Mendoza Sábado, 8 de diciembre de 2018

Jóvenes con discapacidad elaboran y venden pan

Abigail Pedernera, Juan Robbio, Ángel Roberto Correa y Luis Alberto Leal son un ejemplo de que todo se puede.

Podrían simplemente quedarse paralizados, inmóviles, quejándose que sus cuerpos no responden y, por lo tanto, son incapaces de todo. Pero no. Tienen alguna discapacidad, pero pueden aportar su esfuerzo para vivir mejor. Pueden y poder es independencia, evolución, vida.

Por diferentes motivos Abigail Pedernera, Juan Robbio, Ángel Roberto Correa y Luis Alberto Leal son personas con discapacidad. Discapacidades severas que les han condicionado el rumbo o, al menos, la forma en que desarrollan sus vidas.

Pero esto no los ha transformado en incapaces, en inútiles. Son individuos que pueden afrontar responsabilidades, llevar adelante acciones y planear estrategias para vivir mejor, para aportar a la economía familiar, cubrir algunas de sus necesidades.

Esta última semana, un día cualquiera, los cuatro mostraron lo que pudieron hacer -pan- gracias a que se organizaron para producir y vender esa producción.

Fue en el Centro de Ayuda al Discapacitado Motriz (CADIM), que desde hace años trabaja en San Martín promoviendo la atención y el cuidado de los derechos de las personas con discapacidad, al tiempo que trabaja para que tengan una mejor calidad de vida.

Ángel y Luis ya han sido motivo varias veces de la atención periodística, por la actitud que tienen ante las dificultades. Ambos han tenido accidentes de tránsito que los han dejado en silla de ruedas y con diferentes discapacidades, pero que han significado un drástico cambio en sus vidas. Y Juntos decidieron contar sus experiencias en videos, charlas y un libro, con la intención de generar conciencia. Ambos iban en moto y ambos no usaban casco. Ángel había bebido mucho esa madrugada y Luis estaba sin dormir. Los dos accidentes marcaron un antes y un después.

En tanto las discapacidades de Juan y Abigail han sido generadas por enfermedades. Juan, aún con sus dificultades para hablar, le gusta contar su trabajo de superación personal. En tanto Abigaíl, más tímida, prefiere que su mamá sea intermediaria.

Lo cierto es que los cuatro, gracias a un proyecto de CADIM, comenzaron a tener una actividad productiva y esta semana pudieron mostrar algunas cosas que lograron adquirir con parte de sus ganancias.

Con enorme satisfacción y orgullo, Luis mostró el ropero que se compró para poder tener ordenado su espacio y contó que antes también se había comprado un colchón nuevo.

Ángel, grandote y pesado, eligió comprarse un somier completo "que me va a permitir descansar bien".

Cuentan que las pensiones por discapacidad no cubren todas sus necesidades y por eso necesitan generar más ingresos.

En tanto Juan quiere potenciar su producción y está juntando dinero para comprarse una amasadora y algunos otros implementos mientras que Abigail está ahorrando, "aunque todavía no ha definido qué desea", contó su madre.

Podrían (o deberían) ser pequeños logros comunes para casi cualquier mortal, pero no es tan así. Lograr pequeños bienes que mejoren la calidad de vida individual se ha transformado en todo un logro para la mayoría. Para las personas con discapacidad es un gran triunfo.

"Los chicos han conseguido de esta forma de colaborar con sus familias y resolver por sí mismo algunas de sus necesidades y esto les hace muy bien, no solo en su realidad diaria sino también fortalece muchísimo su autoestima", dijo Fernando Alín, referente de CADIM.

Trabajar les ha generado entusiasmo y seguridad

"Una de las mejores cosas es que me siento identificado con las personas que me compran el producto", contó Luis Leal que, gracias a que tiene facilidad de palabra y no tiene dificultades para expresarse, indirecta e involuntariamente es una especie de representante de los demás.

"La Municipalidad de Junín puso el dinero para que pudiera comprar el horno. Eso fue en marzo del año pasado. Ahora, en mi micro emprendimiento, me levanto a las 6 de la mañana y me pongo a elaborar el pan, en base a los pedidos que ya me hicieron los días anteriores", contó.

Los auxiliares de CADIM, los mismos chicos y sus familiares, rescatan especialmente que "la persona con discapacidad suele sentir que depende muchísimo de los demás. De esta forma han sentido que son útiles, que pueden cubrir sus gastos o al menos un porcentaje y que también pueden aportar a la economía familiar", dijo Alín.

"Desde que está esto, produciendo y vendiendo, he notado un cambio muy grande en Juan. Antes estaba muy encerrado pero ahora sale a ofrecer su trabajo y está muy entusiasmado ", contó la madre de este joven, que indica que "esto me cambió la vida".

"Aprendimos acá a elaborar, con la gente de CADIM. Después nos ayudaron a comenzar en nuestras casas y ahora ya dependen de nosotros", dijo Luis.

Están felices. Se los ve entusiasmados y haciendo planes. Están viviendo.

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