Pese al silencio que en general envuelve a la problemática, lectores de www.diariouno.com.ar
reconocieron que en su ámbito cercano hay casos de mujeres que a diario padecen situaciones de
maltrato físico.
Ante el disparador de la encuesta semanal que planteaba ¿Conocés casos de mujeres golpeadas
en tu entorno?, el 43% (1.375 personas) admitió ser testigo de este tipo de situaciones e incluso
se animó a decir que eran hechos comprobados.
En tanto, el 23% (717 personas) de los encuestados respondió que tenía información al
respecto, pero por comentarios.
Sin embargo, un porcentaje también elevado, el 34% (1.070 personas), contestó que desconocía
experiencias en su círculo próximo.
Si bien a esta altura del 2010 las estadísticas son magras, los especialistas consultados
advierten que, con respecto a otros años, hay una tendencia que podría considerarse como un avance.
Desde el Instituto Provincial de la Mujer (IPM) confiaron que las féminas denuncian las agresiones
cada vez más rápido.
Lo comprueban las cifras oficiales, que establecen que hasta hace un año el 40% de las
víctimas llegaba a la consulta tras padecer un mínimo de 10 años de maltrato, mientras que en la
actualidad el número se redujo a la mitad: el 20% de ese porcentaje se anima a dar a conocer su
experiencia luego de convivir con ella en un lapso menor a los 5 años.
La consulta apuntaba a las mujeres, por ser las principales víctimas de la violencia de
género. De hecho, el 97% de las denuncias es por maltrato ejercido a mano de los hombres, mientras
que en sólo el 3% de los casos ellos son los afectados.
"Si bien en el último tiempo la problemática se ha visibilizado, a las víctimas todavía les
cuesta considerar un golpe como una situación a denunciar", estimó Dolores Alfonso, titular del
IPM.
Con sus palabras coincidió Eva Castro, coordinadora de la Asociación de Víctimas del Delito,
que funciona en el Ministerio de Seguridad. "Cuando las agresiones no dejan secuelas, las mujeres
se rehusan a denunciar. Pero no porque no lo consideren importante y les guste que les peguen,
simplemente porque valoran otras cosas, como lo que pasará con sus hijos, la situación económica,
entre otras cuestiones".
Por eso es que desde el IPM, en conjunto con Seguridad, ampliaron la red de atención a todos
los departamentos de la provincia, con un grupo de contención y recepción de consultas en cada
comuna. "La idea es que la ayuda esté más a mano de las mujeres que atraviesan conflictos de este
tipo", señaló Alfonso.
Diferencias naturalizadas
La base de la violencia de género es la situación naturalizada socialmente de superioridad de
un hombre con respecto a una mujer.
"Golpes al autoestima, menosprecio, restringir actividades, persecuciones. De muchas maneras
se somete a la mujer y desde ese punto la relación deja de ser equitativa", interpretó la psicóloga
Dolores Alfonso. El mayor problema que enfrentan las mujeres golpeadas es que su situación es
aceptada por sus pares. "El violento es así porque cree que puede hacerlo y está avalado por la
sociedad. Sólo de este modo es posible que mantenga una relación agresiva con la mujer que ha
convertido en su víctima", cerró Alfonso.
La franja más vulnerable
Según la visión de quienes trabajan para revertir la problemática, la mayoría de los casos se
concentra en la franja que va de los 30 a los 40 años.
Además, se suscitan con mayor frecuencia en el seno de la misma familia y parten de la
situación de desigualdad de género como base para instalar la peor de las formas de maltrato.
Se agrega otra constante: la violencia psíquica es el punto de partida de otras formas de
agresión.
Frente a una situación que cada año en Mendoza suma más de un centenar de víctimas, es
importante establecer qué derechos las amparan.
A nivel nacional, en marzo de 2009 se aprobó un texto que diferencia los tipos de violencia
de género y otorga a las víctimas casa y dinero, pero aún no está reglamentado. Sin embargo, hay
derechos que las respaldan, ya que en 1985 Argentina ratificó la Convención de la ONU sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y en 1996 se sumó a la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer (conocida como
Convención de Belém do Pará).
