Por Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar
Sus compañeros de trabajo le dicen Nikita Leda por la serie de televisión y porque Leda es el nombre de una reina guerrera romana. “Mis hijos son los pacientes que rescato, dediqué mi vida a esto”, dijo una de las médicas
Nikita Leda, la única médica emergentóloga y aeroevacuadora que ejerce en Mendoza

Sus compañeros de trabajo le dicen Nikita Leda. Nikita, por la serie de televisión de acción llamada La Femme Nikita, y Leda, porque es el nombre de una reina guerrera romana. En la ambulancia siempre fue una de las médicas más buscadas para formar equipo por su tenacidad y predisposición.
"Me costó mucho estudiar porque mis padres eran clase media peleadora, entonces los libros de medicina no me los podía comprar y me manejaba con las bibliotecas", cuenta a UNO Noemí Rivero (53), la única médica emergentóloga y aeroevacuadora que ejerce en la provincia. Forma parte del equipo de Rescate Aéreo de la Base Cóndor, que atiende emergencias en toda Mendoza.
–¿Cuándo descubrió que la emergentología era su pasión?–La emergencia me fascina desde que comencé con la facultad. Desde que me recibí prácticamente hice emergencia en los móviles coronarios. En un primer momento trabajé en SOS, después me llamaron de Serca y hace años soy el médico más antiguo allí; no hay quién me baje (risas). También estuve en terapia del Hospital del Carmen y luego en el Servicio de Emergencias Coordinado (SEC). Allí me inicié en el móvil coronario de emergencias. De los 7 días de la semana, 5 no dormía en mi casa. Me gustaba mucho el trabajo. Allí empecé la verdadera emergentología. Hice entonces la carrera de emergentología y un posgrado de terapia intensiva. Organicé los operativos para Vendimia, para el Dakar y me ofrecieron ser la coordinadora de la central radiotelefónica del 911 para el SEC, así que me bajé del móvil. Allí estuve 3 años. Ese es un trabajo que te satura mucho. Cuando estaba allí sentía la sirena de la ambulancia o salían a un accidente y me volvía loca, entonces decidí bajarme de esa jefatura y volver al móvil. Se enteró la Base Cóndor de esto y me ofrecieron ir con ellos. Para mí fue el súmmum. Hice todo lo que quise en emergencias y esto era un desafío importante.
–¿Para qué tareas la requieren en el equipo de Rescate Aéreo de la Base Cóndor?–Acá estoy de guardia pasiva las 24 horas. Soy médico de rescate también, tengo 2 aeroevacuadores que son "mis manos": la piloto y un técnico aeronáutico, que es enfermero. Nosotros entramos en acción en todo lo que sea rescate inhóspito, accidentes en rutas, de enduristas, de andinistas…
–¿En una emergencia pone su cabeza de una manera especial?–Sí, pensás diez mil cosas y ahí te fluyen los conocimientos, tanta dedicación que uno le dio. Cuando salís no sabés nada y cuando llegás al lugar todo se pone en práctica.
–¿Por qué le apasiona tanto la emergentología?–No sé (risas). Cuando me preguntan cuándo me voy a bajar de la emergencia yo digo que cuando tenga que usar un bastón. A veces vamos al campo y me tengo que tirar con el ayudante, porque trabajo muchas veces con la Patrulla de Rescate del Aconcagua, cuando hay que bajar a andinistas o parapentistas, que se caen bastante en el cerro Arco. La Patrulla de Rescate hace su trabajo, nosotros vemos dónde podemos aterrizar y ahí se hace la recuperación del paciente. Me gusta todo de mi trabajo, es todo un desafío cuando salta una emergencia porque no sabés con lo que te vas a encontrar. La adrenalina te corre por el cuerpo. Cuando es un rescate actuás como una ambulancia aérea. Lamentablemente por ahí te encontrás con cosas no agradables pero si en el momento de la emergencia te ponés a pensar en que quien está frente a vos es un ser humano, no podés hacer esto. Yo soy soltera, si no no podría trabajar en esto. Mis hijos son los pacientes que rescato, dediqué mi vida a esto.
–¿Ha subido al Aconcagua?–No, pero también soy médica de la Patrulla de Rescate. Tengo que hacerlo, lo que pasa es que hay que entrenar y darle tiempo. Esa es una de las metas que tengo, no puedo quedarme sin ir al Aconcagua.
–¿Algún rescate que haya sido más significativo?–Todos son muy específicos. Uno de los últimos fue el del nenito que se ahogó en Tupungato. (Valentino Tejera) entró en paro en el helicóptero y lo reanimamos con el aeroevacuador. Si no hubiésemos hecho eso el nene no salía. Lo tuve que reintubar, ese fue uno de los casos que más nos reconfortaron. La mayor satisfacción de la base es que tenemos el 100% de efectividad: no se nos ha muerto nadie. Antes de que viniera yo se hacían unos 12 operativos por año, desde que estoy, hace 3 años, se ha ido conociendo el mecanismo y se están haciendo más o menos 35 a 50 atenciones por año con la aeronave.
–¿Algún rasgo, virtud tuya que puedas mencionar?–No sé… eso lo tendrían que decir otros (risas)… pero no sé… mi carácter tal vez. Por lo general siempre ando riéndome porque tengo buen carácter, tiene que ser algo muy grave para que me "saque". Tengo muchos amigos. Yo no festejo mi cumpleaños porque no me alcanzaría un estadio (risas). No nos vemos con todos pero cuando pasa algo, van.
–¿Qué la hace enojar?–La injusticia me mata, las agresiones, las malas contestaciones.
–¿Por qué te siguen las tres perritas que hay acá en la Base Cóndor?–Los perros son mi debilidad, es más fuerte que yo. Perros míos míos tengo 6 –con obra social– y otros 7 repartidos por otros lugares, que también cuido. Soy rescatista de perros, lo hago junto con un grupo independiente. Nos manejamos por Facebook. ¿Sabés las veces que me he parado en la ambulancia para auxiliar a un perro? En el Servicio de Emergencia Coordinado sabían de eso… (risas). Ese es mi hobby. Pasa, por ejemplo, que sale un llamado por una moto que atropelló a un perro y cayó la persona, entonces me avisan que tengo que ir. “Imagínense a quién atenderé primero”, les decía a mis compañeros (risas).