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La activista de Greenpeace pasó más de 2 meses presa en Rusia. A poco de volver al país, salió a apoyar el traslado del oso polar alojado en nuestro Zoológico e instaló el tema en medios nacionales.

La Heroína del Hielo que milita también la causa del oso Arturo

Rosana Villegasvillegas.rosana@diariouno.com.ar

Muy probablemente cualquier joven argentino de 21 años a la que se le preguntara a qué se dedica la empresa Gazprom de explotación petrolera en Rusia no sabría qué responder. Y seguramente si se lo interrogara sobre cuáles son sus principales preocupaciones, el cuidado del mar Ártico o la urgencia de la ley de basura electrónica no figurarían en su ranking. Mucho menos se les podría ocurrir poner en juego su libertad y pasar más de 2 meses presos por algunas de esas causas ecologistas. Camila Speziale tiene 21 años y es voluntaria de Greenpeace desde los 18. No sólo sobrevivió a la prisión en las cárceles rusas sino que apenas regresó, el 28 de diciembre pasado, hizo suya la causa para que mejoren la calidad de vida del oso Arturo de nuestro Zoológico y salió a militarlo en los medios de comunicación. Su grano de arena seguramente incidió en el giro que dio el nuevo ministro de Ambiente respecto del posible traslado del oso.

Camila está incomunicada. Su celular, ese aparato por el que pasa la vida de la mayoría de los mortales, le fue secuestrado cuando fue detenida por las guardias costeras rusas a bordo del barco Arctic Sunrise, en su primera misión de Greenpeace para proteger el mar Ártico. Por tanto, poder dar con ella en estos tiempos es una tarea casi imposible de no existir las efectivísimas redes sociales. Fue justamente a través de esas redes como esta joven recibió centenares de pedidos para que intercediera por la situación del oso polar Arturo, cuya estadía en nuestro Zoológico está por demás discutida. De hecho después de reiterados reclamos de fundaciones ecologistas locales para llevarlo a Assiniboine Park, de Winnipeg, en Canadá, ahora el flamante ministro Elizalde dijo que evaluará si está en condiciones de ser trasladado en 15 días.

"La mayoría de las personas que me escribían me decían: 'Vos que tenés voz tenés que hacer algo para que se modifiquen las condiciones de vida del oso Arturo'. Ahí me interioricé de lo que estaba viviendo el animal y la verdad es que no puedo entender que estas cosas sigan ocurriendo. Para mí los zoológicos no tendrían que existir porque un animal como Arturo no debería ser una atracción. Y que los tengan en esas jaulas deplorables, en lugares tan antinaturales para ellos, con 40 grados de calor, es salvaje. No es sólo quitarles la libertad, sino destruirles su naturaleza. Entendí lo grave de esto después de haber estado presa, lejos de mi familia, de mi entorno", asumió Camila, quien pasó más de 60 días encerrada en una celda gris de gruesos barrotes en donde soportaba dos inspecciones diarias y se mantenía con una magra dieta de sopa de papa y cebolla, en el mejor de los casos mezclada con pescado.

Sin dejar pasar la oportunidad, a menos de una semana de haber regresado a nuestro país, Camila fue invitada al magazine AM, de Telefé, y allí aprovechó las cámaras para hacer públicos los padecimientos de Arturo y con eso consiguió, casi como lo que ocurrió con la protección del mar Ártico, que el tema no sólo se instalara mediáticamente sino que se replicara también en las redes sociales.

"Tengo claro que si hay un cambio, no es algo que vaya a lograr yo. Es una lucha de todos y por eso hay que involucrar a la gente para que cada vez seamos más los que hagamos del planeta un lugar vivible", aclaró –adelantándose sin saberlo al posible cambio de política sobre la vida del oso– esta chica que fue bautizada por algunos medios como la Heroína del Hielo, pero que parece sacudirse el cuerpo y liberarse de ese mote. "A mí me tocó ir a esa misión y que nos detuvieran, pero estoy convencida de que hay mucha gente que en el anonimato hace cosas por el plantea mucho más importantes que las que hice yo. Ellos son los verdaderos héroes", dice, y sus palabras no suenan a falsa modestia.

Conciencia realQuienes la conocen desde pequeña se quedaron con la imagen de una cálida niña de tez clara y mirada transparente que acompañaba a su madre a los hogares de ayuda social de Capital Federal, en donde la mujer se desempeñaba como trabajadora social y la chica no dudaba en arremangarse y ayudar en las tareas o eventos en que fuera necesario. Será por eso que a nadie tomó por sorpresa que con sólo 18 años ella decidiera sumarse a Greenpeace como voluntaria y combinara su cursado del secundario con manifestaciones en distintas plazas militando las causas contra el desmonte del Norte argentino o la minería en San Juan.

Ese fue sólo el inicio en la ascendente conciencia ecológica de esta joven que quiso estudiar veterinaria y terminó abrazando la carrera de fotografía, tras emocionarse con varias imágenes –no siempre agradables– que le devolvía la realidad. Pero lejos de conformarse con reflejar lo que veía por su lente, se decidió a intentar modificar el entorno y frenar todo aquello que tentara contra el medioambiente. Muy suelta de cuerpo esta semana habló del oso Arturo y parece que su voz sí fue escuchada. 

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