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Los ríos Mendoza, Atuel, Diamante, Grande, Tunuyán y Malargüe tendrán caudales pobres o secos el próximo año.

Ríos entre pobres y secos habrá en este verano menduco

Si usted es productor agrícola y su trabajo depende de las posibilidades de riego que le otorga el Departamento General de Irrigación, el 2018 será un año para ajustarse en la utilización del agua.

Es que se encontrará, por séptimo año consecutivo en situación de crisis hídrica.

Esto, según explicaron tanto el superintendente general de Irrigación, Sergio Marinelli, como el secretario de Gestión Hídrica, Fernando Gomensoro, y el director de área, Rubén Villodas, se debe a las escasas nevadas que ha habido en el 2017.

Así, Marinelli anunció que se tomará una serie de medidas, plasmadas en la resolución interna 1.410, que tienden a generar un ajuste y un ahorro en la utilización del servicio básico para quienes trabajan la tierra.

En principio el funcionario puso en claro cuál será el caudal de cada río y advirtió de que en todos los casos es menor a su media histórica.

Caudales reducidos

En una clara muestra de la emergencia hídrica en Mendoza, el superintendente mostró números que realmente alarman. La disminución del caudal que más afecta a la población es la del río Mendoza, cuyo año hídrico fue calificado de "pobre": perderá 29% de su volumen hídrico. En cuanto al Diamante, la disminución será cerca del 28%, el Atuel 23% y el Grande 32%.

Los más problemáticos serán el , cuyo caudal será menor que su media histórica en 42%, y el , con una reducción de casi el 50%.

Si se tiene en cuenta que el 25% del caudal del río Mendoza es para consumo urbano -este porcentaje no se puede reducir- entonces quienes deben ajustarse son los productores. Según manifestó Gomensoro, el agua no será suficiente para las necesidades de riego, por lo que se estima que habrá menos producción, o bien que los agricultores deberán utilizar agua subterránea para regar.

Afrontar la emergencia

En Mendoza hay aproximadamente 20.000 los pozos, y el DGI recomendará a los que los posean que completen el riego por este sistema, así lo sugirió Gomensoro.

Por su parte, Marinelli aclaró que se priorizará a los productores que posean superficie cultivada y que se encuentren al día con los pagos.

Entre las acciones que se efectuarán para reducir el gasto, se destaca la planificación de riego, la capacitación a los productores para que aprendan a mantener húmedas sus parcelas utilizando la menor cantidad de agua posible, y el cálculo exacto que cada finca necesita para mantener su producción.

Además, Marinelli anunció que aumentarán las multas para aquellos que no respeten estas condiciones y que rieguen en forma clandestina; esto es, por ejemplo, que rieguen más hectáreas de las declaradas.

El superintendente manifestó que muchas de estas determinaciones ya se están llevando a la práctica.

Qué hará el DGI frente a la escasez

-Minimizar las actividades que no se corresponden con el riego (recreativas por ejemplo).

-Ajustar el pronóstico de uso del agua, actualizándolo mes a mes, según oferta y demanda.

-Revisar los criterios de asignación de caudales.

-Colaborar con los inspectores de cauce para ajustar los turnos.

-Aumentar las multas para los que usen el agua de riego en forma clandestina.

-Mejorar la estimación de pérdidas de agua, a través del conocimiento del uso del suelo.

-Capacitar sobre el riego realizando un diagnóstico particular de cada finca (esto se hará como experiencia piloto).

-Incentivar el uso de riego con agua de pozo.

-Distribuir el agua en forma acordada: los regantes solicitan cuándo y cuánta agua necesitan. Esto se acuerda con el DGI.

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Foto: Horacio Altamirano / Diario UNO.
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