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Rolando Zamperoni, propietario del hostel Itaka, donde se alojaba la víctima, consideró que los delincuentes no pueden valorar la vida ajena porque no saben apreciar ni la propia.

“Los dos turistas que iban con Nicholas están deshechos”

Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar

“Esto no sólo es un hecho más de la inseguridad. Es algo muy complejo que hay que arreglar”. La frase es de Rolando Zamperoni (37), propietario del conocido hostel Itaka de la calle Arístides Villanueva de Ciudad.

Allí se alojaron el sábado a la mañana Nicholas Heyward (31), neocelandés residente en Australia; Fiona Darlin (34), australiana, y Pierre D’Amico (29), francés. Los tres se habían conocido en Bariloche y decidieron seguir viaje juntos hasta Mendoza. Su pasión por escalar los trajo a la patria del cerro Aconcagua. El temperamento alegre del trío inundó la recepción, donde hicieron los trámites para alojarse. Según contó Zamperoni, el fatídico día lunes decidieron ir a conocer el parque San Martín mochilas al hombro. Caminaban despreocupados cerca del estadio mundialista. A las 15.40 dos delincuentes les cambiaron la vida para siempre porque uno de ellos, para robarle la mochila, tironeó a Heyward, lo hizo caer al suelo y lo ejecutó con cuatro disparos, provocándole la muerte en el acto. Es una cuestión de educación Rolando no sale de su asombro y dolor ante tan inexplicable crimen. “Los dos chicos que quedaron vivos no quieren hablar y nosotros les llevamos la comida a la habitación. Están deshechos. No quieren ni comer. Todos tenían previsto irse este miércoles y creo que así lo harán. Yo les ofrecí quedarse todo el tiempo que quieran. De sus conversaciones escuché que les gustaba escalar pero no puedo decirte si iban a ir al Aconcagua. Lo que ha pasado es que estos delincuentes que cometieron esta barbaridad no tienen nada que perder, porque la vida de ellos no les importa y la de los otros, menos”. Acerca de la inseguridad dijo “es una cuestión muy compleja y es para analizar en profundidad. Pero hay que arreglarlo, no se puede dejar así. El dolor que siento es por todo, no porque sea neocelandés o de cualquier nacionalidad. Estoy profundamente dolido, y me solidarizo con la familia y los amigos en uno de los momentos más difíciles que les tocó vivir. Te reitero: esto lo siento por cualquier víctima porque es algo muy tremendo”, concluyó entristecido el dueño del hostel.

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