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El juicio por el crimen de Matías se reanudará con los alegatos: el padre pedirá que los 2 acusados sean condenados. Los hijos del comerciante Berardy fueron claves para el avance de la pesquisa por el homicidio de su propio padre.

Padres e hijos, víctimas de ese monstruo negro e incontrolable

Por José Luis Verdericoverderico.joseluis@diariouno.net.ar

@jlverderico

Pasó el Día del Padre, al menos en su versión comercial, ya que en Mendoza se afianza como día de referencia el 24 de agosto, cuando nació la única hija del Libertador José de San Martín.

Sin embargo, para mí fue un día especial. Tanto como aquel domingo de 2005 en que tuve a mi pequeñísimo Joaquín en brazos o como ese domingo de 2011 con él ya en primer grado pero con alma rota en mil pedazos por la reciente e inesperada partida de este mundo de Tiago, mi segundo vástago.

El domingo fue mi primer Día del Padre sin mi padre, ese gringo de ojos celestes con el que compartí tantos momentos maravillosos y no tanto, que me dejó innumerables recuerdos –tan nítidos que podría tocarlos– y que me transmitió la pasión por el laburo, las buenas costumbres y el fútbol.

El domingo también fue el Día del Padre sin sus padres para innumerables víctimas directas e indirectas del delito en Mendoza, donde una importante cantidad de vidas fueron cegadas de un momento para otro.

A golpe de memoria pienso en la hija del funebrero Giménez, de Guaymallén, y en los hijos del comerciante Luis Berardy, también de Guaymallén, que fueron testigos oculares y sensoriales de la ejecución del progenitor a manos de delincuentes.

¿Cómo habrá sido para ellos este domingo?

Me animo a pensar que dificilísimo e interminable, igual que para muchos padres que perdieron a algún hijo en circunstancias violentas, a causa del delito.

Y me acuerdo de Oscar Prado, de Osvaldo Quiroga y de Stéfano Tati, despojados de las vidas de sus hijos Sebastián, Matías y Micaela, episodios que marcaron a fuego algunas instancias de la vida política, judicial y social de Mendoza, a tal punto que propiciaron reformas legislativas, severas críticas a la Justicia y más de un reclamo masivo en las mismísimas puertas de la casa del gobernador y de la Legislatura provincial.

Muchas veces lo conversamos con compañeros de trabajo y demás colegas: los periodistas muchas veces pensamos tanto en un caso, en una historia, que hasta llegamos a soñar con tal o cual protagonista al que nos toca conocer directa o indirectamente o tratar al menos cinco minutos en la vida. Mal que les pese a esos que únicamente nos ven como malas personas de mentes retorcidas y sin escrúpulos, como alguna vez nos escribió alguien que se hizo pasar por lector, con perdón de los lectores de verdad.

Este formateo o deformación profesional me llevó a acordarme en esta celebración tan especial de los Giménez, los Berardy, los Prado, los Quiroga y los Tati.

Ojalá que la sociedad toda e instituciones determinantes en la vida de Mendoza como los gobernantes, los jueces y los legisladores ajusten las tuercas en los lugares necesarios para que la Policía prevenga el delito y no deba reprimirlo, para que el Poder Judicial investigue y juzgue de modo imparcial y, sobre todo, haciendo justicia y rápido, para que la Legislatura esté a la altura de los acontecimientos, poniendo al día leyes que sirvan incluso desde lo social, para que en Mendoza no sigamos pasando domingos tan caros a nuestros sentimientos lamentando asesinatos y muertes en vida a causa del delito, ese monstruo negro que nos devora lenta e inexorablemente, como en una muerte anunciada.

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