Por Eduardo ChahlaEl autor es médico, miembro honorario nacional de la Sociedad Argentina de Pediatría
Paros en salud: los unos y los otros en la mutilación de nuestra infancia
Si dijera que soy insensible a las reivindicaciones salariales de todos los trabajadores, incluidos los de salud, sería un imbécil, ya que una retribución digna la merecemos todos. No es esta mi preocupación para este artículo.
Lo es sí el escenario de unos: los sindicalistas; y los otros: los funcionarios envueltos en su laberinto plagado de números y estadísticas como ser: cuántas son las cirugías postergadas, los adherentes o no al paro, los servicios mínimos que se garantizan, aunque nadie sabe los criterios de inclusión como tampoco el nombre de sus coordinadores, y otras miserias como días sin asistencia al trabajo, asambleas sorpresivas, cortes de rutas y escraches. De los otros: políticas ficcionales de salud hace varios años.
La liturgia es la de siempre, que por repetida ya aburre, si no fueran patéticas las consecuencias. Es otra forma actualizada de maltrato infantil.
No voy entonces a referirme a números, si no a personas que estamos dañando y no se lo merecen; no valoramos siquiera misérrimamente la tasa de sufrimiento de miles de ellos atrapados en una maraña de irracionalidades.
Quisiera que algún empleado de la salud me ayude a cuantificar, además de lo económico, el llanto de bebés y madres desesperadas por la desatención de su salud, la postergación de exámenes y tratamientos, la angustia por un cuadro febril o cualquier otra cosa que necesita de algún médico para que le asegure si es no grave.
Esa mamá debe levantarse muchas veces a la madrugada para alcanzar el ómnibus que la trasladará varios kilómetros a algún centro sanitario, antes de que se acaben los benditos números de atención. La lista de estas miserias es interminable.
Enseñanzas de los maestrosDurante más de 60 años, nuestros maestros de pediatría como Florencio Escardó, Aurora Pérez, Carlos Gianantonio y Teodoro Puga, junto con algunos de otras nacionalidades como René Spitz, Donald Winnicott, Jhon Bowlby y Ana Freud nos advirtieron de los grandes estragos psicoemocionales que puede experimentar un niño en el hospital si no está acompañado por su mamá o por algún familiar y, además, que exista un recurso profesional calificado para su atención.
De no ser así, aparecen procesos graves como el aislamiento, el abandono, la angustia de separación, las depresiones y las interferencias en los vínculos por el temor a lo desconocido, a ver personas extrañas y ser sometido a exámenes y procedimientos todos mutilantes.
Apreciados pediatras, demostremos a los unos y los otros que somos dignos de estas enseñanzas y que no vamos a plegarnos a medidas que injurien a nuestros chicos.
Aurora Pérez nos enseñó que un pediatra no sólo atiende a un niño sino a toda la familia. Y además Escardó desnudó la hipocresía de muchos que guardan distancia entre los discursos pomposos de los derechos de los niños y las acciones para efectivizarlos.
Finalmente, es por lo menos sorprendente entonces que los organismos, supuestamente defensores de estas premisas, guardan un ominoso silencio ante estos desatinos, como es el Consejo Provincial de Niñez y Adolescencia, DINAF (Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia) y OAL (Órgano Administrativo Local).