hormiga, que es cada vez más violento y metódico, ante la falta de soluciones integrales concretas para el flagelo del delito rural.Ante ese panorama, y como viene ocurriendo durante los últimos años, los productores de la zona alzan la voz reclamando mayores medidas de seguridad. Desde el Gobierno, a través de distintos organismos involucrados en la protección de este producto y de la aceituna, sobre todo en Maipú y el Este, apuestan a un mayor control policial, reforzando la labor de la Policía Rural, y a controlar el destino y origen de la mercadería a través del pedido de comprobantes que acrediten la transacción.Esas fueron algunas de las medidas que, al menos, acordaron implementar en 2016, cuando la problemática convocó a autoridades municipales y provinciales a mesas de discusión para paliar el robo que, según algunos finqueros, les llega a quitar hasta 10% de la producción (algunos llegaron a hablar de más). Sin embargo, en la práctica, el operativo funciona a medias, y el robo de mercadería vuelve a estar en el tapete.En primera persona"Sería bueno que la policía salga a patrullar de noche y que paren los vehículos que transitan. Porque sabemos que son como cuadrillas de gente comandadas por alguien que los lleva a robar. Van en camionetas, los distribuyen en distintas fincas y los pasan a buscar", comentó un productor tupungatino cuya identidad prefirió preservar, destacando que el modus operandi es cada vez más organizado y que saben de casos recientes en los que los ladrones ingresaron armados a las propiedades.Los mecanismos de protección a los que recurren son desde armarse de pirotecnia para ahuyentarlos, sobre todo los pequeños productores, hasta contratar seguridad privada, aunque el costo es sumamente elevado. "A veces entre lo que te gastás en contratarlos, es preferible resignarse a perder esa nuez", confesaron desde el Valle de Uco.La policía está al tanto de esto y ha tomado determinaciones por la época. "Nosotros implementamos maniobras operativas junto con la UEP a partir de las 21, con rondas por la zona del Manzano Histórico y Los Árboles, con sirenazos tipo 4 o 5 de la madrugada. Y hasta ahora hemos podido frenar varios robos", comentó el comisario Ariel Navea, de la Distrital de Vista Flores. Días atrás secuestraron un Ford Falcon que transportaba más de 110 kilos de nueces, aunque no se pudo saber la procedencia de la mercadería."Nosotros queremos evitar el robo puntualmente, y para eso los controles tienen que estar en las calles, para el robo hormiga, pero también en la comercialización y para eso es necesario el remito", agregó el diputado radical Omar Sorroche, que es uno de los miembros de la comisión que a nivel provincial ha tomado intervención en el tema.En eso radica una de las mayores trabas, ya que desde las distintas partes asumen que aún no está instaurada la cultura de contar con documentos o los remitos donde se registre quién vende, cuánto y a quién. "La solución ideal sería que ningún partidero compre nuez robada, pero el negocio desleal no creo que termine", admitió otro finquero de la zona.Negocio para varios"El problema es que es un producto muy negociable, fácil de vender, pero también incontrolable al momento de que se realicen las inspecciones. Uno, por una cuestión personal, decide no comprar robado. De esa forma se iría cerrando el círculo , achicando las posibilidades de ubicar la mercadería", agregó un acopiador local que reconoce que en el circuito se conoce quiénes son los que sí reciben mercadería robada.Es que en la ilegalidad, el negocio tanto para el que delinque como para quienes compran bajo esas circunstancias es redondo. El kilo de nuez que hoy el productor puede vender en aproximadamente $50 se ofrece a $30 más o menos, llegando a manos de algunos acopiadores casi a 50% menos del valor consensuado en el mercado. Y puede llegar a ser aún más redituable cuando lo llevan directamente a ferias o dietéticas, sobre todo de la capital. Es que entre el origen de la nuez (finca) y la venta al público, el valor del producto aumenta más del doble. Al por mayor, el kilo con cáscara ya tamañado y clasificado cuesta unos $70 y puede llegar hasta $120 si se vende fraccionado en gramos.
El delito rural es cada vez más violento y metódico. El producto se ofrece ilegal hasta en un 50% menos de costo. Las rondas policiales y las inspecciones en acopiadoras y transporte no alcanzan para solucionar el problema



