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Es el gasto mensual mínimo que incluye alquiler, comida y transporte, sin contar la cuota en facultades privadas. Algunos trabajan para solventar gastos y otros recurren a becas.

Para estudiar en la Capital de Mendoza, los chicos del Valle de Uco necesitan 3 mil pesos

Por Alejandra Adi

adi.alejandra@diariouno.net.ar

Matías Cruz (24) cursa el último año de Informática y Desarrollo de Software. Para estudiar esta carrera tuvo que emigrar de Tupungato a la ciudad de Mendoza, donde hoy vive con tres amigos que también tuvieron que optar por el desarraigo para conseguir el título universitario. Su horario de cursado en la universidad es de tarde, pero sus mañanas las empieza temprano, ya que en ese turno trabaja. Es que tanto él como sus compañeros de residencia deben reunir por mes al menos 3 mil pesos cada uno para poder subsistir y alcanzar el objetivo de formarse como profesionales.

Como en ellos, la situación se repite en cientos de jóvenes oriundos del Valle de Uco que optan por obtener una carrera superior en alguna de las casas de estudios ubicadas en el microcentro mendocino.

La distancia, las pocas frecuencias y costos del transporte público, y las exigencias de cursado llevan a que se repita a lo largo de los años una tradición que se ha vuelto común entre los jóvenes valletanos: la de verse obligados a trasladarse momentáneamente a la ciudad para vivir, teniendo que invertir esa cifra que, individualmente, equivale a un poco más de la mitad de media canasta básica por mes.

Cuotas, transporte y algo más

Considerando que el principal objetivo que los motiva en su mayoría a trasladarse es la obtención de un título universitario que no tienen a su alcance en la región, la cuota de la facultad a la que asisten –si es que no estudian en una institución pública– está entre las prioridades de dinero que deben invertir cada mes.

En promedio, el costo de una carrera varía entre los 800 y los 1.800 pesos. Sin embargo, a esto hay que sumarle los gastos en fotocopias, insumos o material bibliográfico. A esto hay que agregar el alquiler y la comida.

“Mis padres me dieron la posibilidad de un estudio y yo quiero darles la misma oportunidad a mis hijos. De dejarles la posibilidad de que ellos puedan desenvolverse solos en un porvenir”, dijo Mirta Orazietti, docente y mamá de dos estudiantes universitarios, además de confesar que desde que ellos estudian optó por dar clases en doble turno, en distintas escuelas primarias para reunir la plata.

A muchos, sobre todo a los mayores de 20 años, se les hace fundamental trabajar para poder solventar sus gastos. “Trabajando, sí, es más fácil mantenerse, aunque a veces complica el estudio, sobre todo en carreras que  requieren mayor grado de atención”, reflexionó Matías Cruz.

Más allá de las diferencias en la elección de las carreras, en sus rutinas u horarios, la mayoría de los jóvenes oriundos del Valle de Uco coincide en un hábito fundamental para afrontar el desarraigo: volver los fines de  semana a casa, aunque sea sólo por un día. Por eso, el transporte no deja de ser un índice menor en la suma de gastos. “Podés sacar un abono, pero a muchos no les conviene porque los usan pocos días. Los que no lo  tenemos y volvemos todos los fines de semana gastamos a veces 350 pesos por mes”, detalló Franco, a quien un boleto de colectivo hasta Tupungato le sale $37,60, lo que le implica casi $80 fijos cada vez que visita a sus  familiares.

El beneficio de lo público

“La universidad pública tiene muchos beneficios, no sólo en que no tengás que pagar cuota, sino en las becas que ofrece, para transporte o la opción del comedor que sólo cuesta $3”, aportó Abigail Romo, estudiante de  Ciencias Políticas de la UNCuyo, que cuenta con los abonos universitarios de movilidad tanto urbana como de media distancia, lo que le permite viajar por la mitad del costo.

“Yo tuve la oportunidad de venir y quedarme a estudiar y de aprovechar estos beneficios, lo que ha hecho que no se nos haga imposible y porque apostamos a esta inversión para el día de mañana”, agregó esta joven  sancarlina de 21 años, que vive con una amiga en un departamento en Godoy Cruz y que, a la par de su carrera, trabaja en una peluquería para poder cubrir algunos gastos. Entre otras mañas de ahorro, estos estudiantes  apuntaron que buscan abaratar costos al viajar hacia sus casas con algún conocido para ahorrarse el pasaje, piden pagar la mitad de las carreras o subsidios si más de dos familiares estudian en la misma facultad,  obtienen los abonos que les brindan las comunas gracias a los cuales viajan gratis o comen lo que les proveen para la semana sus padres.

El alquiler es el principal gasto y el reflejo del desarraigo que se sufre

Entre las cifras que se incluyen en la lista de gastos que implica este desarraigo, el alquiler suele ser el ítem más caro. Los valores varían de según la ubicación, un departamento o una casa céntrica o en los alrededores cuesta para 3 o 4 personas entre $2.500 y $3.500. “En nuestro caso nos sale más caro porque está ubicado en pleno centro, pero cada una tiene que juntar por mes $1.200 para alquiler e impuestos”, describió Yasmín Vivanco, quien convive con dos primas. “Cuando son varios los que viven juntos podés ahorrar en la comida, hacer una sola compra al mes entre todos o compartir lo que cocinás”, afirman que gastan entre $250 y $300 por semana.

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