Por Alejandra Adiadi.alejandra@diariouno.net.ar
Los festejó este sábado, rodeada de la familia que forjó en soledad y con esfuerzo, que está compuesta por más de 250 personas. Infaltable en vendimias y aniversarios locales, ama la música y el baile.
Los 100 años de Carmen, la tupungatina del pan casero

Tupungato. A su casa, ubicada en la calle Sarmiento del centro tupungatino, entra gente permanentemente. A veces son sus vecinos, que van a tomar mate con ella o a jugar a las cartas, o puede ser alguno de sus 130 nietos o sus tantos otros bisnietos que la visitan asiduamente. Pero en algunas oportunidades, es ella quien sale de su hogar porque la van a buscar para ir a alguna fiesta, porque le encanta bailar y ver espectáculos.
“Que venga cualquiera. Yo le digo pase, siéntese y conversemos”, bromea Carmen Calderón, asegurando que, a sus 100 años, que celebró ayer, le encanta estar rodeada de gente.
Conocida en el pueblo por el pan y las empanadas caseras que cocinaba y vendía diariamente, esta abuela que nació y se crió en el callejón Blanco mantiene intactos los recuerdos de su infancia y de cómo empezó a formar su propia familia “haciendo de padre y de madre”, luego de tener a sus 12 hijos.
“Desde chica yo trabajé en el trigo junto con mis padres y hermanos; después con mis hijos también lo hacíamos. Mi abuela me ayudaba mucho. De forma criollita nos la rebuscábamos”, relató doña Carmen, al describir todo lo que hizo para llevar adelante la crianza de ellos, quienes le dieron luego la posibilidad de que hoy esté rodeada de 80 bisnietos y 50 tataranietos.
Cortar jarilla y cargarla en las carretelas, entre otras labores de campo, fueron parte de sus ocupaciones en algunas fincas, junto con sus niños. Sin embargo, esta tupungatina se destacó siempre por la cocina. “No sabe los pucheros que hago para todos”, expresó abriendo los brazos, simulando sostener una olla enorme. Aún sigue cocinando, además de hacer algunas labores de limpieza en la casa. “Le gusta mucho colaborar: lavar los platos, limpiar”, detalló Edith, una de las hijas, con la que vive.
“Mi devoción todos los días es jugar a la escoba de quince. Todavía leo y escribo, porque fui a la escuela”, agregó Calderón, además de contar que en el día también se entretiene mirando la serie El Chavo, con el que se da panzadas de risa. Bailar es otra de sus pasiones. Eso lo demuestra con su fanatismo por las fiestas departamentales, a las que es invitada como personaje especial. Sean vendimias o aniversarios, a Carmen se la deja ingresar en un auto cerca del escenario para que no pase frío y esté presente por tradición en los actos tupungatinos. “A veces son las 3 o 4 de la mañana y nos queremos venir, pero ella se quiere quedar hasta el final”, confesó otro de sus hijos acerca de la alegría que le genera a ella que su departamento esté de fiesta, lo que hace que en cada evento el público y las autoridades la saluden. “Este año vinieron a darme un beso el gobernador y también Cacho Garay”, contó.
Su pasión por las fiestas hizo que el festejo por su centenario fuese un evento popular que convocó desde mariachis hasta al cura párroco, al intendente y otras autoridades. Carmen, ansiosísima antes del evento, como ella mismo se definió, adelantó el deseo que iba a pedir al soplar otra vez las velas: “Que la vida me regale, por favor, 100 años más”.
Perfil
Nació el 16 de julio de 1914, pero en su libreta la anotaron tres días después, el 19.
Familión Tuvo 12 hijos, que le regalaron 130 nietos, 80 bisnietos y 50 tataranietos.
Referente culinario. Es conocida en el pueblo por ser uno de los personajes principales invitados a participar en todas las fiestas departamentales, y muchos la recuerdan por ser la abuela del pan casero y las empanadas criollas.