Por Natalia Sosa Abagianossosa.natalia@diariouno.net.ar
Por año, el Estado deja de recaudar unos $11 millones por los pasajeros que viajan a diario sin abonar su boleto. Después de casi 10 años, habría que evaluar cómo funciona el sistema de pago por kilómetro recorrido de las empresas.
Que haya colados en los micros es un problema de todos los mendocinos
La semana pasada se conoció que el Estado deja de recaudar unos $11 millones anuales por la cantidad de pasajeros que a diario no pagan el boleto en los micros y viajan colados. Otro tanto pierden las arcas públicas para hacerles frente a los daños que sufren el metrotranvía o los trolebuses a causa de los vándalos.
Lo más grave es que se trata de una problemática de larga data y como respuesta de las autoridades siempre escucho lo mismo, más allá del color político del gobierno de turno: que se van a incrementar los controles para revertir la situación. Pero todo sigue igual, incluso peor, ya que desde la gestión de Julio Cobos los dueños de los colectivos cobran por kilómetro recorrido y poco les importa si un pasajero no abona su pasaje. Y lo digo por experiencia propia, porque muchas veces me han dejado pasar gratis porque las máquinas validadoras de la Red Bus no funcionan. No los veo a los choferes preocupados porque a fin de mes no podrán cobrar sus sueldos a raíz de la magra recaudación.
En el anterior sistema de gestión del servicio urbano del Gran Mendoza, era habitual encontrarse con inspectores de las empresas que fiscalizaban que todos los usuarios hubieran pagado su viaje. A nadie se le ocurría tirar el comprobante, ya que la ausencia del mismo significaba tener que pagar el boleto nuevamente.
Era difícil pensar que un conductor se iba a arriesgar a dejar “liberado” a alguien porque corría el riesgo de ser sancionado.
Ahora puede ocurrir que uno realice el recorrido completo sin el boleto porque se terminó el papel o porque se trabó, dejando a los pasajeros sin su constancia de pago. Igualmente, son muy pocas las quejas que he escuchado, lo que muestra una naturalización de la situación irregular.
Ya pasaron casi 10 años y habría que volver a evaluar si el este mecanismo de pago a los transportistas es o no conveniente para el Estado, considerando que los costos negativos están siendo afrontados por los mendocinos.
Me refiero, además, a los millones de subsidios que tiene que otorgar la Provincia para que los micros sigan en marcha bajo estas condiciones, sin contar con el dinero que mensualmente llega desde la Nación, vital para pagar los sueldos de los choferes y mantener las unidades.
Me sobran los dedos de una mano para enumerar las empresas que son un verdadero modelo de prestación de servicio, que cumplen los horarios, que tienen los coches impecables y que respetan a los pasajeros.
También son pocos los empresarios que se interesan en la formación de sus empleados en cuanto a manejo vial y eso se puede ver en las calles, donde muchos micros no respetan los carriles y menos aun a los automovilistas. Más de una vez he querido denunciarlos, pero el 0-800 para tal fin no funciona.
Quizás a algunos les puede parecer un dato menor, pero no es así, ya que cada uno colabora desde su lugar para que el tránsito no sea un verdadero caos, especialmente en las calles céntricas, de donde se debería erradicar la circulación de colectivos teniendo en cuenta el crecimiento del parque automotor. Proyectos de este tipo han existido en diferentes ámbitos, pero ninguno prosperó. A lo mejor sea tiempo de tomar este tema con seriedad y tratar de resolverlo.