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Vivi Araya, licenciada en Marketing, tiene clientes del calibre de Eco de los Andes y Gatorade. Se dedica a organizar eventos deportivos y asesora a atletas. La agencia tiene un sistema de becas para quienes desean correr por su salud y no pueden coste

“Nos pasan cosas pero uno tiene que ir hacia adelante”

Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar

Para entender su actividad, en términos hollywoodenses podríamos decir que Viviana Araya es la Jerry Maguire mendocina. El éxito profesional le llegó de la mano de las cavilaciones de la vida, las elecciones y las  situaciones que le tocaron transitar. Dueña de la única agencia que se dedica exclusivamente al marketing deportivo, la tunuyanina festejará el año que viene 10 años de su emprendimiento.
Vivi –prefiere que la llamen así– nació en Tunuyán y a los 17 años se mudó a Ciudad para seguir la carrera de Medicina. A pesar de que era una buena estudiante, su verdadera vocación apareció cuatro años después. “Me  gustaba mucho estudiar pero, como en cualquier profesión, creo que tenés que tener mucha vocación y más para Medicina. Cuando comenzamos a ir a los hospitales me di cuenta de que no era para mí. Una vez falleció un niño y fui al velorio, me hice amiga de la familia, me involucré mucho. Entonces decidí dejar y empecé a buscar trabajo. Comencé en una agencia de publicidad sin saber nada, como recepcionista. Comencé a entender un poco qué era el marketing y me empezó a gustar", recuerda. –¿Cuándo comenzaste a vincularte con el deporte?–Empecé a correr a los 30 años porque tuve un problema de salud y tenía dos opciones: o corría y hacía deportes o me amargaba. Opté por buscar a alguien que me ayudara y encontré un grupo. Descubrí que existía otra  manera de vivir y que eso me podía ayudar. Siento que le debo mucho al mundo del deporte porque internamente me pasaron muchas cosas. No suelo decir que estuve enferma. Es tan personal una enfermedad, que por ahí  uno cree ser referente de algo y no lo es. Algunos salimos y otros no. A mí me resultó pero no digo que le resulte a todo el mundo. –Pero saliste adelante...–En mi caso me ayudó a no pensar tanto en todo lo que estaba transcurriendo en mi vida. De hecho no me lo tomé como algo personal, o me pregunté "¿por qué a mí?". Lo tomé como "vamos para adelante". Creo que soy así naturalmente. Siempre les digo a los chicos con los que trabajo que todo el tiempo nos pasan cosas pero uno tiene que ir hacia adelante. Creo en Dios, rezo, pero también creo en la ciencia y otras cosas como esto: el  deporte, juntarte con buena gente, buena energía, ponerte objetivos. Yo programé mis operaciones para que fueran entre una carrera y la otra. Fue un desafío y estaba tan ocupada en correr que lo otro iba transcurriendo. –¿Entrenás muchas horas? –Salgo a correr con un grupo de 17 mujeres los lunes, miércoles y viernes. Antes entrenaba mucho, fui al Aconcagua, corrí la maratón de 42 kilómetros en Reñaca, fui a correr a Nueva York y he participado en muchas carreras, la más larga fue la de Chile. Ahora estoy en reposo, lo hago para recrearme pero carreras casi ya no porque mis rodillas me pidieron que bajara un poquito el ritmo. Ya hice las locuras que quería, corrí por todo el  país, me anoté en circuitos en Cataratas, Tandil, Delta, Uritorco, Pinamar, Córdoba... fue alucinante. –Contá sobre tu experiencia en el Aconcagua. –En la montaña te das cuenta de lo chiquititos que somos. Allí hasta me descubrí como buena persona. No sabía cómo me comportaría en una situación limite. Me gustó eso, fue un encuentro conmigo, fue hasta una experiencia religiosa porque pude agradecer, me emociona recordarlo. Decidí ir porque todos los años me pongo un objetivo a nivel personal y en 2009 elegí la tolerancia. En la montaña te encontrás con vos, te falta el  oxígeno, con lo cual empieza a salir tu verdadera personalidad. Siempre digo que como se es arriba se es abajo. Lo que pasa es que abajo lo camuflás con el confort. Fue un desafío importante. Me había preparado nueve  meses para hacerlo y la pasé muy mal porque vomitaba y el guía me llevó pensando que en Puente de Inca me bajaba. Cuando llegamos a Cólera (6.300 metros) nuestros guías salieron a buscar unas personas que se  habían perdido y yo me asusté mucho porque pensé: “Ellos son humanos también y se pueden perder ¿qué podemos hacer nosotros acá sin esta gente?”. –¿Y qué pasó? –No podía respirar bien y la cabeza comenzó a jugarme una mala pasada. Cuando íbamos a seguir subiendo le dije al guía que prefería que esa fuera mi cumbre. Había dos chicos que estaban en condiciones de llegar y no  quería que sacrificaran su cumbre por mí. Opté por quedarme y el guía me lo agradeció. Bajé muy descompuesta. Fue una experiencia fuerte. –¿Cómo fusionaste el deporte con tu trabajo?–Al estar en el ambiente me di cuenta de que en Mendoza no había nada destinado al deporte para la mujer. Por ejemplo una carrera donde las remeras no fueran enormes (risas). Entonces empezamos a organizar la carrera  de la mujer, que se llama Vení a Correr. Vi también que muchos profesores de Educación Física o profesionales relacionados con el deporte y la salud (kinesiólogos o médicos) no trabajaban bien su imagen con  respecto a los servicios. Entonces empezamos a asesorarlos. –¿Admirás a alguien en especial?–No, siempre miro lo que hacen los demás y trato de imitar lo bueno. Miro lo que hicieron la Madre Teresa o Gandhi porque son inspiradores pero no soy fanática de nada ni nadie. Creo mucho en los valores y en que no solamente tenés que querer sino también hacer, no todo viene solo. –Te gusta mucho cocinar...–Me encanta. De hecho en la casa que me estoy haciendo la cocina es grande y me imagino en ese lugar. Estoy haciendo un curso. He dicho que cuando tenga 50 años quiero poner un lugar para no más de 10 personas y  hacer comida especial. Será mi próximo objetivo personal. –¿Por qué a los 50? –Porque es una edad especial para mí, además siempre he hecho cosas por décadas. A los 30 me enfermé y me sané, a los 40 me separé y empecé con dos desafíos nuevos y a los 50 me veo cocinando y teniendo mi agencia, aunque descansando mucho más en mi equipo. Perfil de la empresaria de marketing deportivo Nació en Tunuyán un 24 de diciembre en la madrugada.Familia Está en pareja con el abogado Jorge Coqui Bulgheroni. Viviana no tuvo hijos pero sí es tía. Adora a su sobrina, Abril (Mumi).Profesión Es técnica y licenciada en marketing.Su carrera Estudió hasta cuarto año de Ciencias Médicas en la UNCuyo. Logró un muy buen desempeño académico pero descubrió que no era su vocación. Dejó esa carrera y años después se graduó en Marketing en la Universidad  del Aconcagua. Vanguardia Vivi Araya MKT. Es la única agencia de publicidad que en Mendoza se dedica exclusivamente el marketing deportivo. Nació en 2005. 

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