ver más

Nacido en Luján en 1930, Pardo inició sus estudios de pintura luego de que sus primeros intentos por dedicarse a la aviación fueran desestimados por el recordado artista plástico Marcelo Santángelo.

Murió el gran pintor mendocino Orlando Pardo

Por Fernando G. Toledotoledo.fernando@diariouno.net.ar

El pintor mendocino Orlando Pardo, referente indiscutido de la plástica local y cuya obra supo trascender las fronteras, falleció ayer a los 83 años.

Nacido en Luján en 1930, Pardo inició sus estudios de pintura luego de que (según cuenta en una cronología Pablo Chiavazza) sus primeros intentos por dedicarse a la aviación fueran desestimados por el recordado artista plástico Marcelo Santángelo. Este impulsor del surrealismo en nuestra provincia se cruzó por azar con algunos dibujos del joven Pardo y lo disuadió y lo instó a dedicarse a la plástica.

En la Academia de Bellas Artes, donde empezó a estudiar a los 12 años, tuvo maestros como Sergio Sergi, Roberto Azzoni y Carlos Alonso. Tras pasar en 1949 a la Academia de Artes de Tucumán, para ampliar sus conocimientos, continuó sus estudios con otro grande: Lino Eneas Spilimbergo.El viaje a Tucumán inició su proyección nacional e internacional. Primero expuso en Salta y luego asistió a un congreso en Santiago de Chile, que le permitió cruzarse con los poetas chilenos Pablo Neruda y Pablo de Rokha y con el muralista mexicano Diego Rivera, quien influyó a Pardo con sus ideas sobre la pintura de grandes dimensiones y con mensaje destinado a la masividad.

En 1954, año en que casó con su mujer Chela Arce (su marchand de siempre), obtuvo un importante premio. Vinieron luego décadas de consolidación y reconocimiento, de mudanzas, de becas y de viajes a Europa, que le permitieron asistir a sucesos de importancia histórica (como el Mayo Francés de 1968).En 1973 regresó a su provincia, lugar en el que empezó a pintar murales de gran importancia, en lo que puede considerarse la plenitud de su estilo (“dibujos que limitando con lo abstracto son, sin embargo, elementos de una figuración perfectamente aprehensible” según un apunte del diario Los Andes de la época).

A mediados de la década inició un viaje por países de Sudamérica, y ya de vuelta, en 1981, fue el elegido para confeccionar el afiche de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el mismo año en que se realizó una muestra retrospectiva titulada “Orlando Pardo: 30 años de pintura”, en el Museo de Arte Moderno de Mendoza.

Instalado en Chacras de Coria, no dejó sin embargo de realizar viajes a distintas partes del mundo. En 1994 y en 2000 realizó sendas muestras de su obra en el Museo Fader. En 2010, con motivo de cumplirse su 80º aniversario, ese mismo museo ofreció una muestra en homenaje a una trayectoria brillante.

Esos mismos pergaminos le llevaron, el año pasado, a ser reconocido por Diario Uno con un Premio Escenario a la Trayectoria. “Siempre es lindo que a uno le reconozcan el trabajo que realiza. Eso quiere decir que la obra tuya ha trascendido en el tiempo” dijo en esa ocasión.

Además de ser un artista brillante, Pardo fue un hombre combativo. En una entrevista reciente para el portal MuchaMerd, el muralista lo confesaba con la siguiente reflexión: “Hay momentos en los cuales hay que dejar los pinceles y agarrar el fusil, y si no tenés fusil, agarrá la onda. Uno se defiende como puede, pero se borran todos, sobre todo los intelectuales”.

Los murales de Pardo son, quizá, parte crucial de su gran legado. Tres de gran importancia pueden admirarse hoy en día: el que está ubicado en el Círculo de Periodistas (en calle Godoy Cruz del centro de Mendoza); el que está emplazado en Uspallata y el titulado Las cuatro estaciones, en el Ministerio de Turismo.

Pardo falleció ayer al mediodía, tras pasar el último mes entre internaciones y altas por complicaciones relacionadas con su avanzada edad. Fue velado en su taller de Vistalba.

MÁS LEÍDAS