Jóvenes en situación de vulnerabilidad cuentan como la música los salvó

Walter Garro de 29 años cuenta cómo fue vivir en los hogares de la DINAF y su manera de llenar el vacío que sentía a través del arte.

Casa Cuna y los hogares de la DINAF marcan la vida de muchos niños y adolescentes que llegan allí porque no hay familiar que les pueda dar amor ni techo. Mientras a muchos niños la mamá los abrazaba, les hacía juegos y le daba la comida de cada día, a Walter Garro no le tocó la misma suerte y compartía cuidadora con decenas de niños. Sin embargo, decidió llenar su vacío con la música.

"De tanto sufrir y sentir que la vida no tenía sentido, decidí buscar luz y entonces encontré la música. ¡Me salvó!", contó.

Garro es un joven de 29 años que trabaja como pintor. En sus tiempos libres se dedica a ir tras su sueño como guitarrista de la banda "Los Wachines". Sus vivencias lo han llevado a querer transmitir con el grupo de cumbia mensajes de superación.

"Queremos que la nueva generación se nutra de letras que invitan a un cambio para bien, que sepan que a todos nos pasan cosas similares en distintos cuerpos", expresó.

Dijo que ante ese "profundo dolor" que causa el abandono, es que muchos niños y adolescentes, eligen la violencia y el camino delictivo como forma de vida, mientras otros, tratan de ver una salida diferente y superadora.

Su deseo máximo es que quienes están pasando o pasaron por situaciones parecidas, vean que hay algo más allá de lo que a primera vista parece está perdido.

"Yo quiero cultivar en cada uno, que el día de mañana cuando se encuentren con un problema, pidan a Dios y sepan que van a superarlo", afirmó.

La vida lo golpeó desde pequeño, a sus 3 años su padre falleció y su madre lo abandonó a él y a sus hermanos.

"Mi mamá me abandonó y creo que fue la mejor idea que pudo haber tenido, porque también podría haberme abortado y no lo hizo", manifestó.

"Me costó mucho entenderlo pero se lo agradezco un montón, lo hizo a conciencia y nos dejó en buenas manos que nos dieron de comer, nos llevaron a la escuela...", añadió.

El joven puntualizó en su elección del camino del trabajo y del bien. Agregó que la vida le dio una nueva oportunidad y lo bendijo con una hija, que hoy tiene 6 años. Resaltó que por ella lucha día a día y que la mayor enseñanza que puede dejarle es que sepa que los momentos felices se crean y de eso debe llenarse.

Pero en este camino no está solo, sino que encontró una compañera que "lo banca en todas".

Noelia Figueroa, es quien lo acompaña a todos los shows que puede, y quien lo espera cuando baja del escenario para recordarle una y otra vez que siempre debe "darle para adelante".

Orgullosa de su pareja expresó que valora mucho que quiera progresar y demostrarles a los demás chicos de los barrios bajos, que se puede salir y que sólo es cuestión de que se lo propongan.

"Él salió de Casa Cuna y podría haber sido un delincuente, pero eligió este tipo de vida y transmitir que se puede salir porque hay otro camino", concluyó.

La música salva

Los padres ausentes también son una gran herida para los niños. Iber Calivar cometió errores por falta de un adulto que lo guiara y a los 16 años terminó en lo que hoy es el ex Cose.

Hasta sus 21 años estuvo preso, allí terminó la escuela (cuando ingresó estaba en primer grado de la primaria), tomó clases de canto y creó el grupo "Fumancheros".

Hoy, a sus 32 años, reconoce que la música lo salvó y que salió de allí con una profesión.

"Desde que salí del Cose, produzco bandas, canto y así me las voy rebuscando", afirmó.

"La música es amor, trae paz. Pero los gobiernos lo ven como un gasto", sentenció el joven oriundo del Bario Los Alerces.

Explicó que hace 11 años está en el rubro y que principalmente la actual gestión, no busca incentivar la salida del camino delictivo a través del arte.

"Falta mucho apoyo. Nos ven lejos y piensan 'Si no generás plata, quédate del otro lado'", finalizó.

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